NACIONALES
Víctor Grimaldi Céspedes: de la juventud comprometida al servicio público y la diplomacia

Una trayectoria dominicana entre 1966 y 2026
Santo Domingo.- En enero de 1971, Víctor Manuel Grimaldi Céspedes estaba sentado en un auditorio de Washington, escuchando al obispo puertorriqueño Antulio Parrilla Bonilla. Acababa de cumplir veintiún años. Una fotografía de aquella reunión lo conserva entre los asistentes; una flecha permite reconocerlo. La imagen pertenece a una etapa en la que su vida ya había tomado una dirección: el trabajo comunitario, la formación social y el periodismo lo habían llevado desde los barrios de Santo Domingo hasta los espacios donde se discutían los problemas de América Latina.
Para entender cómo llegó allí hay que remontarse a los años anteriores. Y para comprender lo que aquella experiencia significó, hay que seguirlo después por las redacciones, la televisión, los archivos históricos, la administración pública y las embajadas. Durante seis décadas, sus ocupaciones cambiaron y sus responsabilidades crecieron. El interés por conocer el país y explicar sus relaciones con el mundo acompañó ese recorrido.
Víctor Manuel Grimaldi Céspedes nació en Santo Domingo el 22 de diciembre de 1949. Su educación transcurrió por distintas instituciones: el Colegio Nuestra Señora de La Altagracia, entre 1953 y 1955 y nuevamente entre 1962 y 1967; el Colegio San Juan Bosco, de 1956 a 1959; el Instituto Politécnico Loyola, entre 1959 y 1960; y el Colegio Dominicano de La Salle, entre 1968 y 1969. La formación católica estuvo presente desde esos primeros años y reaparecería, con otras exigencias y otros interlocutores, en su vida adulta.
En 1966, cuando tenía dieciséis años, era voluntario de la Defensa Civil y pertenecía al Grupo número 15 de la Asociación de Scouts Dominicanos, en Santo Domingo. Una credencial scout conservada entre sus documentos tenía validez hasta el 27 de febrero de 1967. Ambas actividades lo situaban temprano en ambientes de disciplina, cooperación y servicio.
Su vinculación con el Instituto de Promoción Social fue más extensa de lo que dejaba ver una simple credencial. Entre 1966 y 1969 trabajó allí como promotor y supervisor. En 1966 realizó el Cuarto Cursillo de Formación Social, dedicado a la promoción social y al desarrollo de la comunidad. El certificado, fechado el 20 de noviembre, le otorgó la calificación de «Excelente».
La formación se acompañaba de trabajo sobre el terreno. En 1967 participaba en labores comunitarias en La Zurza, Cristo Rey y Capotillo. Esos barrios formaron parte de su aprendizaje de la sociedad dominicana: el contacto con sus habitantes daba contenido concreto a las cuestiones de pobreza, organización y desarrollo que se estudiaban en los cursos. Antes de entrevistar a figuras internacionales, había trabajado entre personas cuyas necesidades rara vez ocupaban el centro de las decisiones públicas.
En 1967 realizó reportajes para Listín Diario. En 1968 siguió cursos de comunicación social y cine en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, incluido el Curso de Iniciación Cinematográfica impartido por el sacerdote jesuita José Luis Sáez. Entre 1969 y 1970 amplió su preparación en periodismo y diplomacia en el Instituto Dominicano de Periodismo. El 14 de junio de 1969 ingresó en El Nacional de ¡Ahora!, fecha que marca el comienzo de su carrera profesional en una redacción.
Tenía diecinueve años. Desde entonces, el periodismo se convirtió en una ocupación sostenida. Su trayectoria incluiría funciones como ejecutivo, redactor y columnista en El Nacional de ¡Ahora!, Listín Diario, La Noticia y Vanguardia del Pueblo, además de colaboraciones posteriores en otros medios impresos y digitales. La experiencia de la prensa diaria le exigía buscar información, conversar con los protagonistas y escribir para lectores que necesitaban comprender lo que ocurría.
También estuvo vinculado a Noticias Aliadas como corresponsal. Aquel servicio de prensa, relacionado con el Centro de Información Católica del Perú, distribuía información a medios latinoamericanos y de otros países. Por esa vía, la actividad periodística de Grimaldi se conectaba con un mundo católico interesado en los conflictos sociales y políticos del continente.
En agosto de 1970 hizo su primer viaje a Washington. Allí entrevistó a Galo Plaza, secretario general de la Organización de los Estados Americanos. Tenía veinte años y ya se encontraba ante un interlocutor de alcance continental. La conversación ampliaba el horizonte de sus reportajes y le permitía acercar a los lectores dominicanos a los asuntos de la política interamericana.
Regresó en enero de 1971 gracias a una invitación gestionada por el sacerdote jesuita Sergio Figueredo. En esos días participó en dos encuentros. El primero fue la XIV Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, celebrada el 30 y el 31 de enero, en el contexto de la disputa entre Ecuador y Estados Unidos conocida como la guerra del atún. Las deliberaciones involucraban los derechos de pesca, la jurisdicción marítima y las tensiones entre países del hemisferio.
El segundo fue la Octava Conferencia Anual del Programa Católico de Cooperación Interamericana, CICOP, celebrada del 28 al 31 de enero. Su tema era «Libertad y falta de libertad: una reflexión teológica sobre la situación humana en las Américas». Las ponencias se publicaron bajo el título Freedom and Unfreedom in the Americas: Toward a Theology of Liberation.
En aquel encuentro se hablaba de las dictaduras, de las cárceles, de la tortura y de las obligaciones de los cristianos frente a la pobreza y la persecución. Para Grimaldi, esos debates tenían relación con las preocupaciones que había conocido en su trabajo social. Ahora escuchaba a personas que las abordaban desde otros países y desde experiencias pastorales, políticas e intelectuales diferentes.
Entre ellas estaba Antulio Parrilla Bonilla, jesuita y obispo puertorriqueño, a quien recordaría por su defensa de la justicia social, el cooperativismo y su pueblo. El pie de la fotografía de su intervención recoge una denuncia sobre la esterilización de mujeres en Puerto Rico y menciona una cifra del 34 por ciento. Esa referencia pertenece al testimonio del obispo reproducido en el recorte. La misma leyenda identifica a Grimaldi como autor del trabajo periodístico y lo señala entre los asistentes.
Allí conoció al periodista, escritor y exdiputado brasileño Márcio Moreira Alves, exiliado después de haber denunciado la represión de la dictadura militar de su país. Grimaldi conserva una escena de aquel encuentro: al saber que era dominicano, Moreira Alves le preguntó «¿Y Trujillo?». El joven entendió que el brasileño creía que el dictador todavía gobernaba. Habían transcurrido casi diez años desde su muerte.
La pregunta quedó en su memoria por lo que revelaba de la distancia informativa entre pueblos vecinos. Entrevistó a Moreira Alves sobre las prisiones políticas y las torturas en Brasil, y publicó la conversación en la revista ¡Ahora!. El encuentro se convirtió así en una oportunidad de comunicar a sus compatriotas una experiencia latinoamericana de persecución y exilio.
En el ambiente de CICOP conoció también al sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez, cuya reflexión sobre el Evangelio y la vida de los pobres daría forma a Teología de la liberación, publicada en 1971. Recordaría asimismo a Louis Michael «Mike» Colonnese y las iniciativas de información y solidaridad vinculadas al Latin American Bureau. Entre ellas figuraba el Movimiento de Información y Acción Urgente, MIAU, que procuraba hacer circular denuncias obstaculizadas por los gobiernos represivos. Esas redes forman parte del contexto en que se desenvolvió su actividad periodística de aquellos años.
En enero de 1972 volvió a Washington para la Novena Conferencia Anual de CICOP, celebrada del 27 al 30 de enero y dedicada a las comunicaciones en las Américas. A los veintidós años, continuaba acercándose al problema de cómo transmitir información entre sociedades separadas por la censura, las diferencias políticas y el desconocimiento mutuo.
Ese mismo año recibió formación en periodismo científico y educativo en Quito, Ecuador, mediante CIESPAL y la OEA. También participó como observador de las elecciones presidenciales estadounidenses por invitación del Departamento de Estado, experiencia que repetiría en 1976. En 1972 conoció en Atlanta, Georgia, a Jimmy Carter. Su relación temprana con Estados Unidos incluía, por tanto, contactos periodísticos, formación y observación de sus procesos políticos.
En 1973 realizó un curso intensivo de inglés en la Universidad de Michigan. El dominio del español, el inglés y el italiano sería posteriormente una herramienta de trabajo para la investigación y la diplomacia. Durante esos años empezó a desarrollar estudios que ampliaban su campo más allá de la noticia inmediata: entre 1973 y 1975 investigó la migración dominicana a Estados Unidos en Nueva York y Santo Domingo; entre 1973 y 1980, las corporaciones multinacionales en Nueva York y Washington; y entre 1973 y 1989, las relaciones exteriores estadounidenses.
En 1975 participó en un seminario de New York University sobre la intervención norteamericana. Se iba definiendo un interés que recorrería buena parte de su obra: explicar cómo las decisiones de Washington habían influido en la historia dominicana y en las posibilidades políticas de los países del Caribe.
A partir de 1976, la economía adquirió una presencia importante en su actividad pública. Fue asesor del director del Centro Dominicano de Promoción de Exportaciones y comenzó a producir Economía al Día, programa de televisión que mantuvo hasta 1992. Llevar los asuntos económicos a la pantalla significaba hablar de producción, comercio, finanzas y desarrollo ante un público más amplio que el de los círculos especializados.
En 1977 publicó Entrevistas, Análisis y Reportajes. El título reunía las formas de trabajo que había practicado desde la juventud. Ese año participó en Washington con motivo de la firma de los Tratados del Canal de Panamá, otro acontecimiento decisivo de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina.
El 20 de abril de 1977, Juan Bosch le dedicó en Santo Domingo un ejemplar de Hostos, el sembrador. Grimaldi tenía veintisiete años. Bosch escribió: «A Víctor Grimaldi, con amistad, pero también con estimación por su honestidad intelectual y humana». La dedicatoria expresa una apreciación personal que acompañaría los años posteriores de su relación y de su trabajo sobre la historia dominicana.
Entre 1978 y 1986 fue miembro y dirigente del Partido de la Liberación Dominicana. La cercanía a Bosch tuvo así una dimensión política, además de periodística e intelectual. Su currículum registra también, en 1990, la responsabilidad de coordinar informática y comunicaciones del PLD. Son funciones correspondientes a momentos distintos de su trayectoria.
Mientras trabajaba en los medios, continuó estudiando. En el Instituto Tecnológico de Santo Domingo cursó Sistemas Económicos Comparados y Desarrollo Económico en 1977; Ingeniería de Sistemas entre 1981 y 1985; Técnicas de Investigación Científica en 1982; y Matemáticas para Ciencias Sociales en 1983. En 1982 realizó además cursos de IBM sobre fundamentos de programación RPG II y sobre programación y diseño. Esos estudios muestran una atención temprana a la tecnología y a los instrumentos cuantitativos de análisis.
En 1980 recorrió Suiza e Italia en actividades relacionadas con la comercialización del oro dominicano. Entre 1983 y 1984 fue asesor del secretario técnico de la Presidencia. De 1983 a 1988 investigó la economía y el sector financiero en Nueva York, Madrid y Santo Domingo. La relación entre formación, comunicación económica y asesoría institucional se hacía cada vez más estrecha.
Desde 1984 desarrolló de manera sistemática su investigación de la historia contemporánea dominicana. En 1985 publicó Los Estados Unidos en el derrocamiento de Trujillo, El diario secreto de la intervención norteamericana de 1965 y El misterio del golpe de 1963. Las tres obras abordaban acontecimientos diferentes, pero enlazados: el final de la dictadura, la caída del gobierno de Bosch y la intervención militar estadounidense.
Para esas investigaciones recurrió a documentos, testimonios y archivos relativos a la política exterior de Estados Unidos. Su libro sobre Trujillo incorporaba el informe del Comité de Inteligencia del Senado estadounidense sobre la participación de la CIA en los planes para eliminar al dictador. El misterio del golpe de 1963 se presentaba con una referencia explícita a los informes confidenciales sobre el derrocamiento de Bosch.
El 25 de septiembre de 1985 puso en circulación El misterio del golpe de 1963 en el Museo Nacional de Historia y Geografía. Participaron Juan Bosch y José Chez Checo, director del Museo. La crónica de Mirtilio Féliz Peña, publicada al día siguiente en la página 4 de Listín Diario, conserva el título del libro y las declaraciones de Bosch durante la presentación.
Bosch reclamó que los historiadores lo consultaran como protagonista y afirmó que «la historia es una cosa que requiere seriedad». Expuso también su versión sobre la Misión Militar Norteamericana, el general Víctor Elby Viñas Román y los campamentos de guerrilleros haitianos. La presentación reunía al investigador con un protagonista central de los acontecimientos estudiados, cuya palabra debía ser escuchada y examinada junto con las demás fuentes.
La recepción de esos libros tuvo una expresión concreta en la prensa. El 28 de diciembre de 1985, la sección Biblioteca de La Tarde Alegre publicó una encuesta de quince librerías de Santo Domingo que situaba a Balaguer, Grimaldi y Emiliano Tardif entre los autores de mayores ventas del año. Grimaldi acababa de cumplir treinta y seis años. Sus investigaciones habían encontrado lectores interesados en volver sobre episodios que seguían gravitando en la vida nacional.
Ese año participó también en el Foro de la Prensa Latinoamericana sobre la Crisis Financiera Regional, en La Habana. Su actividad televisiva recibió los premios El Dorado en 1984, 1985 y 1986, y en 1986 obtuvo el reconocimiento El Gordo del Año. Una acreditación de prensa de Listín Diario para la juramentación presidencial del período 1986–1990 conserva otro episodio de su trabajo periodístico.
Entre 1986 y 1988 fue director ejecutivo de la Asociación Dominicana de Empresas Financieras, ADEFI, y entre 1988 y 1989 continuó como asesor de esa entidad. De 1988 a 1990 trabajó como consultor del proyecto turístico Desarrollos Sol, en Bávaro. Durante esos mismos años investigó las entidades bancarias dominicanas.
De 1988 a 1991 fue consultor del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo para el diálogo entre el sector público y el privado. En 1991 dirigió el Programa de Desarrollo Empresarial del Club de Ejecutivos de Santo Domingo. Entre 1991 y 1992 investigó los ajustes estructurales, la reforma fiscal y el desarrollo humano. El desarrollo económico aparecía en su trabajo ligado a las instituciones y a la concertación entre actores sociales.
Los libros de ese período permiten seguir esas preocupaciones. Publicó Juan Bosch, el comienzo de la historia en 1990; Cambios mundiales, desarrollo y concertación social en 1991; y Crisis en 1990 y una agenda nacional más allá de 1994 en 1993. El diario secreto de la intervención norteamericana de 1965 había tenido una segunda edición en 1989. La investigación histórica convivía con el análisis de los problemas del presente.
En 1992 y 1993 produjo Fórum Empresarial y Línea Nocturna. En 1993 pronunció en el Instituto Militar de Estudios Superiores la conferencia «Implicaciones del liberalismo económico y la crisis ecológica». Su agenda de trabajo incluía entonces cuestiones que exigían relacionar la economía con sus consecuencias sociales y ambientales.
En 1996 asumió la Contraloría General de la República. Ejerció el cargo del 5 de febrero al 19 de agosto. Tenía cuarenta y seis años y llegaba con experiencia en el periodismo, el análisis económico y la asesoría pública. En la Contraloría, la responsabilidad recaía sobre el control interno de la administración estatal y el manejo de los recursos públicos. Aquella experiencia se convertiría después en materia de un libro, En la Contraloría, publicado en 1999.
Su currículum consigna también, en 1996, la representación permanente de la República Dominicana ante la OEA con rango de embajador. Washington volvía a formar parte de su trayectoria bajo una responsabilidad institucional. La organización cuyo secretario general había entrevistado en 1970 aparecía ahora como ámbito de representación de su país.
En 1999 integró la delegación oficial que acompañó al presidente Leonel Fernández en su visita a Taiwán. Al regreso participó en un recorrido por empresas de alta tecnología en Silicon Valley. El viaje se enlazaba con su interés previo por la informática y con las nuevas relaciones entre innovación, economía y desarrollo.
Ese mismo año publicó Tumbaron al Jefe, que tendría nuevas ediciones en 2004 y 2009. Los Estados Unidos en el derrocamiento de Trujillo reapareció también en 1999 y, más adelante, en 2024. La revisión y circulación de esas investigaciones se extendió así a generaciones distintas de lectores.
Entre 2000 y 2001 coordinó la Agenda Nacional de Desarrollo y el Diálogo Sector Público-Privado. De 2000 a 2004 fue consultor de la Secretaría de Estado de las Fuerzas Armadas. Las labores institucionales convivían con una nueva etapa de publicaciones: Golpe y Revolución apareció en 2000; En la fábrica del siglo, en 2001, con otra edición en 2005; y 1965, la invasión norteamericana, en 2005.
Golpe y Revolución reunía el estudio del derrocamiento de Juan Bosch y la intervención estadounidense. Tuvo reediciones posteriores, incluida la registrada en su currículum en 2008. Sangre en el barrio del Jefe apareció en ediciones de 2007, 2008 y 2009. En 2009 publicó además Juan Bosch y García Márquez, entrevistas y Balaguer subiendo al poder. En 2012 añadió La guerra de Pichirilo a su obra sobre los acontecimientos dominicanos de 1965.
Su participación en publicaciones colectivas incluyó trabajos de seminarios de las Fuerzas Armadas en 2002 y 2003, contribuciones a las Obras selectas de Joaquín Balaguer en 2006 y a las Obras completas de Juan Bosch en 2012. En 2006 volvió al Instituto Militar de Estudios Superiores con una conferencia sobre la Revolución de 1965 y la intervención norteamericana. El trabajo de archivo encontraba salida en libros, conferencias y debates con públicos diversos.
El 3 de abril de 2009 presentó sus cartas credenciales ante Benedicto XVI como embajador extraordinario y plenipotenciario de la República Dominicana ante la Santa Sede. Tenía cincuenta y nueve años. La misión romana abría una etapa de casi once años, durante la cual representaría también al país ante la Soberana Orden de Malta, desde noviembre de 2009, y ante la República Helénica, Grecia, desde diciembre de 2010.
El mensaje de Benedicto XVI al nuevo embajador abordó la corrupción, la pobreza, el narcotráfico, la transparencia y la necesidad de servicios sociales y de una justicia independiente. El Nacional publicó ese día un despacho de EFE sobre esas palabras. En la misma página, una información de Rafael Tomás Jaime recogió la invitación de Grimaldi al pontífice para visitar la República Dominicana con motivo de los quinientos años de las primeras diócesis americanas.
El periódico informó asimismo de una propuesta del embajador para convocar una conferencia mundial de jefes de Estado, de Gobierno y líderes religiosos sobre «La ética y la fe en un mundo económicamente globalizado». Según aquella noticia, Benedicto XVI recibió la iniciativa con simpatía y expresó que la sometería al estudio de sus colaboradores. La preocupación por los efectos humanos de la economía tenía continuidad en su nueva responsabilidad diplomática.
En 2010 coordinó la audiencia de Benedicto XVI al presidente Leonel Fernández. En 2011 gestionó la participación de la Santa Sede como invitada de honor en la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo. Ese año recibió la Orden de Pío IX y un reconocimiento por sus investigaciones históricas en la feria dominicana. El libro y la cultura formaban parte de los instrumentos de su labor de representación.
Con la elección de Francisco en 2013 continuó su misión ante la Santa Sede. El 13 de junio de 2014 coordinó la audiencia del nuevo pontífice al presidente Danilo Medina. En 2014 recibió la Gran Cruz Pro Mérito Melitense de la Soberana Orden de Malta. Por su antigüedad en el cargo ejerció también como decano del grupo de embajadores de América Latina y el Caribe acreditados ante la Santa Sede.
En Roma, las relaciones institucionales se acompañaban de encuentros intelectuales. El cardenal Gerhard Ludwig Müller le obsequió Povera per i poveri. La missione della Chiesa, publicado en 2014 por la Libreria Editrice Vaticana, con prefacio de Francisco y contribuciones de Gustavo Gutiérrez y Josef Sayer. Encontrar nuevamente a Gutiérrez en aquellas páginas lo remitía al ambiente de CICOP y a una reflexión sobre la pobreza que había conocido en su juventud.
Su relación con la Iglesia comprendía también preguntas sobre la responsabilidad de sus miembros y de sus autoridades. Recordaba la denuncia de Joseph Ratzinger sobre la suciedad en la Iglesia durante el vía crucis de 2005. La experiencia católica que había acompañado su formación seguía siendo un ámbito de lectura, reflexión y examen de conciencia institucional.
En 2015 apareció en la portada del primer número de Perspectiva Diplomática, Revista Dominicana de Política Exterior, correspondiente a enero-junio. La fotografía colectiva del Foro de la Diplomacia Dominicana lo muestra al lado del presidente de la República, ubicación que ha precisado al revisar la imagen. La escena recoge su participación en la vida institucional del servicio exterior.
Entre las iniciativas de su misión estuvieron las destinadas a fortalecer la presencia religiosa y cultural dominicana en Roma y el Vaticano. La imagen de Nuestra Señora de la Altagracia en los Jardines Vaticanos, instalada en mayo de 2016 y bendecida en noviembre de ese año, y la réplica vinculada a San Marcello al Corso en 2018 forman parte de esa etapa. La devoción dominicana encontraba una presencia visible en lugares de especial significado para los católicos.
En mayo de 2017, Grimaldi y su esposa, Rita De Moya, recibieron en la residencia diplomática de Via di Porta Angelica al embajador Frank Rainieri, a su esposa Haydee y a una delegación de la Asociación Dominicana de la Orden de Malta. La visita incluyó la audiencia general con Francisco y otras actividades religiosas y sociales. La representación diplomática se desarrollaba también mediante esos encuentros entre personas e instituciones.
En 2017 encabezó una misión para promover nuevos nichos de mercado en Friuli-Venezia Giulia, Italia. El trabajo económico, que había ocupado una parte importante de su trayectoria dominicana, se incorporaba a sus gestiones exteriores. En aquellos años mantuvo además encuentros con el pontífice, entre ellos los del 13 de junio de 2018 y el 12 de junio de 2019.
El 17 de enero de 2020 tuvo su audiencia de despedida con Francisco. Su misión ante la Santa Sede concluyó el 21 de enero. El reconocimiento del Cuerpo Diplomático Latinoamericano acreditado ante la Santa Sede por sus once años de trabajo en Roma expresa la valoración de colegas que habían compartido con él esa etapa. Desde marzo hasta agosto de 2020 fue embajador designado ante el Reino de Suecia.
Ese año contribuyó a El legado italiano en República Dominicana con el ensayo «Raíces y fortaleza de las relaciones diplomáticas entre República Dominicana e Italia». La escritura volvía a recoger una experiencia de relaciones internacionales y a situarla en una perspectiva histórica.
El final de la misión romana fue seguido por una actividad sostenida en los medios y en las universidades. Desde 2021, programas sobre relaciones internacionales y diplomacia en los que intervino junto al productor Luisín Mejía fueron retransmitidos por Cinevisión, canal 19. Sus colaboraciones periodísticas continuaron en Listín Diario, Diario Libre, Últimas Noticias, Noticias SIN y otros medios.
En junio de 2022 habló sobre diplomacia en la Universidad Católica Tecnológica de Barahona; en marzo de 2023, en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra; y en septiembre de 2024, en la Universidad Católica del Este. En 2023 publicó Diplomacia en Santa Sede. La novela Allá en el Caribe, presentada también en 2023 y publicada con el ISBN 978-9945-18-594-2, añadió la creación literaria a su obra histórica y testimonial.
La condición de embajador de carrera tuvo su propio proceso de reconocimiento administrativo. Su currículum actualizado recoge como antecedente la Resolución 136-2020 del Ministerio de Administración Pública y la sentencia 0030-03-2023-SSEN-00105 del Tribunal Superior Administrativo, que confirmó su validez. La documentación de su trayectoria registra asimismo la certificación MAP DSC-026-2024, del 5 de febrero de 2024, su reincorporación al Ministerio de Relaciones Exteriores en abril de ese año y la confirmación de su condición en julio de 2025.
En abril de 2025 fue expositor en la Casa de América Latina de París durante la conmemoración del sexagésimo aniversario de los acontecimientos dominicanos de 1965. Ese año publicó De tiempos nuevos y tiempos viejos, con el ISBN 978-9945-29-913-7. Su actividad seguía vinculando la memoria dominicana con interlocutores y lectores de otros países.
Durante 2026 mantuvo la publicación de artículos y análisis, entre ellos colaboraciones en la sección Ágora de Diario Libre. La historia dominicana y la diplomacia convivían en sus textos con la inteligencia artificial, la energía, el petróleo, China, Taiwán y las transformaciones del orden internacional. El interés temprano por los cambios económicos y tecnológicos encontraba nuevos asuntos en una época distinta.
Al mismo tiempo, continuó revisando documentos desclasificados y archivos diplomáticos sobre Trujillo, Juan Bosch, Haití y la política de Estados Unidos hacia el Caribe. El proyecto Arde el Caribe busca integrar y ampliar sus investigaciones sobre el ciclo de 1930 a 1965, desde la consolidación de la dictadura hasta la Revolución de Abril y la intervención norteamericana. Décadas de trabajo anterior sirven de base para nuevas preguntas y nuevas lecturas documentales.
El 20 de septiembre de 2026 volvió al Museo Nacional de Historia y Geografía para el conversatorio «Trujillo y la Revolución Dominicana», convocado por la Asociación Dominicana de Estudiantes de Historia en el auditorio Vetilio Alfau Durán. Tenía setenta y seis años. Lo acompañaba una generación de estudiantes que podía acercarse a esos acontecimientos a través de sus libros, sus explicaciones y el diálogo directo.
Habían transcurrido cuarenta y un años menos cinco días desde la presentación de El misterio del golpe de 1963 en el mismo Museo. En 1985, Bosch había participado en el acto; en 2026, Grimaldi compartía con nuevos lectores una investigación continuada durante buena parte de su vida. El regreso enlazaba dos momentos de su trabajo y mostraba la persistencia de una tarea que no había terminado con la publicación de un libro ni con el desempeño de un cargo.
La fotografía de Washington permite reconocer al joven de veintiún años. El currículum permite seguir lo que vino después, y sus recuerdos dan vida a las fechas. El voluntario y promotor social se convirtió en periodista; el periodista amplió su preparación en economía y tecnología, investigó la historia y asumió responsabilidades de Estado. En Roma representó a su país durante dos pontificados. Después continuó escribiendo y conversando con públicos distintos.
A lo largo de ese recorrido, el servicio comunitario, la fe, la investigación y la vida pública se encontraron en decisiones y trabajos concretos. Los barrios de Santo Domingo, las redacciones, Washington y Roma pertenecen a etapas diferentes de una misma biografía. En octubre de 2026, Víctor Manuel Grimaldi Céspedes sigue trabajando sobre el tiempo que le tocó vivir y sobre la historia que se propuso comprender: una trayectoria cuyo sentido se reconoce en la continuidad de sus preguntas y en la voluntad de compartir lo aprendido.












