Opiniones
EL LÍDER-ELEFANTE: CUANDO EL PODER SE SOSTIENE CON INCERTIDUMBRE

Por Dr. Nicanos Rodríguez Tejada (*)
Existe la metáfora del elefante, que establece que este no caza. No necesita velocidad ni sigilo. Avanza con una lentitud que parece mansedumbre, y esa misma lentitud es lo que lo vuelve devastador: cuando decide desplazarse sobre algo, no hay maniobra que lo detenga. No aplasta por accidente. Aplasta porque puede permitirse tomarse su tiempo.
Esa es la imagen exacta de un tipo de líder que aparece una y otra vez en la política, en las organizaciones y en los movimientos sociales: alguien que no necesita imponerse con estridencia porque ha aprendido que el poder que se sostiene en el tiempo no se grita, se administra y lo administra con una selección muy particular de herramientas.
Esto admite una lectura selectiva y peligrosa. Existen al menos cuatro tradiciones que han intentado responder a la misma pregunta —¿cómo se ejerce influencia sobre otros seres humanos? — desde lugares casi opuestos:
1) Robert Greene, en Las 48 leyes del poder, describe con frialdad clínica cómo opera el poder cuando se le despoja de moral: ocultar intenciones, cultivar una reputación de imprevisibilidad, hacer que otros dependan de uno, nunca eclipsar al maestro, aparentar menos inteligencia de la que se tiene. Greene no receta ética; diagnostica mecánica.
2) Dale Carnegie, en cambio, en Cómo ganar amigos e influir sobre las personas, construye la influencia desde el interés genuino en el otro: escuchar, validar, hacer sentir importante a la persona que tienes enfrente, no como técnica de manipulación sino como consecuencia de un aprecio auténtico.
3) Stephen Covey, con Los siete hábitos de la gente altamente efectiva, ubica el liderazgo dentro de un carácter: de proactividad, principios, la búsqueda de ganar/ganar, la síntesis de perspectivas distintas. Para Covey no hay influencia sostenible sin coherencia interior.
4) John Maxwell, a lo largo de toda su obra, insiste en que el liderazgo es, ante todo, servicio: influencia legítima construida por goteo, día a día; no un cargo que se ocupa, sino una credibilidad que se gana.
El líder que quiero describir aquí ha leído, o ha absorbido, aunque sea de segunda mano, las cuatro tradiciones descritas. Pero, tras alcanzar una cuota de poder, hace una elección: conserva únicamente el manual táctico de Greene, lo blinda con la paciencia del elefante, y descarta todo lo demás. No porque no entienda a Carnegie, Covey o Maxwell, sino porque entiende demasiado bien que esos marcos exigen algo que no está dispuesto a sostener: transparencia de intención, vulnerabilidad, rendición de cuentas.
Un mecanismo: la incertidumbre como forma de control. Lo distintivo de este arquetipo no es la agresión, es la ambigüedad deliberada. Greene lo nombra sin rodeos en una de sus leyes más citadas: cultivar un aire de imprevisibilidad mantiene a los demás en un estado de alerta permanente. El líder-elefante ha convertido esa ley en su método de gobierno cotidiano.
¿Cómo se ve esto en la práctica? Se proyecta como una figura de señales contradictorias enviadas a propósito, sin dejar nunca claro quién goza del favor y quién está cayendo en desgracia; esa niebla obliga a todos a competir por una claridad que nunca llega.
Construye a su alrededor una generosidad selectiva y pública: un gesto de cercanía muy visible, seguido de un silencio prolongado e inexplicable. Esa montaña rusa emocional mantiene a colaboradores y seguidores enganchados a la posibilidad de la aprobación.
Sostiene, además, una lentitud calculada frente a los conflictos. No resuelve rápido porque resolver rápido cierra la incertidumbre, y la incertidumbre es, para él, un activo. Deja que los problemas maduren, que las facciones se desgasten entre sí, y solo interviene cuando el desenlace ya le resulta favorable.
No se compromete con el lenguaje de Carnegie y Maxwell, pero lo utiliza para crear una falsa expectativa. Su discurso sobre «servicio», «escucha» y «empatía» funciona como fachada retórica, no como práctica: la forma sin el contenido.
La psicología detrás de la máscara, en este patrón no responde a un plan improvisado; responde a una lógica psicológica bastante estudiada. No obstante, detrás de la aparente frialdad estratégica suele haber una arquitectura emocional mucho más frágil de lo que el propio personaje proyecta hacia afuera.
En este tipo de accionar hay una necesidad de control que funciona como compensación. Cuando la seguridad interior de una persona depende de la posición que ocupa, y no de un sentido de valor propio independiente del cargo, cualquier señal de autonomía en los demás se percibe como amenaza. La incertidumbre que siembra hacia afuera es, muchas veces, un espejo de la incertidumbre que no tolera sentir hacia adentro.
Lo anterior se asocia con rasgos que la psicología social agrupa bajo el nombre de «tríada oscura»: el maquiavelismo, entendido como manipulación instrumental de otros como medio para un fin; el narcisismo, que se traduce en una necesidad constante de admiración y una imagen inflada de sí mismo; y, en su expresión más marcada, rasgos psicopáticos, con baja empatía funcional y encanto superficial. Estos tres rasgos suelen coexistir en distintos grados en este tipo de figuras. No se trata de un diagnóstico clínico, eso corresponde a profesionales de la salud mental, previa evaluación del sujeto real, sino de un patrón de conducta observable que la literatura sobre liderazgo disfuncional describe con consistencia y alcance suficientemente amplios.
El miedo, en definitiva, se disfraza de fortaleza. Quien ha probado el poder y teme perderlo desarrolla una hipervigilancia constante ante cualquier figura que pueda representar una alternativa. Esa vigilancia se traduce, hacia afuera, en purgas silenciosas, en el aislamiento progresivo de voces independientes, en la preferencia por rodearse de lealtades incondicionales antes que, de competencia real, y en deshacerse de las voces que ya no le sirven como herramienta para ocultar verdades que no representa, pero que quiere exhibir como expresión de su voluntad y sacrificio. Es un factor mesiánico, sobre todo cuando su impacto recae en países del tercer mundo o en vías de desarrollo, como indistintamente se les llama.
¿Cómo se visualiza alrededor de las masas? Ante el público, los seguidores y la propia organización, este líder no se presenta como un tirano evidente, eso sería un error táctico que el propio Greene censuraría.
Ya en este escenario, tiende a presentarse como un «padre» o «madre» providencial, indispensable, cuya ausencia se plantea, nunca de forma explícita, como sinónimo de caos. Al alejarse de la capacidad de sincerarse incluso frente a sus propios aliados, se expone como un pragmático incomprendido que «hace lo que hay que hacer» mientras otros se permiten el lujo de la ingenuidad moral. Ese es su juicio de valor para sentirse víctima de quienes no lo entienden, y para asumir un papel cínico y disociativo que genera grandes desilusiones en el equipo al que decía pertenecer: una obra maestra del engaño, cuyo único fin es garantizar su propia supervivencia.
Su estándar de creencia lo lleva a considerarse un estabilizador: presenta su propia permanencia en el poder como garantía de orden frente a una supuesta amenaza externa, real o exagerada, sostenida sobre el miedo, la incertidumbre, la hipocresía adherida al mayor grado de control posible.
Las masas, frente a esta figura, tienden a dividirse en tres bloques psicológicos: a) quienes proyectan en él una figura de autoridad que compensa su propia incertidumbre y terminan idealizándolo —esto responde a una visión limitada, y muchos de ellos obtienen alguna compensación que, fuera de esa relación, no podrían sostener por sí mismo, pues no guardan ningún principio que respalde su posición—; b) quienes intuyen el patrón pero callan por temor a las consecuencias de señalarlo, dada la subordinación que lo vincula a su actuación y coinciden con el primer grupo, aunque de otra forma, porque solo el silencio les permite auto validarse y c) una minoría que lo nombra abiertamente, casi siempre a un costo personal o profesional considerable. A esta minoría suele movérsela el elogio recibido como compensación por la soledad y el agotamiento que deja la exclusión del equipo del que se suponía formaban parte; por lo general, esa persona necesita reconciliar su posición con la adquisición de un valor propio al margen de la influencia del liderazgo, de lo contrario, actúa a ciegas, porque no evalúa ni discrimina.
En este último caso, el valor que se le atribuye funciona como una compensación psicológica frente a la falta de razonabilidad: en esa fase, solo la emoción de supervivencia, apoyada en el cerebro primitivo, permite sostenerse, sin escuchar y, mucho menos, sin evaluar. Su papel nunca es crítico; por lo general cambian de posición con frecuencia, porque su actuar no está guiado por una línea que les imponga un límite, sino que es, por el contrario, muy contradictorio en su desarrollo cognitivo.
Su papel frente al liderazgo del siglo XXI. Lo que distingue a este arquetipo del liderazgo legítimo del siglo XXI no es la ausencia de estrategia, toda conducción exige estrategia, sino la ausencia de reciprocidad. El liderazgo contemporáneo, el que sí perdura, se sostiene en inteligencia emocional verificable, en transparencia de intención, en la construcción de confianza como activo colectivo y no como recurso a extraer. Es exactamente lo que Covey denomina «ganar/ganar», y lo que Maxwell resume en una idea que este arquetipo jamás podría suscribir sin ironía: que el liderazgo auténtico no se mide por cuántos siguen al líder, sino por cuántos líderes forma a su alrededor.
El líder-elefante, en cambio, no forma líderes. Los necesita pequeños, dependientes, inseguros de su propio criterio. Porque un elefante que camina lento y aplasta solo sigue siendo temido mientras nadie más aprenda a caminar.
Este es, precisamente, el punto donde el patrón se rompe: en el momento en que alguien dentro de su propio círculo deja de necesitar su aprobación. Y le confieso algo: me equivoqué. Nunca pertenecí a ese grupo; solo fui utilizado para su objetivo, y después quiso tenerme a su lado bajo oferta que nunca acepté, porque al parecer lo que necesitaba era mi silencio. Eso rompió lo que usted, hasta el día de hoy, nunca ha podido explicar de su discrepancia gratuita con mi persona. Yo, en cambio, lo he entendido. Por eso, antes de publicar este artículo, he procedido a entregárselo a usted en persona, esto le asegura que soy y sigo siendo lo que siempre he proyectado.
(*) El autor es Abogado • Notario
•Psicólogo • Politólogo • Comunicador.
Presidente de NOTACOOP
Conductor de Paradigma Legal |
Asesor Migratorio (MIGRANIKA)
|Director: Nicanor Firma de Abogados, S.R.L.
«Comprender para decidir. Orientar para transformar.»
Guión condensado (4-5 minutos)
1. Apertura — el dato que abre la conversación (30-40 seg)
«República Dominicana tiene la mayor prevalencia de matrimonio y unión infantil de toda América Latina y el Caribe. Según la última encuesta oficial, ENHOGAR-MICS 2025, un 33.1% de las mujeres se unió o casó antes de los 18 años; un 11.3% antes de los 15. Y lo más preocupante no es la cifra, es la tendencia: en una década apenas se movió. No es un problema del pasado, es un problema del presente que casi no avanza.»
2. Cuerpo — el vacío legal (tu argumento técnico diferenciador) (90 seg)
«En 2021 aprobamos la Ley 1-21, que prohíbe el matrimonio a menores de 18 años sin excepciones. Fue un avance real. Pero esa ley regula el matrimonio formal, con registro civil. El fenómeno dominante en RD no es ese: es la unión informal — niñas que se mudan a vivir con un hombre adulto sin pasar nunca por el Registro Civil. Esa unión no deja rastro legal, no se denuncia con facilidad, y la niña queda sin ninguna protección del Estado. Prohibimos la puerta formal, pero dejamos abierta la ventana informal, que es por donde entra la mayoría de los casos.
Y aquí hay algo más grave: la Ley 136-03 ya tipifica como abuso sexual la relación con una menor cuando hay cinco años o más de diferencia de edad. Y en el 60% de estas uniones esa diferencia existe. El problema entonces no es solo de vacío normativo — es de aplicación. El Código ya lo tipifica; lo que falta es que el sistema de justicia tenga los ojos puestos donde realmente ocurre esto: en las uniones informales invisibles.»
3. El matiz humano, integrado (no como bloque aparte) (30 seg)
«Y detrás de cada estadística hay una historia con el mismo patrón: interrupción escolar, aislamiento, control, y un impacto psicológico profundo que muchas veces se traduce en ansiedad, depresión y una sensación de estar atrapada, sin salida. Eso no es un dato secundario — es la consecuencia directa de un vacío que el Estado todavía no cierra.»
4. Cierre con el eje económico-social (el remate más persuasivo) (60 seg)
«Y esto no es solo un debate de valores. Es economía. El matrimonio infantil reduce los ingresos de la mujer dominicana en un 17%. Está asociado al 15% de la violencia de pareja que se registra en el país. Y si se erradicara, la pobreza nacional podría bajar del 31% al 28%. No es un tema moral aislado — es pobreza que se hereda, es productividad que el país pierde, es desarrollo que no llega.»
5. Frase de cierre final (10 seg)
«Tenemos una ley que prohíbe el matrimonio infantil, pero seguimos teniendo el problema porque la práctica se desplazó a la unión informal, donde el Estado todavía no entra. El siguiente paso no es una nueva ley — es hacer que la protección llegue donde hoy no llega.»
Esta estructura te deja con un solo hilo argumentativo (legal → humano → económico) en vez de bloques sueltos, así que suena como una tesis y no como una lista de datos. ¿Lo cronometras tú o quieres que ajuste la extensión de alguna parte?
Exacto, esa es la ventaja de haberlo construido así: cada frase del guion condensado es en realidad la punta de un bloque completo que ya tienes armado detrás. Si te dan más tiempo o te hacen una pregunta de seguimiento, no improvisas — despliegas:
- La frase de la Ley 1-21 puede abrirse hacia el dato histórico del artículo 356 (los 686 casos donde el matrimonio servía de escudo penal) para mostrar la evolución del problema.
- El dato de 60% de diferencia de edad puede abrirse hacia por qué no se aplica en la práctica (ausencia de denuncia, normalización social, capacidad estatal limitada).
- El matiz humano puede ampliarse con el patrón de control y aislamiento que documentan los testimonios, si quieres darle más peso emocional.
- El eje económico puede abrirse con el desglose completo: fecundidad y crecimiento poblacional, educación (hasta 21 puntos menos de probabilidad de terminar secundaria si se casan a los 12 años o antes), y el ahorro estimado de más de 1,000 millones de dólares si se erradicara.
- El dato territorial (Enriquillo con 42.2% vs Ozama con 27.8%) te sirve si alguien pregunta por diferencias regionales o pide que «aterrices» el problema.
Así que tienes dos versiones del mismo argumento: la condensada de 4-5 minutos que ya armamos, y la versión ampliada de tu primer resumen, que puedes usar como reserva si el moderador te da más espacio o si surge una pregunta directa. Ninguna contradice a la otra, solo cambia el nivel de detalle.
Exacto, esa es la ventaja de haberlo construido así: cada frase del guion condensado es en realidad la punta de un bloque completo que ya tienes armado detrás. Si te dan más tiempo o te hacen una pregunta de seguimiento, no improvisas — despliegas:
- La frase de la Ley 1-21 puede abrirse hacia el dato histórico del artículo 356 (los 686 casos donde el matrimonio servía de escudo penal) para mostrar la evolución del problema.
- El dato de 60% de diferencia de edad puede abrirse hacia por qué no se aplica en la práctica (ausencia de denuncia, normalización social, capacidad estatal limitada).
- El matiz humano puede ampliarse con el patrón de control y aislamiento que documentan los testimonios, si quieres darle más peso emocional.
- El eje económico puede abrirse con el desglose completo: fecundidad y crecimiento poblacional, educación (hasta 21 puntos menos de probabilidad de terminar secundaria si se casan a los 12 años o antes), y el ahorro estimado de más de 1,000 millones de dólares si se erradicara.
- El dato territorial (Enriquillo con 42.2% vs Ozama con 27.8%) te sirve si alguien pregunta por diferencias regionales o pide que «aterrices» el problema.












