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El próximo paso de la capital es cultural

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Por Hugo Oscar Chavez (Huguito).-

La recuperación de parques, plazas y espacios públicos en el Distrito Nacional es una buena noticia. Cada espacio recuperado representa una oportunidad para que la gente vuelva a encontrarse, disfrute de su entorno y haga suya la ciudad. Pero, una vez rehabilitados, surge una pregunta necesaria: ¿qué actividades ofreceremos para mantenerlos vivos durante todo el año?

La cultura debe formar parte de la respuesta. Santo Domingo necesita una agenda cultural propia de su Alcaldía, permanente y descentralizada, que vaya más allá de patrocinar eventos, otorgar permisos para el uso de espacios públicos o celebrar el Carnaval una vez al año.

En la capital existen iniciativas valiosas impulsadas por el sector privado, como Fineta, Bocao y Caye, así como propuestas del Ministerio de Turismo, entre ellas el apoyo a Grupo Bonye y Turizoneando. Todas contribuyen a dinamizar la ciudad y merecen reconocimiento. Sin embargo, una cosa es facilitar actividades organizadas por terceros y patrocinadas por el cabildo, y otra es que el gobierno municipal diseñe y sostenga una programación cultural propia, pensada desde las necesidades de sus residentes.

El carnaval es una celebración importante de nuestra identidad, pero no puede representar por sí solo la oferta cultural de una ciudad que vive y se transforma todos los días. La cultura no debe aparecer únicamente en fechas especiales de parte de la alcaldía: tiene que sentirse durante todo el año.

Imaginemos un programa de Teatro Público, con obras gratuitas en parques y plazas; noches de stand-up comedy que abran espacio a nuevos talentos; proyecciones cinematográficas periódicas al aire libre; ferias gastronómicas que roten por los sectores; y presentaciones de música, danza, poesía y artes plásticas. También podrían organizarse talleres para niños, actividades para adultos mayores y encuentros dedicados a la historia y las tradiciones de cada comunidad.

La clave es que estas propuestas no se concentren siempre en los mismos lugares. La agenda debe llegar a las tres circunscripciones del Distrito Nacional, con actividades adaptadas a cada territorio y calendario público que permita a las familias saber qué hacer, dónde y cuándo. Los barrios también producen cultura, tienen artistas, emprendedores e historias que merecen escenarios y públicos.

Otras ciudades muestran que esta visión es posible. Madrid y Barcelona mantienen agendas oficiales que reúnen actividades culturales de distintos tipos y para diferentes públicos. Bogotá, mediante sus Festivales al Parque y sus escenarios móviles, combina grandes encuentros con espectáculos que llegan a diversos barrios. Santo Domingo no tiene que copiar esos modelos, pero sí asumir la misma idea de fondo: la cultura puede ser una política pública continua y parte de la identidad urbana.

El impacto sería mayor que el entretenimiento. Una programación frecuente ayudaría a fortalecer la convivencia y la apropiación de los espacios recuperados. Con buena iluminación, seguridad y mantenimiento, un parque activo puede convertirse en un punto de encuentro para vecinos y familias. Además, las actividades crearían oportunidades para músicos, actores, comediantes, cineastas, bailarines y gestores culturales, especialmente para quienes tienen pocas posibilidades de acceder a escenarios comerciales.

También podrían dinamizar los pequeños comercios y emprendimientos cercanos, mientras que la gratuidad reduciría las barreras económicas que impiden a muchas familias disfrutar de la oferta cultural de la ciudad. La cultura debe ser accesible, diversa y distribuida con equidad.

Para hacerlo viable, la Alcaldía podría establecer un calendario anual, un presupuesto definido, convocatorias transparentes para artistas y alianzas con universidades, organizaciones comunitarias y empresas. No todas las actividades requieren grandes tarimas ni producciones costosas; una obra pequeña, una proyección o una presentación musical pueden tener un impacto significativo si se organizan bien y se mantienen en el tiempo.

La recuperación de los espacios públicos representa un avance que merece continuar. El paso siguiente es convertir esos lugares en escenarios para la convivencia, la creatividad y el encuentro. La Alcaldía no debe limitarse a facilitar la cultura que otros producen: también debe planificarla, promoverla y llevarla directamente a la ciudadanía.

Rescatar espacios públicos es devolverle a la gente una parte de la ciudad. Llenarlos de cultura es darles razones para disfrutarlos durante todo el año.