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Opiniones

Juegos Centroamericanos: El triunfo de la audacia y la asignación pendiente del Estado

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Nicanor Rodriguez

Por: Dr. Nicanor Rodríguez Tejada.-

La República Dominicana acaba de ser escenario de una gesta memorable. Como país anfitrión de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, no solo fuimos capaces de montar un evento elogiado por la concurrencia internacional y celebrado con satisfacción por la población local, sino que nuestros atletas escribieron páginas doradas en la historia deportiva al conquistar una cosecha histórica de 150 preseas.

Ver emerger figuras extraordinarias, presenciar el quiebre de récords y presenciar la entrega de atletas que —como Liranyi Alonzo en el atletismo o la eterna Brenda Castillo en el voleibol— lo dejan todo en la cancha, nos llena de una emoción indescriptible, de satisfacción colectiva y de la grata sensación del deber cumplido como nación.

Sin embargo, detrás del brillo de las medallas y la euforia del podio se esconde una paradoja estructural que exige un análisis sereno y riguroso desde la ciencia política y el derecho público. ¿Hasta qué punto estos triunfos son el resultado de un plan orgánico del Estado, o son, en realidad, el fruto del sacrificio individual, el talento silvestre y la audacia de familias y federaciones que reman contra la corriente?

El divorcio entre el talento y la política pública, esa dinámica, que en la República Dominicana, es normalizada, el deporte de alto rendimiento ha operado históricamente bajo la lógica de la excepción y no de la regla. Las hazañas que hoy celebramos son actos de heroísmo individual. La pregunta que debemos formularnos como sociedad es categórica: Si con una intervención estatal fragmentada logramos 150 medallas, ¿cuántas Liranyi Alonzo y cuántas Brenda Castillo multiplicaríamos si existiera una verdadera política deportiva de Estado?

Una política de Estado en materia deportiva no consiste en entregar incentivos económicos tras la victoria, ni en tomarse la foto institucional con el campeón. Una política pública real es un sistema preventivo, científico e inclusivo que acompaña al atleta desde la infancia hasta el profesionalismo, garantizando soberanía alimentaria, preparación psicológica, infraestructura digna y blindaje económico.

El Instituto Nacional de Educación Física (INEFI) y la escuela como cantera natural, es de justicia reconocer que, en el ámbito de la formación base, el INEFI) ha iniciado un proceso de reestructuración prometedor. La incorporación de programas de masificación deportiva en el sistema escolar público busca devolverle a la educación física su rol histórico como cantera natural del deporte nacional.

Las cifras del propio INEFI demuestran el potencial dormido en las aulas públicas: más de 1.5 millones de estudiantes impactados, decenas de canchas remozadas en todo el territorio y 6 atletas formados en los Juegos Escolares que alcanzaron la vestidura tricolor en Santo Domingo 2026. Sin embargo, la gran pregunta política sigue siendo: Si el INEFI está sembrando la semilla en la escuela, ¿dónde está la cadena de custodia del Estado (MIDEREC – Federaciones) para que ese talento escolar no se pierda al graduarse de bachiller?

Las estadísticas del INEFI revelan una expansión sin precedentes en el remozamiento de canchas escolares, la celebración de los Juegos Escolares Deportivos Nacionales y la integración de miles de estudiantes en disciplinas que anteriormente eran exclusivas de clubes privados. La escuela pública, donde se concentra la mayor densidad demográfica y social del país, es el único espacio capaz de democratizar el acceso al deporte.

No obstante, el esfuerzo del INEFI no puede quedarse como una isla institucional. Se requiere una articulación legal y presupuestaria vinculante entre el Ministerio de Educación (MINERD), el Ministerio de Deportes y Recreación (MIDEREC) y las federaciones nacionales. El talento descubierto en la escuela por el INEFI no puede perderse en la transición hacia la vida universitaria o profesional por falta de seguimiento técnico y acompañamiento integral.

De la hazaña fortuita a la potencia deportiva, celebrar 150 medallas es legítimo y patriótico. Pero la mejor manera de honrar el sudor de nuestros atletas es transformar el entusiasmo pasajero en institucionalidad permanente.

El deporte no es un gasto social ni un entretenimiento dominical; es una herramienta de cohesión, salud pública, prevención de la violencia y proyección geopolítica. Cuando el Estado dominicano asuma el deporte con la misma rigurosidad estratégica con la que gestiona sus pilares económicos, no estaremos contando medallas por audacia individual, sino cosechando los frutos de una nación que planificó su grandeza.

(Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no reflejan necesariamente la postura de Últimas Noticias).