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Tarjetas de crédito: el negocio que crece sobre la precariedad salarial

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LUIS ROJAS

Con tasas de interés de 58 % y límites de crédito desproporcionados, los trabajadores de menores ingresos se han convertido en el objetivo predilecto del sistema financiero.

Por J. Luis Rojas .-
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La Fundación Juan Bosch (FJB) y el Instituto de Investigación Socioeconómica (INISE) de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (FCES) de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) presentaron recientemente los hallazgos del estudio “La rentabilización de la insuficiencia salarial: endeudamiento y acumulación financiera mediante tarjetas de crédito en la República Dominicana”.

La investigación realizada por los académicos Francisco A. Tavárez Vásquez, Matías Bosch Carcuro y Stanly Abreu de la Cruz examina cómo el creciente uso de las tarjetas de crédito se ha convertido en un mecanismo mediante el cual miles de hogares compensan la brecha existente entre los salarios, los ingresos laborales y el costo de la vida.

Según el informe, este fenómeno ha generado un proceso de “rentabilización de la insuficiencia salarial”, en el que las limitaciones de ingresos de una parte significativa de la población terminan transformándose en una fuente de ganancias para el sistema financiero. En otras palabras, la incapacidad de los hogares para cubrir sus necesidades básicas con sus ingresos regulares impulsa el uso del crédito, lo que a su vez fortalece la rentabilidad de las entidades financieras.

La investigación identifica una acelerada expansión del crédito mediante tarjetas en los últimos años, especialmente después de la pandemia. Entre los principales hallazgos, se destaca que la cartera de tarjetas de crédito pasó de RD$42,800 millones en 2016 a RD$129,911 millones en 2025. Asimismo, el 63.1 % de las nuevas tarjetas fue otorgado a personas con ingresos inferiores a RD$32,500 mensuales, mientras que los trabajadores con ingresos de hasta RD$12,500 mantienen deudas equivalentes a 4.8 veces su salario y límites de crédito que alcanzan hasta 17.5 veces sus ingresos.

El informe también señala que cerca de la mitad de los tarjetahabientes de menores ingresos financia sus consumos mediante pagos mínimos. Además, más de la mitad presenta niveles significativos de vulnerabilidad financiera al combinar financiamiento recurrente con episodios de morosidad.

La investigación subraya que las tarjetas de crédito han dejado de funcionar como un instrumento ocasional de financiamiento para convertirse en una extensión artificial y costosa del poder adquisitivo de los trabajadores. Esto ocurre en un contexto donde una parte considerable de los salarios se sitúa por debajo del costo de la canasta familiar, lo que obliga a los hogares a recurrir al crédito para cubrir necesidades básicas y, en consecuencia, fortalece la rentabilidad del sistema financiero.

Las tarjetas de crédito y el modelo económico

En el estudio referido, los investigadores señalan que la economía dominicana se caracteriza por una elevada dependencia de las actividades de servicios y del consumo privado como principal componente de la demanda agregada. Esta afirmación se sustenta en la estructura salarial de los trabajadores formales: a junio de 2025, el salario cotizable promedio ascendía a RD$37,525 mensuales, mientras que más de 1.28 millones de trabajadores se concentraban en el rango salarial comprendido entre RD$15,000 y RD$30,000 mensuales.

Según los autores, una proporción considerable de la fuerza laboral percibe ingresos inferiores al costo promedio de la canasta familiar nacional, lo que implica que no cuenta con los recursos suficientes para cubrir los gastos esenciales mediante sus ingresos corrientes. En consecuencia, el acceso al crédito —especialmente a través de tarjetas de crédito— adquiere una función económica cada vez más relevante para sostener la vida de las familias trabajadoras que dependen de un salario o de ingresos autogenerados, aun cuando ello conlleve mayores niveles de endeudamiento.

Asimismo, Tavárez, Bosch y Abreu destacan que, desde la perspectiva de las entidades financieras, las tarjetas de crédito constituyen uno de los negocios más rentables del sistema. Las tasas de interés promedio asociadas a este producto rondan el 58.0%, cifra significativamente superior a las observadas en los préstamos hipotecarios (11.4%), comerciales (12.1%) y de consumo tradicionales (19.6%). Esto sugiere que la expansión de esta modalidad crediticia no responde únicamente a una lógica de inclusión financiera, sino también a la existencia de fuertes incentivos económicos para su colocación masiva, dada su alta rentabilidad para las entidades emisoras.

Crédito predatorio sobre los ingresos más bajos

Otro de los hallazgos destacados en la investigación se refiere al comportamiento del crédito privado, el cual ha adquirido un papel central dentro de la dinámica de la política monetaria. Este componente se ha convertido en el eje sobre el cual se impulsa el dinamismo económico y, por ende, el crecimiento del país. No obstante, el crédito dirigido al sector privado presenta importantes matices, especialmente aquel proveniente de las tarjetas de crédito, que se ha consolidado como uno de los instrumentos financieros de mayor expansión dentro del sistema financiero dominicano.

Para los autores de “La rentabilización de la insuficiencia salarial”, resulta preocupante que las entidades financieras dispongan de un amplio conocimiento sobre las condiciones contractuales, los costos efectivos del financiamiento y las probabilidades de incumplimiento de los distintos segmentos de clientes. En contraste, una parte significativa de los tarjetahabientes —particularmente aquellos con menores ingresos— posee un conocimiento limitado sobre los mecanismos de acumulación de intereses, los cargos por mora y el financiamiento permanente de la deuda. Esta asimetría en el acceso y dominio de la información constituye una de las principales imperfecciones del mercado financiero y puede favorecer la consolidación de prácticas de crédito predatorio.

Los investigadores recalcan que, bajo este esquema, segmentos con limitada capacidad de pago son incorporados a circuitos de endeudamiento que generan elevados rendimientos para la banca mediante intereses, recargos y penalidades, aun cuando exista evidencia de su frágil situación económica. En consecuencia, la insuficiencia de ingresos no solo se convierte en una fuente de vulnerabilidad para los hogares, sino también en una oportunidad de rentabilización para la industria financiera.

El financiamiento como trampa

Un hallazgo particularmente revelador de la investigación se relaciona con la dinámica de endeudamiento vinculada a las tarjetas de crédito en la República Dominicana. Los autores destacan el notable incremento de los límites de crédito autorizados por las entidades financieras, especialmente entre los segmentos de menores ingresos. Entre junio de 2019 y junio de 2025, el límite promedio de crédito para las personas con ingresos de hasta RD$12,500 mensuales pasó de representar 13.9 veces su ingreso formal a 17.5 veces dicho ingreso.

Este comportamiento contrasta con lo observado en los segmentos de mayores ingresos, donde el crecimiento de los límites crediticios ha sido proporcionalmente menor. Para los investigadores, esta tendencia evidencia una estrategia de expansión crediticia que se concentra en los grupos más vulnerables, quienes presentan mayores probabilidades de recurrir al financiamiento permanente y, en consecuencia, de generar mayores rendimientos para las entidades emisoras.

La investigación evidencia que la morosidad a 30 días alcanza un 11.5%, constituyéndose en el atraso más frecuente dentro del sistema. Este comportamiento suele responder a contingencias propias de los hogares —gastos imprevistos, desajustes temporales en el flujo de ingresos o dificultades puntuales para cumplir con el calendario de pagos— y no necesariamente refleja una incapacidad estructural de pago. En estos casos, la tensión financiera es transitoria y, en principio, puede corregirse en el corto plazo.

Sin embargo, como señalan Tavárez, Bosch y Abreu, cuando la morosidad se extiende a 60 días (7.6%) y 90 días (6.0%), el problema deja de ser coyuntural y pasa a evidenciar una insuficiencia estructural de ingresos para cubrir simultáneamente el costo de vida y las obligaciones financieras. Bajo estas condiciones, la deuda se transforma en una carga permanente que deteriora progresivamente la situación económica de los hogares.

Los autores advierten que la acumulación de intereses moratorios, recargos y penalidades incrementa de manera significativa el saldo adeudado, empujando a muchos trabajadores a refinanciar sus obligaciones o a contraer nuevas deudas para cubrir las anteriores. Esta dinámica genera un ciclo de endeudamiento crónico que, además, deteriora el historial crediticio y limita el acceso futuro a financiamiento productivo o patrimonial. En consecuencia, se reducen las posibilidades de adquirir vivienda, emprender proyectos económicos o mejorar las condiciones materiales del hogar.

Asimismo, subrayan que la morosidad prolongada no constituye únicamente un incumplimiento financiero individual, sino un mecanismo que reproduce vulnerabilidad económica a largo plazo. Mientras más se extiende el período de atraso, mayores son los obstáculos para reconstruir la estabilidad financiera y acceder a instrumentos de crédito que permitan acumular patrimonio. De este modo, la deuda por tarjetas de crédito termina operando como un factor que restringe la movilidad económica de los hogares de menores ingresos, refuerza la dependencia del crédito de corto plazo y dificulta cualquier trayectoria de progreso financiero sostenible.

Las tarjetas como negocio predilecto de la banca

El estudio señala que entre 2016 y 2025 el saldo de las tarjetas de crédito pasó de RD$42,800 millones a RD$129,911 millones, lo que representa una expansión acumulada superior al 203%. Este crecimiento adquiere un carácter aún más revelador a partir de 2022, período en el cual la cartera prácticamente se duplicó en apenas tres años. La magnitud y velocidad de esta expansión confirman que las tarjetas de crédito se han convertido en uno de los negocios más rentables y estratégicos para la banca múltiple, impulsado por una colocación acelerada y sostenida en el tiempo.

El estudio indica, además, que para comprender la relación entre un ritmo de crecimiento tan marcado y acelerado en una población mayoritariamente afectada por bajos salarios, resulta fundamental analizar la estructura de las tasas de interés. Mientras los préstamos hipotecarios registran tasas promedio cercanas al 11.4%, los préstamos comerciales alcanzan 12.1% y los créditos de consumo 19.6%, las tarjetas de crédito presentan una tasa promedio significativamente más alta, situada en 58%.

Los hallazgos del estudio indican que esta disparidad convierte a las tarjetas de crédito en el producto financiero más rentable del sistema. Al mismo tiempo, los mayores niveles de financiamiento, endeudamiento y morosidad se concentran precisamente entre los trabajadores de menores ingresos.

Esta situación evidencia una contradicción estructural: mientras en otras modalidades de crédito la vulnerabilidad económica suele restringir el acceso al financiamiento, en el mercado de tarjetas esos mismos segmentos se han transformado en uno de los principales objetivos de expansión comercial. De este modo, la población con menor capacidad de pago termina expuesta a instrumentos crediticios de alto costo, lo que profundiza su fragilidad financiera y amplifica los riesgos sistémicos asociados al endeudamiento.

Según los datos del estudio, se observa una marcada concentración de la cartera de tarjetas de crédito en un número reducido de entidades financieras. El Banco Popular lidera el mercado con un saldo adeudado de RD$33,121 millones, seguido por Banreservas, que registra RD$24,989 millones, y por el BHD, con RD$19,388 millones.

En conjunto, estas tres instituciones concentran aproximadamente el 60% del saldo total de tarjetas de crédito del sistema financiero, lo que evidencia un mercado altamente concentrado y con fuerte dependencia de pocos actores para la gestión de este tipo de financiamiento.

Este comportamiento sugiere que una proporción significativa de los usuarios de tarjetas de crédito no logra saldar por completo sus consumos mensuales y depende de manera recurrente del financiamiento de la deuda. Lejos de reflejar únicamente una mayor utilización del crédito por parte de los hogares, este patrón evidencia una dinámica de consumo sostenida por la incapacidad de cubrir los gastos en el corto plazo.

Al mismo tiempo, los elevados niveles de financiamiento se convierten en una de las principales fuentes de ingresos para las entidades emisoras. Los saldos financiados generan intereses, cargos financieros y otras rentas recurrentes que fortalecen la rentabilidad del negocio de las tarjetas de crédito. En consecuencia, el endeudamiento observado no solo revela la presión económica que enfrentan los hogares, sino también la importancia estratégica que este producto tiene dentro del modelo de negocios del sistema financiero.

Síntesis de las conclusiones del estudio

La expansión del crédito mediante tarjetas en el país descansa sobre trabajadores cuyos ingresos no alcanzan para cubrir necesidades básicas. Lejos de aliviar esa precariedad, el sistema los empuja a un endeudamiento permanente que erosiona su salario y los atrapa en pagos mínimos, morosidad y penalidades crecientes.

Las tarjetas se han convertido en el principal mecanismo para financiar la vida cotidiana, pero bajo un modelo abiertamente rentista que genera ganancias extraordinarias para la banca sin aportar valor productivo. Este esquema no solo reproduce desigualdad y concentración de riqueza: se sostiene precisamente sobre la vulnerabilidad económica de quienes menos tienen.

La paradoja es evidente: los hogares pobres, considerados de alto riesgo en otros créditos, son el blanco preferido de la industria de tarjetas, aun cuando presentan los mayores niveles de sobreendeudamiento. Mientras tanto, la deuda crece más rápido que el PIB y el consumo, revelando que buena parte del dinamismo económico reciente descansa en crédito caro, no en mejoras salariales.

Con tasas de interés desproporcionadas, las tarjetas funcionan como un mecanismo de captura de ingresos futuros de los trabajadores. Por eso, el desafío de política pública no es “educar financieramente” a los usuarios ni ampliar el acceso al crédito, sino enfrentar la raíz del problema: la insuficiencia estructural de los ingresos laborales y la desregulación de un mercado que hoy opera como un motor de precarización financiera.

En el fondo, todo este entramado financiero revela un país donde la insuficiencia salarial se ha convertido en combustible para un negocio que crece a costa de la vulnerabilidad de quienes viven del trabajo. No sorprende, entonces, que José Mujica advirtiera sobre el espejismo del crédito fácil y el consumo financiado: “Nos llenan de tarjetas para que compremos cosas que no necesitamos, con dinero que no tenemos, y así terminamos pagando con nuestra vida la deuda de un consumo que nunca nos hizo libres.” Su reflexión resume con claridad el dilema dominicano: mientras los salarios sigan por debajo del costo de la vida, las tarjetas de crédito continuarán funcionando como una trampa silenciosa que captura el futuro de los trabajadores y sostiene, a un alto costo social, buena parte del dinamismo económico actual.

(Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no reflejan necesariamente la postura de Últimas Noticias).