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La brecha educativa en la era de la IA y los países emergentes

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Nicanor Rodriguez

Por Nicanor Rodríguez Tejada.-

En el discurso global predominante, la Inteligencia Artificial (IA) se presenta como la gran fuerza democratizadora del siglo XXI. Se nos promete un mundo donde el conocimiento es accesible con un clic y donde los mercados en desarrollo pueden «dar el salto cuantitativo» hacia la economía del futuro. Sin embargo, detrás de esta narrativa tecno-optimista se esconde un diagnóstico severo, en la época la IA no se está nivelando el terreno de juego; está acelerandose una fractura tectónica entre las naciones que diseñan la tecnología y aquellas que apenas logran consumirla.

En los países emergentes, esta transición no encuentra un terreno fértil, sino un suelo árido caracterizado por la precariedad educativa y la limitación competitiva, esta imposibilidad de alinearse a este nuevo paradigma no es un accidente tecnológico, sino la consecuencia directa de una deuda social acumulada que no encuentra retorno social en el tiempo.

La precarización educativa frente al gigantismo tecnológico, que es la Inteligencia Artificial, la cual no funciona en el vacío y para que un país transforme la IA en productividad económica se requieren tres pilares fundamentales: infraestructura digital, capital de riesgo y, sobre todo, alfabetización crítica y científica de alto nivel, pudiéramos prescribir los dos primeros, pero nosotros no podemos sustituir el tercero con un 4% en inversión en educación que no ha modificado el más mínimo componente estructural de nuestra falla educativa, elemento crucial de la nueva herramienta del aprendizaje en el siglo XXI.

En cambio, mientras las potencias globales invierten sumas multimillonarias en investigación y desarrollo (I+D) y adecúan sus sistemas educativos hacia el pensamiento analítico, la resolución de problemas complejos y las competencias, (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), el panorama en gran parte de América Latina, África Subsahariana y el Sur de Asia es desolador.

En la inversión por estudiante, países como Costa Rica y Brasil destinan porcentajes de su Producto Interno Bruto (PIB) a la educación comparables a la media de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico, (OCDE), no obstante, alrededor del 4% al 5%), pero en términos absolutos, el gasto por estudiante es hasta seis veces menor que en Estados Unidos o Singapur, independientemente de ese nivel de inversión. ¿Qué diferencia con la que tenemos que adaptarnos a convivir?

En el complemento de la crisis del aprendizaje fundamental y de acuerdo a informe del Banco Mundial y la UNESCO, más del 50% de los niños de 10 años en países de ingresos medios y bajos no pueden leer ni comprender un texto simple, en cambio pretender enseñarle «alfabetización en IA» sobre un sistema donde las competencias básicas de lectoescritura y matemáticas están colapsadas es una ilusión gubernamental y que nos desplaza a una distancia significativa de la respuesta que el XXI exige en la construcción de la nueva arquitectura del esquema global.

Esta asimetría crea un bucle perverso, podríamos afirmar, que los sistemas educativos precarizados generan competencias laborales limitadas, impidiendo la posibilidad de absorción en tecnologías avanzadas y condenando a las economías emergentes a depender de actividades extractivas o de mano de obra no cualificada de bajo valor agregado, distanciando la capacidad de producir cambio y riqueza, porque es una rueda que se auto reproduce en el mismo escenario de la dependencia.

El «Extractivismo Digital» y el nuevo margen de exclusión

Históricamente, la distancia entre el mundo desarrollado y los países en desarrollo se medía en términos de industrialización y acceso al capital. En el nuevo orden mundial, la distancia la marcará la soberanía algorítmica.

Los países emergentes están quedando relegados a una categoría peligrosa dentro de la cadena de valor global de la IA: el «extractivismo de datos» y la maquila digital. Mientras los centros de datos, los modelos fundacionales y las patentes se concentran en un puñado de naciones, básicamente EE. UU. y China, que acumulan más del 75% de la infraestructura global de súper cómputo, las economías en desarrollo aportan los datos brutos de sus ciudadanos o suministran mano de obra barata para el etiquetado manual de datos, es decir que ni en la infraestructura de la producción forman parte en su mayoría, sino de un complemento ratico del proceso.

Este esquema revela la mecánica más elemental del trabajo global contemporáneo, estableciéndose, quién pone el pensamiento estratégico y quién ejecuta la tarea subordinada. Las potencias tecnológicas han asumido el rol de arquitectos del mundo digital, concentrando el esfuerzo intelectual de mayor valor —la creación de modelos, el diseño de infraestructura y la acumulación del capital—, mientras que los países emergentes quedan confinados a una fuerza laboral secundaria. En esta división del trabajo, la periferia aporta la materia prima de sus datos y la mano de obra barata para etiquetarlos, solo para terminar comprando el producto terminado mediante el pago de licencias. No es más que la repetición de una fórmula histórica: la riqueza se genera donde se inventa y se procesa, mientras que el esfuerzo no cualificado solo sostiene la rentabilidad ajena

Si la educación pública de los países en desarrollo no forma científicos de datos, ingenieros de sistemas y pensadores críticos capaces de auditar y crear tecnología propia, estas naciones se convertirán en simples pagadoras de renta tecnológica. Comprarán licencias importadas para automatizar sus procesos, mientras las ganancias de productividad se repatrian a las casas matrices en el Norte Global.

Un nuevo mapa de la desigualdad global, el impacto de esta brecha en el nuevo enfoque global será profundo y estructural, anclado en tres elementos generadores de desventajas, a) La desaparición de la ventaja comparativa tradicional: Durante décadas, los países emergentes apostaron por la mano de obra de bajo costo como motor de desarrollo. La IA y la robótica avanzada están automatizando rápidamente servicios corporativos, centros de llamadas y procesos de manufactura, neutralizando esa ventaja histórica, b) Amplificación de la brecha de ingresos: Las profesiones que requieren fluidez en IA ya registran primas salariales de más del 50% en el mercado internacional. Los países incapaces de capacitar a su fuerza laboral sufrirán un estancamiento de sus salarios medios y un aumento del desempleo ilustrado y c) Pérdida de soberanía cultural y de políticas públicas, cuando las decisiones educativas, sanitarias y judiciales de una nación se delegan en algoritmos entrenados con sesgos, valores y datos del mundo desarrollado, el Sur Global pierde la capacidad de decidir su propio destino sociopolítico.

La urgencia de una agenda de supervivencia, la imposibilidad de alinearse a la revolución de la IA no es una fatalidad inevitable, sino un llamado de atención urgente. Los países emergentes no pueden permitirse el lujo de seguir tratando la educación como un gasto burocrático o una promesa de campaña, es un paradigma no asimilado por los países en vía de desarrollo, en el que la educación es un problema tan insignificante que por la valoración que se le ha dado, la conclusión es que no es de valor, es mejor cohabitar con la ignorancia, ese es nuestro mejor engaño sobre la rueda del tiempo.

Invertir en infraestructura digital no es solo poner computadoras en las aulas, es reformar los planes de estudio para priorizar la lógica, la ciencia, el pensamiento crítico y la ética aplicada, basándonos en crear alianzas regionales de cómputo para retener el talento local y garantizar que la inteligencia artificial sirva para resolver los problemas reales del desarrollo local, como la agricultura de precisión o la gestión del agua, y no únicamente para ensanchar la cuenta de resultados de Silicon Valley.

Si la brecha educativa no se cierra con audacia política e inversión real, el «nuevo enfoque global» no será más que una versión sofisticada de la vieja desigualdad, un mundo híper conectado donde unos pocos programan el futuro y la mayoría simplemente sufre sus consecuencias.

(Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no reflejan necesariamente la postura de Últimas Noticias).