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Opiniones

De Trujillo a la “porno-pobreza”: Dignidad en la ayuda social

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Nicanor Rodriguez

Por: Dr. Nicanor Rodríguez Tejada

En el debate sociopolítico reciente de la República Dominicana, impulsado de manera oportuna por análisis periodísticos como el de Altagracia Salazar, ha resurgido con fuerza la discusión sobre una práctica tan arraigada como perversa: la exhibición mediática y digital de ciudadanos golpeados por la extrema pobreza, indigencia o discapacidad, expuestos ante una cámara mientras reciben alimentos, enseres o dádivas.

A nivel internacional, este fenómeno se conoce formalmente como «porno-pobreza» (poverty porn). Recientemente, la República de Burkina Faso estampo un paso trascendental al prohibir por decreto la difusión de imágenes denigrantes de beneficiarios de ayuda humanitaria, recordando al mundo que las carencias materiales no justifican la degradación del honor de un pueblo.

El pasado 28 de julio, haciendo uso de nuestro derecho constitucional de petición (Art. 22.4), depositamos ante el Poder Ejecutivo una propuesta formal para que el presidente Luis Abinader emita un Decreto que regule y prohíba el uso instrumental de la imagen de personas vulnerables en las asistencias sociales públicas y privadas. Sin embargo, para comprender por qué esta medida es de urgencia nacional, es imprescindible examinar la herida histórica de nuestra democracia y la estructura ética que sostiene el negocio de la compasión, algo tan visible que a su vez se hace invisible a la luz de todo vivo terrenal.

La herida histórica: del paternalismo trujillista a la «falsa generosidad» post-1961, es preciso entender que la exhibición como mercancía de nuevo cuño sobre el sacrifico del necesitado no nació con los algoritmos digitales; forma parte de una larga tradición de dominación. Durante la tiranía de Rafael Leónidas Trujillo (1930-1961), la dádiva fue elevada a la categoría de culto. La «Obra del Benefactor» no buscaba erradicar la pobreza, sino sacralizar la sumisión: se fotografiaba al desposeído en la prensa del régimen como evidencia de la «generosidad» del dictador, cobrándole la ración al precio de su honor.

Al caer la tiranía en 1961, el país inició una transición hacia la democracia formal, pero no logró desmantelar la cultura del sometimiento asistencialista. Como bien han documentado historiadores dominicanos de la dimensión de Roberto Cassá y Frank Moya Pons, la política clientelar posterior heredó el vicio paternalista. En esta encrucijada encaja con precisión el pensamiento del educador latinoamericano Paulo Freire, quien en su magistral Pedagogía del oprimido denunció la trampa de la «falsa generosidad»: una estructura que necesita que la miseria continúe para poder seguir ejerciendo la falsa caridad, aterrorizándose ante la posibilidad de que el necesitado adquiera conciencia y exija derechos, hecho imposible, por eso hay que dormirlo en su estado de necesidad y que debe ser reproducido para que no despierte y el sistema pueda sentirse amenazado como un volcán en evolución.

El sistema político posterior a 1961 democratizó la dádiva, pero no liberó al ciudadano, perpetuando lo que el politólogo Guillermo O’Donnell denominó «ciudadanía de baja intensidad»: le reconocemos al ciudadano el derecho al voto, pero le negamos la dignidad cuando tiene hambre y es un legitimador del propio sistema al que nunca ha sido incorporado, a menos que no sea para asegurar su legitimación sobre la cual el mismo será despojado de esa virtud para reincorporarlo al sistema solo para que se reproduzca la sostenibilidad de éste, pero nunca para que se incorpore, con la excepción del derecho al voto.

De Galeano a Harari: el negocio de la caridad en la era del algoritmo, en la era contemporánea, el clientelismo tradicional ha evolucionado hacia la «porno-pobreza» espectacularizada. Hoy, candidatos, funcionarios, ONG y creadores de contenido utilizan la miseria ajena para acumular impresiones, likes, financiamiento, adherente a la subordinación de creencia o al capital político.

El escritor uruguayo, Eduardo Galeano desnudó este mecanismo con sutileza quirúrgica al advertir que «la caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo». El sistema nos ha enseñado a confundir la caridad con la justicia, administrando la pobreza para que nadie cuestione las causas que la producen y por lo generar el propio humillado es el protector más cercano a la defensa de ese sistema, es el que siempre será vulnerable, porque la ignorancia es el primer juego del ajedrez en el proceso de humillación y despojo de su dignidad, aunque la ley formalice su ilegalidad.

A esta deformación ética se suma la lógica del mercado digital. El historiador y pensador Yuval Noah Harari nos alerta sobre cómo los algoritmos de las plataformas modernas no están diseñados para promover la dignidad humana, sino para secuestrar la atención. La indignación y la lástima se han convertido en el combustible más barato para generar interacción, transformando la tragedia del vulnerable en un dato de consumo en el mercado de la atención digital.

La sentencia del Papa Francisco y la lesión psicológica, que circundan esta dinámica no es solidaridad; es explotación doble. En su encíclica Fratelli Tutti, (hermano todos), el Papa Francisco denunció la trampa de la administración de la miseria, señalando cómo el propio sistema se acerca al indigente no para liberarlo, sino para «administrar su pobreza», convirtiéndola en un bien de cambio político o publicitario. El Santo Padre lo resumió con dureza: “los pobres son explotados dos veces, primero cuando se les priva de lo necesario para vivir con dignidad, y luego cuando se utiliza su necesidad para hacerlos dependientes de la lástima”.

Desde la ciencia de la conducta y la psicología social, el daño es profundo e invisible, exponer la indigencia de un adulto o la vulnerabilidad de un niño destruye su agencia personal, genera indefensión aprendida y le imprime una etiqueta social de inferioridad. En el caso de la infancia, la captura visual de su privación vulnera el principio del Interés Superior del Niño (Ley 136-03) y los expone al acoso escolar, lo que se conoce como (bullying) y al estigma social, quien padece hambre no posee la libertad real para negar su consentimiento ante un lente fotográfico. El hambre anula la voluntad.

Una deuda con el Estado Social y Democrático de Derecho, Nuestra Constitución es categórica. El Artículo 38 consagra que la dignidad humana es sagrada, innata e inviolable, mientras que el Artículo 8 establece que la función esencial del Estado es la protección efectiva de los derechos de la persona. Asimismo, los artículos 7 y 44 garantizan el marco de un Estado Social fundado en el respeto al honor y a la propia imagen, al leer esto suponemos que es letra muerta ante el impulso de nuestra visible realidad.

Prohibir por Decreto la «porno-pobreza» e institucionalizar protocolos éticos donde la entrega de ayudas se documente mediante informes cuantitativos de gestión y no mediante la humillación del beneficiario, no es un acto de censura: es un acto de descolonización política y de madurez democrática.

La caridad auténtica sana la necesidad y resguarda la honra. La República Dominicana debe cerrar de una vez por todas la puerta al paternalismo trujillista y comprender que la ayuda social es la restitución de un derecho, no un espectáculo publicitario. Que la ayuda llegue, pero que la vergüenza se apague.

Debo informarle, amigo lector que este artículo se fundamenta en la solicitud que hiciéramos al señor presidente de la república, Luis Abinader, solicitando la emisión de un Decreto que le incorpore honor y dignidad a la ayuda social y en esa virtud recibimos una comunicación marcada con el número 01978 de fecha 3 de agosto del 2026, firmada por el consultor Jurídico del Poder Ejecutivo, Dr. Jorge A. Subero Isa, mediante la cual se nos informa que dicha comunicación, será tramitada al presidente, atendiendo a los fines de la referida solicitud.

(Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no reflejan necesariamente la postura de Últimas Noticias).