La tolerancia tiene límites

Por Pascual Ramírez.- 

Iniciamos este artículo de opinión auxiliándonos del significado que de la palabra tolerancia nos da La Real Academia de la Lengua cuando la define como “el respeto por los pensamientos y las acciones de terceros cuando resultan opuestos o distintos a los propios”.

Lo anterior implica que ser tolerante es guardar respeto por las creencias, las ideas, las posiciones  y las actitudes de los demás aunque sean totalmente opuestas a las nuestras. La tolerancia siempre va acompañada de la paciencia como dos hermanas siamesas. Y ambas forman parte de los buenos frutos del espíritu de los que nos habló Jesucristo en la Biblia.

Partiendo de esta premisa, podemos ver que en la vida personal se producen situaciones cotidianas que ponen a prueba nuestra moral, nuestra paciencia, nuestros valores y nuestra determinación frente a casos que envuelven retos y desafíos.

A nivel individual, a veces actuamos reactivamente,  respondiendo en el terreno al que nos quieren llevar. En este sentido, hay quienes juegan peligrosamente con nuestros límites, sometiéndonos a presiones y a golpes sistemáticos para ver hasta dónde  aguantamos. Pero un líder político de masas debe estirar al máximo su elasticidad política y flexibilidad personal en aras de no perder la prudencia y la compostura, para no hacerle el juego a sus enemigos o adversarios.

Cuando somos tolerantes reconocemos las diferencias implícitas en los seres humanos y buscamos soluciones conciliadoras e inclusivas. Pero hay quienes confunden la tolerancia con la cobardía y la sumisión, y es ahí donde se cometen las grandes equivocaciones, y vienen las revelaciones.

En el caso del presidente y líder del Partido de la Liberación Dominicana vemos que en aras de mantener la unidad de su organización, ha envainado la espada cuando otros la blanden frente a él, ha callado cuando la calumnia malvada no merece mejor respuesta que el silencio, ha abierto la puerta al diálogo y al entendimiento cuando otros se cierran en la sinrazón.

Pero la tolerancia también llega a sus límites cuando se agotan los recursos de la paciencia, cuando te cierran todas las puertas y hasta la última brecha por donde podría colarse la conciliación buscada. Cuando no te dejan más opciones  que luchar titánicamente por que prevalezcan los principios, y cuando la cohabitación se hace imposible, hay que responder en el terreno que exigen las circunstancias.

Leonel Fernández ha sido muy tolerante con quienes no les perdonan su carisma natural; con quienes resienten que haya salido con una alta tasa de popularidad que le permitió regresar tres veces al poder, y pese al juego sucio al que ha sido sometido después de dejar el poder, hoy todavía el pueblo le prodiga respeto y admiración..

El líder carismático del PLD ha actuado con tolerancia frente a quienes urden sucias tramas porque no le perdonan que conserve sus sufragios y el caudal electoral que lo preconfigura como el líder más potable del país, y la más segura opción de triunfo del partido morado en las elecciones del año 2020.

El doctor Leonel Fernández se comporta con mucha tolerancia frente a la acción propagandista alevosa y el uso de la ley como arma de guerra para destruirlo políticamente, junto con órganos del Estado, dando inicio a un linchamiento mediático de su persona sin reparar el daño que causan a la institucionalidad democrática. En un país donde la institucionalidad es escasa, no importan los argumentos, ni la inocencia de tu defendido cuando el juez es una figura corrupta movida por titiriteros.

Ahora, frente a una confabulación de amplio espectro, impulsada desde el poder y que también incluye a la oposición, Leonel se ve obligado a jugarse el todo por todo para defender su legado e impedir que la democracia interna de su partido perezca en sus manos. De ahí que se destapara con un artículo donde pone al desnudo la inconsistencia y las dobleces de quienes se postran a las tentaciones palaciegas, dejándose “persuadir y ganar” por los consabidos métodos de que se vale el poder para obtener adhesiones.

Por eso ya no es hora de tolerancia, sino de combate abierto contra quienes practican la intolerancia, valiéndose de mayoría mecánica y métodos cuestionables.  La realidad de los hechos impone demostrar que tolerancia no significa postración ni prosternación.

El pueblo llano está convencido de que ciertos grupos de poder buscan impedir su candidatura por la vía que sea y que el primer paso era hacer pasar el proyecto de Ley de Partidos con las modificaciones que rompen el consenso inicial con el único propósito de cerrarle el paso a Leonel dentro de su partido y posteriormente colar la reelección presidencial.

El afán de imponer a toda la sociedad política y civil un método de convención que privilegia lo que decidan las cúpulas partidarias en detrimento de la suprema voluntad de las bases de un partido, es una aberración antidemocrática y anticonstitucional, y frente a tanto desmanes, y violaciones a nuestro incipiente ordenamiento jurídico, se puede decir que la tolerancia debe llegar a su fin.

La participación es el pulmón de la democracia, y dejar eso en manos de cúpulas  partidarias burocratizadas y aburguesadas, sin conexión con el sentir de su militancia, sería permitir, que mediante procesos amañados, secuestren el derecho y la potestad de las bases de elegir libremente a sus candidatos, sin interferencias exteriores distorsionadoras de sus reales preferencias y voluntad política.

Por eso, enhorabuena Leonel empezó a engarzar su perfil conciliador con su perfil de guerrero espartano, en la lucha por evitar la imposición de un método de primaria que dividiría hasta el partido y que inicialmente fue rechazado por casi todo el sistema político, las entidades sociales, empresariales y religiosas.

Cruzadas todas sus líneas rojas, conducido hasta el punto de inflexión entre lo admisible y lo no admisible, al doctor Leonel Fernández se le está llevando  hasta los límites de la tolerancia  y sus reacciones han sido bien gallardas.

Pascual Ramírez es abogado y político.