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Opiniones

Carolina está preparada; ahora le corresponde demostrarlo

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Leonardo Gil

Por Leonardo Gil
(Consultor en comunicación política)

El principal desafío de Carolina Mejía no es convencer al país de que ha sido una buena alcaldesa. Tampoco debería construir una eventual aspiración presidencial alrededor de la idea de ser “la mejor alcaldesa”. Ese debate pertenece a su gestión municipal.

La conversación que tendría que abrir ahora es mucho mayor: si es una mujer preparada para gobernar la República Dominicana.

Ese cambio parece semántico, pero políticamente es profundo.

Cuando presentamos a Carolina fundamentalmente como alcaldesa, la encerramos en Santo Domingo. Cuando hablamos de preparación para gobernar, obligamos a mirar su trayectoria completa y, sobre todo, a preguntarnos qué puede hacer con ella hacia el futuro.

Porque Carolina es más que su paso por el Ayuntamiento.

Es economista. Ha trabajado en el sector privado. Fue coordinadora del Consejo Asesor del Presidente, participó en el equipo vinculado a las negociaciones del DR-CAFTA y fue miembro de la Junta Monetaria. Fue candidata vicepresidencial en 2016, posteriormente electa alcaldesa del Distrito Nacional y ocupo la Secretaría General del PRM.

Economía. Estado. Negociación. Partido. Elecciones. Gestión.

Estas son experiencias diferentes que, consideradas conjuntamente, permiten formular una pregunta presidencial legítima.

¿Está Carolina preparada para gobernar?

La Alcaldía aporta parte de la respuesta, pero no puede ser toda la respuesta.

Gobernar una ciudad puede demostrar capacidad para administrar recursos, formar equipos, ejecutar proyectos, escuchar comunidades y responder por resultados. Gobernar una nación exige mucho más.

Exige comprender la economía y también la desigualdad. Seguridad y educación. Salud y energía. Producción y empleo. Relaciones internacionales e institucionalidad. Y exige algo que ningún currículo garantiza: carácter para tomar decisiones difíciles.

Ahí está la prueba que Carolina tendría por delante.

No demostrar nuevamente que puede ser alcaldesa.

Ahora es demostrar que puede ser presidenta.

Por eso sus resultados municipales deberían presentarse como evidencia de una forma de gobernar, no como el argumento completo de una eventual candidatura.

Un parque recuperado habla de gestión. Pero la pregunta presidencial es cómo enfrentaría la seguridad ciudadana.

El ordenamiento de una ciudad habla de planificación. Pero la pregunta presidencial es cuál sería su visión de desarrollo nacional.

Administrar una alcaldía habla de capacidad ejecutiva. Pero la pregunta presidencial es si puede dirigir el Estado dominicano.

Ese es el salto que debe someterse al escrutinio público.

También implica construir una identidad propia. Carolina es hija del expresidente Hipólito Mejía y no necesita renunciar a esa historia. Pero un apellido puede explicar de dónde viene una dirigente; nunca debería ser suficiente para determinar hacia dónde puede conducir un país.

Y está, naturalmente, su condición de mujer.

Pero tampoco debería plantearse que Carolina está preparada porque es mujer.

La pregunta interesante es otra:

¿Qué clase de gobernante puede ser esta mujer?

¿Puede combinar cercanía con autoridad? ¿Escuchar y decidir? ¿Construir consensos y ejercer liderazgo? ¿Formar un equipo nacional competente? ¿Presentar una visión reconocible del país que quiere construir?

Esas respuestas no pueden proclamarse.

Tienen que demostrarse.

Por eso, quizás el mayor error sería mantener a Carolina atrapada en la narrativa de “la mejor alcaldesa”.

La Alcaldía debe ser parte de su expediente, no el límite de su identidad.

Su historia política tendría que avanzar hacia una pregunta mucho más exigente:

¿Está Carolina preparada para gobernar la República Dominicana?

Tiene trayectoria para someter esa pregunta al juicio público.

Ahora le corresponde demostrarlo.

Y a la gente, decidir.

(Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no reflejan necesariamente la postura de Últimas Noticias).