Opiniones
De la escuela de Toledo al Renacimiento: La pólvora que encendió los cambios del mundo (2)

POR: DR. NICANOR RODRIGUEZ TEJADA
La explosión del pensamiento, cuando el hombre desafió al dogma, Si en la primera entrega vimos cómo la Escuela de Traductores de Toledo acumuló pacientemente el combustible del saber, en esta etapa seremos testigos de la gran explosión. Entre los siglos XV y XVI, Europa vivió una auténtica sacudida mental: el Renacimiento. Las ideas rescatadas del pasado salieron de los manuscritos olvidados para inundar las calles, los talleres de arte y las plazas públicas. El ser humano dejó de mirarse como una criatura indefensa a merced del destino para descubrir que tenía una herramienta imparable: su propia mente.
El cambio fue tan profundo que transformó la forma de entender la vida. El mundo medieval, que enseñaba que todo debía aceptarse por fe ciega y por temor al castigo, comenzó a resquebrajarse. Nacía el deseo de explorar, de tocar, de medir y, sobre todo, de preguntar.
La imprenta: el «internet» que la censura no pudo apagar, antes del año 1440, si alguien quería una copia de un libro, un monje debía escribirlo a mano página por página, un trabajo que podía tardar años. Por eso, los libros eran rarísimos y ridículamente caros; el conocimiento pertenecía a unos pocos poderosos, con excepción de la iglesia que lo incorporaba a su favor como una propiedad privada.
Pero la invención de la imprenta de tipos móviles por parte de Johannes Gutenberg cambió las reglas del juego para siempre. La imprenta funcionó como la red social o el internet de su época. Por primera vez, una idea revolucionaria o un descubrimiento médico no se quedaba encerrado en un castillo: se imprimían cientos de ejemplares en días y se repartían por todo el continente. Intentar censurar una idea ya no era tan fácil, porque si quemaban diez libros en una plaza, ya había quinientos circulando en las ciudades vecinas.
Para comprender la magnitud de este cambio, basta mirar cómo se producía el conocimiento antes del Renacimiento. Como explica el laureado pensador Juan Bosch en su obra El Estado: Sus Orígenes y Desarrollo (2009), la Edad Media abarca desde el año 476 d. C., con la caída del Imperio Romano de Occidente, luego de que el emperador Teodosio lo dividiera entre sus hijos Arcadio y Honorio, hasta finales del siglo XV, marcado por la llegada de los europeos a América en 1492. Hay que recordar que el Imperio de Oriente resistió diez siglos más, hasta la caída de Constantinopla en 1453 a manos de los turcos.
Durante todo ese largo período medieval, obtener una simple copia de un texto implicaba transcribirlo a pluma, bajo un estricto filtro eclesiástico y con un acceso sumamente restringido para la población.
En contraste, la irrupción de la imprenta de Gutenberg durante la revolución renacentista democratizó la producción masiva de libros. Las ideas comenzaron a circular libremente por el mundo conocido, cambiando el escenario social para siempre e instalando las bases de la circulación de información que hoy culmina con el internet y la inteligencia artificial del siglo XXI.
Los Pinceles, las lupas y biblias traducidas, esta nueva etapa de la libertad de pensar se manifestó con fuerza en tres frentes que cambiaron el paisaje de la época, a) El arte que miraba al cuerpo humano: artistas como Leonardo da Vinci y Miguel Ángel no se conformaron con pintar figuras rígidas. Da Vinci abría cadáveres a escondidas de madrugada para estudiar músculos y venas, aplicando ese conocimiento a sus pinturas. El cuerpo humano dejó de verse como algo vergonzoso y pasó a celebrarse como una obra maestra de la naturaleza, b) El atrevimiento de cuestionar a la iglesia: pensadores como Erasmo de Rotterdam usaron la crítica para exigir que la religión volviera a la humildad y al estudio serio de los textos sagrados. Poco después, en 1517, el monje Martín Lutero clavó sus famosas protestas contra los abusos del Vaticano, traduciendo la Biblia al idioma del pueblo (el alemán). El monopolio del pensamiento religioso se rompió para siempre y c) La Tierra ya no era el centro: El astrónomo Nicolás Copérnico planteó algo que parecía una locura para la época: la Tierra no es el centro inmóvil del universo, sino que gira alrededor del Sol. Aquella afirmación desarmaba de un plumazo toda la visión del mundo defendida por las autoridades de la época, en cuya dirección se encontraba la iglesia.
El precio de pensar libremente, para la gente común, esta época significó el despertar de la libertad individual; pero para quienes ostentaban el poder, representaba una amenaza mortal, si las personas aprendían a leer, a dudar y a guiarse por la ciencia, ¿quién obedecería las órdenes dogmáticas, cuya imposición acabo llevando a la hoguera los pensamientos mas ilustres de la época?
Esto movió consecuencia, como es natural, las autoridades del momento reaccionaron con fuerza. Ahí hacia presencia el clima de mayor persecución donde pensar diferente podía costar la vida. y el primer paso se concentró en crear listas de libros prohibidos y tribunales de la Inquisición dispuestos a sofocar las ideas con el fuego de la hoguera sin contemplación humana. Eso no detuvo el progreso que hoy tenemos
La «pólvora» que Toledo había reunido y que el Renacimiento había encendido estaba ardiendo brillantemente. Pero la batalla final entre la luz de la razón y las sombras del miedo apenas comenzaba. Los sabios del siglo siguiente tendrían que elegir entre retractarse de la verdad o arder en la pira por defenderla.
(Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no reflejan necesariamente la postura de Últimas Noticias).












