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Opiniones

Cuando el narcotráfico deja de escandalizar

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Victor Grimaldi

Por Víctor Manuel Grimaldi Céspedes.-

El mayor triunfo del narcotráfico no consiste únicamente en introducir toneladas de cocaína o heroína a través de puertos, aeropuertos o pasos fronterizos.

Su victoria más peligrosa comienza mucho antes: cuando la sociedad deja de escandalizarse ante el crimen y termina aceptándolo como parte normal del paisaje cotidiano.

Cuando el traficante deja de ser percibido como un delincuente para convertirse en protagonista de series televisivas, películas, canciones o contenidos digitales donde aparece asociado al poder, al dinero fácil y al prestigio social, el crimen organizado ha conquistado un territorio mucho más valioso que cualquier corredor de exportación: la conciencia colectiva.

Esa fue la advertencia más profunda formulada por Andrea Zapparoli durante la conferencia «Alcune esperienze e protocolli utili dall’Unione Europea in materia di politiche sulle droghe», organizada por Mediatrends America el 2 de julio de 2026 en el Hotel NH Giustiniani de Roma, con la asistencia de embajadores acreditados ante la Santa Sede, periodistas y especialistas en políticas públicas.

No se trataba de una reflexión académica formulada desde un escritorio.

Zapparoli habla desde una experiencia acumulada durante décadas en la primera línea de la lucha contra el narcotráfico.

Oficial del Arma dei Carabinieri, se especializó en la investigación de sustancias estupefacientes, nuevas sustancias psicoactivas y drogas comercializadas mediante internet.

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Entre 2016 y 2019, y posteriormente entre 2019 y 2023, fue destinado como experto al Departamento de Políticas Antidroga de la Presidencia del Consejo de Ministros de Italia, donde trabajó específicamente en materia de sustancias estupefacientes, nuevas drogas sintéticas, comercio ilícito en línea y políticas sobre adicciones.

Actualmente coordina el Observatorio Nacional sobre las Adicciones (OND), organismo encargado de analizar la evolución del fenómeno y contribuir al diseño de políticas públicas.

Su trayectoria reúne experiencia policial, inteligencia estratégica, cooperación internacional y formulación de políticas gubernamentales, circunstancias que otorgan un peso especial a sus conclusiones.

Desde el inicio de su exposición insistió en que el narcotráfico constituye uno de los fenómenos más complejos de nuestro tiempo porque combina dimensiones criminales, económicas, sanitarias, sociales, culturales y políticas.

Ninguna de ellas puede analizarse de forma aislada.

Reducir el problema exclusivamente a la actuación policial significa desconocer la extraordinaria capacidad de adaptación de las organizaciones criminales.

Para comprender el escenario actual, Zapparoli recordó la evolución del régimen internacional de fiscalización de drogas construido a partir de las Convenciones de las Naciones Unidas de 1961, 1971 y 1988, instrumentos jurídicos que establecieron durante décadas el marco de cooperación entre los Estados para combatir la producción, el tráfico ilícito y el consumo de estupefacientes.

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Sin embargo, subrayó que la velocidad con que evoluciona el crimen organizado supera con frecuencia la capacidad de adaptación de las normas jurídicas y de las instituciones encargadas de aplicarlas.

Italia conoce bien esa realidad.

Durante los años ochenta sufrió una devastadora epidemia de heroína que marcó profundamente a toda una generación.

Miles de familias italianas experimentaron directamente las consecuencias de la drogodependencia, obligando al Estado y a la sociedad civil a desarrollar nuevas formas de respuesta.

Más tarde, durante los años noventa, la expansión de la cocaína y del éxtasis volvió a modificar el panorama del consumo y del tráfico ilícito.

Aquellas experiencias dejaron una enseñanza fundamental: la represión, aunque indispensable, nunca resulta suficiente.

Paralelamente al fortalecimiento de las fuerzas policiales y judiciales, Italia impulsó una extensa red de comunidades terapéuticas dedicadas a la recuperación y reinserción de personas afectadas por la drogodependencia.

Entre ellas sobresale San Patrignano, fundada en 1978 y convertida en una de las comunidades de rehabilitación más importantes de Europa.

Junto a ella funcionan alrededor de novecientas comunidades pertenecientes al denominado tercer sector, que colaboran con el Estado en la prevención, tratamiento y recuperación de los dependientes.

Ese recorrido histórico permitió al conferencista introducir el verdadero centro de su exposición: el narcotráfico del siglo XXI ya no se parece al del siglo pasado.

Las grandes organizaciones criminales han comprendido antes que muchos gobiernos las posibilidades que ofrece la revolución digital. Internet ha transformado profundamente los mecanismos de producción, comercialización y distribución de drogas.

Hoy un traficante puede establecer contacto con compradores mediante plataformas digitales, redes sociales, servicios de mensajería cifrada o mercados clandestinos en la llamadadark web, recibir pagos mediante criptomonedas u otros sistemas electrónicos y utilizar servicios postales internacionales para hacer llegar pequeñas cantidades de sustancias ilícitas prácticamente a cualquier lugar del mundo.

Como consecuencia, el tradicional punto de venta en una esquina ha ido perdiendo importancia relativa frente a un mercado mucho más discreto, fragmentado y difícil de detectar.

El distribuidor ya no necesita exponerse físicamente. Muchas veces basta una pantalla, un teléfono móvil y una conexión a internet.

Zapparoli alertó igualmente sobre otro fenómeno en expansión: el denominado «hazlo tú mismo», consistente en la utilización indebida de medicamentos, precursores químicos y conocimientos disponibles en línea para fabricar sustancias psicoactivas de manera clandestina.

La facilidad con que circula información técnica en internet incrementa los riesgos para la salud pública y dificulta enormemente la labor de las autoridades sanitarias y policiales.

En ese nuevo escenario, explicó, el narcotráfico ya no depende exclusivamente de controlar territorios físicos.

Aspira también a controlar espacios digitales y, sobre todo, a conquistar la percepción cultural de las nuevas generaciones.

Allí radica, precisamente, el sentido de su advertencia inicial: cuando el delito deja de provocar rechazo moral y comienza a verse como una forma aceptable de ascenso económico o reconocimiento social, la capacidad preventiva del Estado disminuye considerablemente.

La batalla contra las drogas, concluyó en esta primera parte de su análisis, ya no puede librarse únicamente mediante operaciones policiales.

Debe comenzar mucho antes, en la educación, en la familia, en la escuela, en los medios de comunicación y en la cultura. Porque las organizaciones criminales no solo buscan consumidores; también necesitan una sociedad cada vez menos dispuesta a condenarlas.

Fuentes: Conferencia «Alcune esperienze e protocolli utili dall’Unione Europea in materia di politiche sulle droghe», Mediatrends America, Roma, 2 de julio de 2026; intervención de Andrea Zapparoli; currículo oficial del Departamento de Políticas Antidroga de la Presidencia del Consejo de Ministros de Italia; Convenciones de las Naciones Unidas sobre Estupefacientes de 1961, 1971 y 1988.

(Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no reflejan necesariamente la postura de Últimas Noticias).