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Opiniones

De la Escuela de Toledo al Renacimiento: La pólvora que encendió los cambios del mundo (3)

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Nicanor Rodriguez

POR DR. NICANOR RODRIGUEZ TEJADA

El fuego inextinguible, de los mártires del saber a la era del algoritmo, hay que entender que a través de la escuela de Toledo se rescataron las ideas y en el Renacimiento se esparcieron por Europa. Sin embargo, el paso definitivo hacia la era moderna no fue gratuito: requirió que hombres de carne y hueso se plantaran frente a los tribunales creado para imponer a sangre y fuego la existencia del dogma para defender la verdad, aun sabiendo que el precio era la muerte.

Cuando el conocimiento salió de las abadías y se multiplicó por las imprentas, el miedo institucional se convirtió en persecución abierta. Nació la lista de libros y los tribunales de la Inquisición estrecharon el cerco sobre todo aquel que intentara pensar por cuenta propia.

Los hombres que prefirieron arder antes que mentir, para entender el valor de lo que hoy llamamos libertad de expresión, hay que recordar el nombre de tres gigantes: Miguel Servet (1553): médico y teólogo español que descubrió cómo la sangre circula por los pulmones para purificarse. Sus ideas teológicas y científicas desafiaron las ortodoxias de su tiempo; terminó siendo quemado vivo en la pira, demostrando que el dogmatismo no era exclusivo de una sola fe. Quemado vivo por su visión médica/fe.

Un italiano que termino siendo un apátrida, Giordano Bruno (1600): Un filósofo apasionado que miró al cielo y se atrevió a decir algo maravilloso: el universo es infinito y existen innumerables mundos como el nuestro. La Inquisición lo encerró durante ocho años para que se retractara. Bruno se negó. En el Campo de’ Fiori en Roma, fue conducido a la pira con la lengua amordazada para que no hablara al pueblo antes de morir quemado, su ceniza posteriormente recogida con pala y tirada al rio Tíber para que no quedara huella de él. La iglesia celebro este ambiente hoy quizás tu ha estado en el mismo lugar donde ardió esa alma libre, pero en 1889, se inauguró un monumento en su honor. Triunfo el pensamiento libre contra el dogma. Quemado vivo en la pira por el cosmos infinito BBBBBBBBBBBBBBB

Otro continuador del pensamiento libre, Galileo Galilei (1633): apuntó su telescopio hacia el cielo y confirmó con datos matemáticos lo que Copérnico decía: la Tierra se mueve. Anciano y enfermo, fue llevado ante el tribunal inquisitorial. Para salvar la vida, tuvo que murmurar de rodillas que la Tierra estaba inmóvil, aunque la leyenda dice que al levantarse pronunció su célebre frase:“y, sin embargo, se mueve”. Condenado a encierro por mirar el cielo.

De las piras a las computadoras, ese fue el sacrificio de estos hombres no fue en vano. Sus juicios provocaron un efecto dominó insostenible para el viejo mundo. Filósofos como René Descartes establecieron que el punto de partida de toda verdad debía ser la duda metódica «Pienso, luego existo», y pensadores como Francis Bacon crearon el método científico moderno: comprobar con experimentos antes de creer.

Aquellos avances terminaron por derribar las paredes del dogma, dando paso a la Revolución Industrial, la medicina moderna, los derechos humanos y la tecnología digital que hoy utilizas a cada segundo.

La paradoja de nuestro tiempo, hoy tenemos todos y no tenemos nada, llegamos al espejo de nuestra realidad. Vivimos en la época que los sabios toledanos o los humanistas renacentistas soñaron: un mundo donde nadie te quema en una plaza por leer a Aristóteles, donde no hay que esconder libros debajo de la cama en el monasterio y donde el conocimiento completo de la humanidad está a un clic de distancia.

Sin embargo, el peligro de hoy es distinto. Ya no nos persigue la Inquisición, sino la pereza intelectual. Queremos llamarnos libres y sabios, pero nos cuesta mantener la atención durante más de dos minutos. Pretendemos entender el mundo mediante titulares rápidos y resúmenes sin esfuerzo.

La pólvora que se encendió en Toledo y que ardió en la pira de Giordano Bruno fue para darnos la libertad de pensar, no la libertad de ignorar. Tener toda la información del planeta en la palma de la mano no sirve de nada si no conservamos el ingrediente más valioso que tuvieron aquellos héroes: la valentía y el esfuerzo de buscar la verdad por uno mismo.

(Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no reflejan necesariamente la postura de Últimas Noticias).