Opiniones
La miopía del liderazgo gremial: Cuando la oportunidad histórica se estrelló contra el ego pequeñoburgués

POR: DR. NICANOR RODRÍGUEZ TEJADA.-
Las urnas del Colegio Dominicano de Notarios (CODENOT) han hablado con la crudeza implacable de la realidad. Tras el proceso electoral celebrado el pasado sábado 31 de octubre de 2026, donde los resultados mostraron que una oposición fraccionada dejó escapar la victoria por un margen estrecho, mientras otras expresiones se desdibujaban con una votación marginal, queda una lección tan dolorosa como ineludible: los pueblos y los gremios tienen, muchas veces, los resultados que toleran sus estructuras, pero sobre todo, sufren las consecuencias cuando sus líderes se muestran incapaces de ponerse a la altura de las circunstancias.
En 1159, el teólogo Juan de Salisbury escribió: “Somos como enanos que andan sobre hombros de gigantes. Vemos mejor las cosas que están a la distancia no porque nuestra vista sea superior o porque seamos más altos que ellos, sino porque ellos nos levantan y su gran estatura se añade a la nuestra”, luego Isaac Newton fue quien popularizó la frase en una carta enviada a Robert Hooke en 1676: “Lo que Descartes hizo fue dar un gran paso. Tú has agregado más de muchas maneras… Si yo he logrado ver un poco más lejos, es porque me he parado sobre los hombros de gigantes”. Sobre hombros de gigantes, R. Korolak, 2011,
Nosotros pudimos hablar de esa manera: avanzamos porque estuvimos sobre hombros de gigantes, y no cobijados en una falsa oposición y en la complicidad con la continuidad. Ya desde el pasado mes de abril, cuando hablé con toda la oposición y le advertí, lo que ahora tenemos y en su momento le propuse la imperiosa necesidad de articular un bloque monolítico porque no se ganaba dividido, entendimos que había que desnudar las dobles caras del proceso. En aquel momento, ante las maniobras de algunos «líderes» y sectores que pregonaban un discurso antigubernamental o de oposición en el gremio, pero que en los hechos boicoteaban cualquier entendimiento real, les señalamos con claridad meridiana que su postura era más funcional a la continuidad que a los propios intereses de la estructura del colegio y lo que este representa para sus miembros. Eso es una miopía cuando de interés colectivo se trata, y este proceso acaba de escribirlo con letras de molde para que el tiempo lo preserve como se debe.
A partir de esta hipótesis, muchos jugaron a estructurar falsas salidas, oponiéndose verbalmente a la cúpula gobernante del CODENOT, mientras implícitamente dinamitaban la unidad de la oposición, adoptando la triste postura de quienes se desgarran las vestiduras criticando los males, pero rechazaron el único camino posible para derrotarlos: la concertación basada en principios, carácter y ética no fue posible. Al final, los hechos demostraron que el supuesto disenso era solo una coartada para mantener parcelas personales, facilitando inadvertidamente y hasta deliberadamente los planes de la plancha oficialista.
En este escenario entra la propuesta ignorada: Unidad, Integridad y Principios. Meses antes de los comicios, insistimos con argumentos documentados sobre la necesidad de trascender las mezquindades individuales bajo los principios que Stephen Covey consagra en sus hábitos cardinales: pensar en el ganar/ganar, impulsado a través del sexto hábito de la Sinergia y el séptimo hábito, cuya finalidad es afilar el hacha e incrementar la creatividad y la renovación sistémica, elementos claves de cualquier proceso.
La sinergia es el proceso transformador, la esencia de la interdependencia creativa, sostiene Stephen Covey en Los 7 hábitos. Se centra en los cuatro dones singulares humanos y en el ganar/ganar, haciendo énfasis en que, en la medida que el líder produce un resultado capaz de crear alternativas que antes no existían, dicho liderazgo se produce fuera de cualquier escena miserable, porque su camino es perseguir un escenario nuevo, tal como ocurrió en el caso Lula en el proceso recién terminado en Brasil: hacer posible lo imposible—.
En este proceso era necesaria una herramienta básica: “La confianza; la cuenta bancaria emocional, dice Covey, y que es la esencia de la filosofía ganar/ganar. Sin confianza, lo mejor a nuestro alcance es la transacción; sin confianza, nos falta la credibilidad necesaria para la comunicación y el aprendizaje abiertos, recíprocos, así como para la creatividad real”, lo cual resulta muy difícil cuando existen cicatrices y desconfianza sin saber de dónde vendrá el próximo disparo.
De igual manera, al ponderar la necesidad de un precedente histórico que con mucha sinergia podía asumir un candidato coyuntural como el Dr. Wilson Gómez Ramírez, recordamos que los momentos de crisis exigen grandeza institucional. Pusimos sobre la mesa ejemplos históricos incontrastables de pragmatismo ético: desde la gran alianza internacional que se forjó para derrotar la peor barbarie en la Alemania nazi de mediados del siglo pasado, donde naciones con profundas diferencias ideológicas depusieron sus rencillas ante el peligro mayor, hasta la genialidad política de líderes de nuestra propia historia democrática como José Francisco Peña Gómez en 1978, quien supo integrar voluntades tan disímiles como la de Elías Wessin y Wessin bajo un objetivo superior de rescate democrático. Más recientemente, el fenómeno global de la resurrección política de Lula da Silva en Brasil demostró que las grandes remontadas solo son posibles cuando se aglutinan frentes amplios capaces de contener la polarización destructiva de una coyuntura negativa. En ese juego no juegan todos los líderes, porque es allí donde se mide el verdadero carácter y espacio de un estadista.
En ese orden, fuimos contundentes, queriendo hacer que la coyuntura presente en el CODENOT impulsara a ese liderazgo a dar una respuesta que trascendiera la miopía de la vestimenta individual. Desde el mes abril iniciamos este proceso, la carta son el resultado de lo obtenido, hicimos consultas, tocando como primera carta al Dr. Pedro Rodríguez Montero, a quien posterior a las discusiones le envié una comunicación en fecha 28 de agosto de 2026, resumida en los siguientes términos:
“En aquel momento le precisé que la iniciativa se consultaba simultáneamente con usted y con el colega Marcelino, estando en proceso de contactar a la Dra. Laura Sánchez y al Dr. Rodolfo Pérez Mota (a Pérez Mota no fue posible consultarle) y Teófilo aún no figuraba en ese esquema por su conocida vinculación con la gestión oficialista hasta ese momento. Ante las reservas generadas por el Dr. Pedro contra Manuel Olivero —sobre la base de haber firmado la carta de reelección de John Richard—, y nosotros en la búsqueda incesante de una figura que encarnara la calidad ética e institucional que el momento exigía y hoy ha sido confirmada de manera latente, procedí a consultar al Dr. Wilson Gómez Ramírez… Al ser el Dr. Pedro Rodríguez la primera persona a quien le comuniqué esta importante posibilidad, manifestó que la sometería a la consideración de su equipo. Días después, me informó que, aunque su persona veía muy positiva la idea del Dr. Wilson, su equipo la había objetado…”
De igual manera, nos reunimos con Manuel Olivero, a quien posterior a imposibilitarse la concreción de la unidad le dirigimos una comunicación cuyo contenido se fundamentó en los siguientes términos:
“En aras de la verdad histórica y en estricto apego al principio de ‘dar al César lo del César’, debo reafirmar que usted fue la primera persona en quien pensé y a quien valoré como la figura ideal para encabezar una gran alianza opositora… Sin embargo, como le expresé de manera directa en nuestra conversación presencial, el escenario político-gremial presentó escollos externos. Fue el Dr. Pedro Rodríguez Montero quien condicionó y objetó su articulación como candidato de consenso… Fue únicamente ante esa brecha, y con el solo propósito de no cerrar la canalización de una plataforma unitaria, que procedí a explorar la figura del Dr. Wilson Gómez Ramírez como un catalizador neutral.” quien por igual no se le valoro y se distancio a ver en la distancia porque nos quedamos enanito.
En cuanto a la misiva comunicada al Dr. Wilson Gómez, le confesé que: “El objetivo de compartirle este expediente no es otro que otorgarle plena transparencia sobre los alcances, discusiones y posturas que surgieron durante el proceso de consulta…”
Resumidas estas iniciativas y encontrando ahora el resultado de un candidato que se creía la crema innata de la actividad, surge la interrogante: ¿sucedió ese factor o sobre esa condición se generó un negocio? Su disposición a asumir la responsabilidad de ser el candidato aglutinador de la oposición, en un momento en que la institución atraviesa por lo que quizás sea el punto de inflexión más crítico, habría reafirmado una impronta de dignidad, transparencia y compromiso ético.
Tanto usted, Dr. Wilson como el suscrito, les referir coincidimos en una visión necesaria y realista: el Colegio Dominicano de Notarios se ha distanciado de sus objetivos fundacionales de servir a su membresía. La institución ha obviado una realidad biológica e ineludible: en el proceso de declinación productiva que por razones de edad o salud enfrentan muchos de nuestros colegas. El gremio debió ser, en todo momento, un instrumento captador de solidaridad, enfocado en elevar la calidad de vida y proteger la dignidad de los profesionales de la fe pública en su etapa de mayor vulnerabilidad.
Es a partir de este esquema que el lastre de los llamados vicios pequeñoburgueses, presentes en la estructura social y en este gremio notarial, cruzó el surco de la frustración, impidiendo la construcción de la arquitectura que precisaba esa unidad. El individualismo patológico, la mezquindad de capillas, el afán de protagonismo estéril y las ambiciones personales ciegan a dirigentes que son incapaces de contemplar la coyuntura macro.
Atrapados en su micro mundo de privilegios aparentes y dobles juegos discursivos, estos actores no pudieron concebir lo que significaba articular un frente que integrara la dignidad, la transparencia, la honestidad y la ética. Incluso el valioso acompañamiento estratégico, técnico y patrimonial propuesto desde los espacios de NOTACOOP fue ignorado olímpicamente bajo la falsa ilusión de que las inercias del pasado y los cálculos de pasillo bastarían para triunfar.
Es aquí donde comprendemos la magnitud de la sinergia explicada y sostenida por Stephen Covey como el hábito supremo de la interdependencia creativa: el todo es superior a la suma de sus partes. Cuando los actores logran sincronizar sus propósitos bajo este principio, los elementos positivos que se desatan generan un valor agregado transformador: la confianza mutua disuelve la defensividad, la comunicación empática se convierte en cooperación creativa, y las diferencias individuales se transforman en fortalezas complementarias. Este fenómeno no solo multiplica la energía del grupo, sino que inspira un esfuerzo colectivo impulsado por una visión compartida.
Para comprender la ampliación de los objetivos a través de la sinergia, tomemos el ejemplo físico de levantar una carga: si dos personas pueden alzar 250 kilos, la adición de una tercera persona que permita elevar el peso a 500 kilos no significa que ese tercer individuo posea la capacidad sobrehumana de duplicar por sí solo la fuerza combinada de los dos anteriores. Lo que ocurre es un auténtico valor agregado de orden superior creado por la sinergia estructural. La introducción del tercer elemento optimiza la distribución de la fuerza, equilibra el centro de gravedad del esfuerzo, elimina las resistencias y vectores encontrados, y reorganiza la energía del equipo de manera geométrica y no meramente lineal. Así, la sinergia demuestra que la cooperación creativa no solo suma talentos, sino que rediseña las reglas de la física social y política, permitiendo alcanzar metas que habrían resultado absolutamente imposibles bajo el fraccionamiento de las voluntades.
¿El resultado de la miopía? Con una votación donde faltó un margen mínimo para alcanzar la victoria y con expresiones marginales diluidas, queda en evidencia que prefirieron la derrota fragmentada antes que la victoria compartida bajo los principios del bien común.
Cuando los líderes carecen de la visión estratégica para construir acuerdos amplios y ceden ante sus apetencias particulares, terminan repitiendo el triste papel de aquellos que no supieron defender con dignidad lo que correspondía. Ante el fracaso, se refugian en el desgarrador grito de Jeremías: a berrear como niños lo que no fueron capaces de defender como hombres.
Más allá de hablar de «traición», un concepto que a menudo exculpa la propia incompetencia y la doble agenda, el liderazgo opositor deberá rendir cuentas ante la historia gremial en este futuro inmediato. La gestión del CODENOT y los retos estructurales del notariado dominicano no se resuelven con lamentos de última hora ni con comunicados tardíos. Se resuelven con coherencia, honradez y la capacidad de entender que la libertad y la dignidad institucional no se heredan, se conquistan uniendo fuerzas de verdad.
Mientras los dirigentes sigan priorizando sus dobles juegos y sus parcelas personales por encima del bienestar colectivo de una clase notarial que hoy clama por transparencia y rescate financiero, seguiremos asistiendo al triste espectáculo de derrotas anunciadas. La historia no perdona a los ciegos voluntarios, y los miembros del gremio notarial, más temprano que tarde, pasará factura a quienes prefirieron el naufragio antes que remar juntos hacia la orilla de la ética. Aquí cierro mis debates sobre el tema, que no tenía otra salida que la que se prefirió construir.
(Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no reflejan necesariamente la postura de Últimas Noticias).












