Encuestas y Actos Paralelos: Demasiada coincidencia para ser coincidencia

Por Pascual Ramírez.-

En la vida pocas cosas suceden por casualidad. Y en el campo de la lucha política menos, donde todo obedece a un plan y a una coordinación de acciones que apunta a conseguir el objetivo buscado.

Y lo del domingo fue un logro político demasiado gigantesco como para dejar que su protagonismo acaparara las páginas de los periódicos, las imágenes de los medios y los comentarios de la gente. Había que neutralizarlo a como diera lugar. Para eso había que tener una carta debajo de la manga, algo que mediáticamente fuera muy poderoso, sabiendo que en términos noticiosos lo más reciente se lleva las primeras planas de la atención, porque pesa más lo inmediato que lo que ya fue hecho, porque lo más fresco se superpone a lo más viejo.

Y nada mejor que destapar al día siguiente una encuesta que fabricara una realidad que ocupara la memoria inmediata del público, de tan manera que se distrajera y echara rápidamente en el olvido lo recién vivido: los dos millones de firmas que refrendaron la candidatura del expresidente de la República Leonel Fernández  y que garantizan el triunfo en  las elecciones presidenciales del año 2020.

Esos dos millones que “han creado una fuerza para hacer respetar la constitución y garantizar la continuidad de un régimen de libertad y justicia”, representaban el más contundente apoyo y aval de la candidatura de Leonel.

El danilismo jugó a lo que se conoce en psicología como cambio de estímulo, es decir someter a la población al nuevo estímulo de la encuesta como forma de borrar o atenuar la impresión con que nos marcó el acto  apoteósico del expresidente Leonel Fernández realizado el recién pasado domingo. Fue así como le cayeron a Leonel y su acto a ‘encuestazos’ limpios, como quien utiliza un garrote para golpear al oponente.

Se trataba de un plan bien coordinado en que nada sucedió por azar. Primero fueron los actos que el reeleccionismo desesperado realizó en la víspera en distintas partes del país, como el encabezado en San Juan por la propia hermana del Presidente Medina, la diputada Lucía Medina Sánchez. Luego se montaron paralelamente concentraciones provinciales en las que se reclamaba la continuidad del presidente de turno.

Previamente, el sábado 4 de mayo, en Nueva York los reeleccionistas montaron un acto pálido y deslucido con el fin de robarle la atención y quitarle escenario al encuentro multitudinario en el Estadio Olímpico, en que miles de personas dejaron bien claro que “en defensa de la Constitución, no hay marcha atrás”.

De modo que la concurrencia de todas estas acciones a la vez, todas coincidentes en un mismo objetivo (restarle impacto, trascendencia y ‘memorabilidad’ a la actividad del doctor Leonel Fernández), es demasiada coincidencia para ser coincidencia.

De ahí que no fue casualidad la coincidencia de encuestas con los mítines reeleccionistas, todo parecía ser parte del mismo plan. Al lanzar la susodicha encuesta que todos conocemos, por el momento y por la oportunidad en que lo hicieron, enseñaron el refajo muy rápido, se pusieron demasiado en evidencia.

¿No parece harto sospechoso que a la mañana siguiente del masivo acto del presidente del Partido de la Liberación Dominicana (PLD),  se lanzara una encuesta? Sea usted el jurado y saque usted su propia conclusión.

Y no solo se estaba buscando demeritar y opacar al mitin leonelista en sí, sino neutralizar a lo que allí se dijo: “Si la carta sustantiva del Estado precisa que la Presidencia de la República se ejerce por un período de cuatro años, no debe modificarse al término de cada período para beneficiar al gobernante de turno”, como dijera Leonel Fernández.

Con esas palabras Leonel denunciaba que “cuando se modifica la Constitución de un país con el único propósito de hacer posible la reelección, eso desata fuertes tensiones y conflictos en la sociedad, que generalmente culminan en una dictadura”.

Pero aun con todo ese golpeo sistemático y continuo, el líder natural del Partido de la Liberación Dominicana, que no necesita del uso apabullante de los recursos del Estado para comprar simpatias y liderazgo,  tendió un ramo de olivo a sus adversarios  cuando llamó a la unidad para asegurar la victoria, para seguir avanzando por senderos de progreso y modernización, y para no poner en peligro la estabilidad del país.