El PLD entre la espada y la pared

Por Pascual Ramírez.-

Atrapado en conflictos internos y choques grupales, azuzados por sectores temerosos de perder privilegios asociados con posiciones de poder, el  Partido de la Liberación Dominicana, se aboca a reeditar los males que socavaron las fortalezas  de otras organizaciones políticas en la República Dominicana, las cuales hoy han tenido que hacer el papel de “rémoras” para poder subsistir en el espectro político dominicano. De extenderse el juego al que apuestan los titiriteros de la sombra, el partido llamado a concluir la República que soñó  el profesor Juan Bosch, Peña Gómez y Joaquín Balaguer, correría un serio riesgo de naufragio, amén de que pondría en entredicho la posibilidad de mantenerse en el gobierno más allá de las elecciones del año 2020.

Es cierto que el poder emborracha y marea a personas débiles, pero de ahí a enloquecer al punto de poner en juego la estabilidad del país, y la continuidad del partido que los ha hecho grandes, es una canallada que las bases peledeístas nunca perdonarían. Quienes  se mantienen atizando el fuego de una reelección presidencial, que sería como un aborto constitucional forzoso que alumbraría criaturas natimuertas, deberían de pensar en  las consecuencias negativas que arrojaría para la salud del país semejante monstruosidad institucional, concebida solo para obstaculizar la vuelta al poder del líder natural del Partido de la Liberación Dominicana.

Cuando se trata de mantener el poder, es un espejismo considerar que una sola fracción partidaria, desvinculada del sentir general de las masas peledeístas y al margen de la unidad total de la organización, puede ganar unas elecciones. Hasta donde tengo entendido, la militancia mayoritaria del Partido de la Liberación Dominicana no tiene vocación suicida como la han tenido otras militancias partidarias, para dejarse llevar hacia el despeñadero electoral de las manos de liderazgos improvisados y fabricados artificialmente, con el único pretexto de llenar egos inflados, o del temor subyacente de una imaginaria retaliación política, por parte de un hombre que ha demostrado  en su vida publica no guardar rencor ni vilezas que empañen su grandeza humana.

Es notorio el desaliento y la confusión que reina entre los miembros del partido de la estrella amarilla que intuyen que se aproximan, inexorablemente, a una derrota electoral si el candidato presidencial no resulta ser su líder natural, el Dr. Leonel Fernández, como consecuencias de trapisondas y de juegos diabólicos al reeditar figuras, que bien podrían ser payasos de circos.

En el contexto de la revolución francesa, donde sus principales mentores y propulsores perecieron guillotinados, se decía que las revoluciones devoran y se tragan a sus hijos, y extrapolando aquella sentencia a la situación actual del Partido de la Liberación Dominicana, podemos decir que de igual manera dicha organización está siendo llevada al cadalso político, sacrificada en el altar de las ambiciones políticas desmedidas de aquellos que solo reparan en sus intereses particulares.

Esa fábrica de presidentes que inauguró el Dr. Leonel Fernández en el año 1996 y que ha perdurado hasta el día de hoy, está siendo conducida hacia a la ruina, a la bancarrota política, por individuos que desconocen su historia, el sacrificio de cientos de hombres y mujeres que dejaron su juventud, su vida y hasta perdieron sus familias, por la construcción de un partido que sirviera de bases para el bienestar de todos los dominicanos.

Si tratan de abrir las puertas del infierno divisionista, se consumirían todas las posibilidades de que ese partido siga siendo referente de estabilidad y progreso del pueblo dominicano. La posibilidad de que esa fábrica de presidentes, que impulsara el Dr. Leonel Fernández, se mantenga activa y productiva, pasa necesariamente por la vuelta al poder de su carismático líder como condición sine qua non para reconstruir la credibilidad de esa organización política.

Consciente de que la división, la desavenencia, el sectarismo y el espíritu de grupo conducen hacia el desmembramiento y al fracaso, el presidente y líder del Partido de la Liberación Dominicana, se ha propuesto no dar cabida en su pensamiento ni en su alma, a las calumnias, a la envidia, y a las bajezas de seres amorfos, porque como líder natural de esa organización entiende que debe colocarse por encima de las pasiones grupales y de las debilidades humanas.

Conforme a ese entendimiento, Fernández no juega a aplastar a sus rivales sino a una justa competencia con reglas claras, transparentes y equilibradas para todos los aspirantes presidenciales. Sabe que necesitará la colaboración de quienes ahora le adversan internamente, por lo cual le prodiga respeto y compañerismo, con apertura hacia un diálogo abierto y sincero, sin menosprecio de nadie y con miras a llegar a un acuerdo verdadero que permita la continuidad del partido en el poder.

Al Dr. Leonel Fernández no le interesa agudizar las tensiones ni envenenar el ambiente de discordia que compliquen la posibilidad de un acercamiento, acuerdo o reconciliación con sus rivales internos y externos, sobre todo en estos momentos cuando el Partido de la Liberación Dominicana y su gobierno se encuentra en medio de fuego cruzado que amenaza hasta con la gobernabilidad del país, y la salida del poder.

La actitud del Dr. Leonel Fernández, no es hacer del PLD  un cuadrilátero de boxeo para intercambiar golpes entre hermanos, sino un espacio de avenencia, de acuerdo,  de concertación, de conciliación y reconciliación, donde los reales ganadores sean los y las militantes del PLD, dándoles la oportunidad de expresarse y decidir libremente el destino de su partido.

El PLD no puede ser colocado entre la espada y la pared, arrinconado en luchas fratricidas, frustrantes y desgastantes. Solo el Dr. Leonel Fernández con su capacidad conciliadora, y su experiencia de haber sido tres veces presidente, así como su sólido liderazgo, adentro y afuera, lo pondrá a salvo, evitando el encallamiento  y el naufragio de la nave morada en las próximas elecciones del 2020.

Los caminos están abiertos para un diálogo democrático que facilite un pacto político a lo interno del peledeísmo, que sería un pacto por una mejor Republica Dominicana y por la fortaleza del partido de Juan Bosch. Y  Leonel representa la dinámica política que conduce a ello.

 

 

Pascual Ramírez es abogado y político.