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INTERNACIONALES

Brote de ébola: Estados Unidos enviará tratamientos experimentales al Congo y a Uganda

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La activación del máximo nivel de respuesta sanitaria por parte de Estados Unidos marcó un nuevo capítulo en la lucha internacional contra el ébola, tras la rápida expansión del brote en la República Democrática del Congo y su llegada a Uganda y Francia.

El gobierno estadounidense, a través de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), apuntó a reforzar la vigilancia y la cooperación global para contener la amenaza del virus de Bundibugyo, una variante para la que aún no existe vacuna.

El anuncio de la movilización de recursos, personal y el envío de tratamientos experimentales a África evidenció la preocupación de Washington por evitar que una crisis sanitaria regional se convierta en una emergencia global. Aunque el riesgo para la población de Estados Unidos se considera bajo, la magnitud de la respuesta refleja la gravedad de la situación en el continente africano.

La respuesta de Estados Unidos ante el avance del ébola

El brote de ébola en la República Democrática del Congo, desde que se declaró el 15 de mayo, causó 291 muertes y 1.118 infecciones. Ante este escenario, Estados Unidos elevó su nivel de alerta al máximo, conocido como respuesta de nivel uno. Satish Pillai, responsable de la respuesta al ébola en los CDC, afirmó que la prioridad consistía en “movilizar recursos y personal de forma eficiente y rápida”. Esta decisión se tomó aunque la evaluación oficial sostiene que el riesgo para la población estadounidense continúa bajo.

La activación del nivel más alto de respuesta funcionó como una señal interna de prioridad para la agencia, de acuerdo con declaraciones de un funcionario de los CDC citadas por AFP. El organismo estadounidense también anunció el envío de dosis de MBP134, un tratamiento experimental compuesto por anticuerpos diseñados para neutralizar el virus del ébola, a la República Democrática del Congo y a Uganda, así como pruebas de diagnóstico para identificar variantes del virus en víctimas fallecidas.

Además, parte de los tratamientos se destinarán a la Universidad de Oxford para ensayos clínicos, según confirmaron las autoridades. La estrategia de contención también incluyó la implementación de controles sanitarios y restricciones de ingreso para viajeros procedentes de las zonas afectadas. Documentos oficiales de los CDC detallan que los vuelos de pasajeros desde la República Democrática del Congo, Sudán del Sur y Uganda se redirigen hacia aeropuertos estadounidenses específicos, donde se aplican protocolos de vigilancia reforzada.

Situación epidemiológica y retos sanitarios en África y Europa

De acuerdo con un informe actualizado de los CDC, este brote representa el segundo más grande en la República Democrática del Congo. Se expandió con rapidez, con 1.118 casos confirmados y 291 muertes registradas solo en ese país hasta el 23 de junio, mientras que en Uganda se documentaron 20 casos y dos fallecimientos hasta el 25 de junio.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) también reportó que la epidemia provocó la hospitalización de más de cien personas que lograron recuperarse, aunque el número de infectados se mantiene en aumento.

El brote cruzó las fronteras africanas por primera vez cuando Francia confirmó un caso importado. El paciente es un médico francés que regresó de una misión humanitaria en la República Democrática del Congo. Las autoridades francesas activaron protocolos de aislamiento y vigilancia, y el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC) recomendó fortalecer las medidas internas para anticipar cualquier eventualidad.

El virus de Bundibugyo, responsable de este brote, carece de vacuna y de tratamientos aprobados. Los síntomas incluyen fiebre, cefalea, vómitos, debilidad extrema, dolor abdominal y hemorragias. El tratamiento consiste en cuidados de apoyo, mientras que los antivirales MBP134 y remdesivir serán evaluados en ensayos clínicos que comenzarán en los próximos días, según anunció el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus.

Desafíos de la respuesta internacional y avances científicos

La OMS y la ONU informaron que el brote avanza en un contexto de crisis humanitaria, inseguridad y limitaciones de acceso a las zonas afectadas. El rastreo de contactos permanece insuficiente, los centros de tratamiento enfrentan capacidad limitada y los entierros dignos aún representan un reto logístico y sanitario. Casi 80 trabajadores de la salud resultaron infectados durante la emergencia, lo que evidencia los riesgos enfrentados por el personal de primera línea.

El ensayo clínico internacional para los antivirales MBP134 y remdesivir será coordinado por un consorcio integrado por el Instituto Nacional de Investigación Biomédica de la República Democrática del Congo, la organización médica ALIMA, la Universidad de Oxford y la OMS.

Mientras tanto, UNICEF y Gavi, la Alianza para las Vacunas, solicitaron a los fabricantes acelerar el desarrollo de una vacuna contra el virus de Bundibugyo, dado que las reservas actuales solo cubren la variante Zaire del ébola. La iniciativa cuenta con una financiación de hasta 40 millones de dólares para acelerar la fabricación y asegurar el acceso a dosis en caso de emergencia, según explican desde la ONU.

El brote actual surgió a principios de mayo de 2026 en el noreste de la República Democrática del Congo, donde se detectó un conglomerado de casos graves entre trabajadores de la salud. Un análisis genético posterior identificó la variante Bundibugyo. Previamente, solo dos brotes de esta cepa se habían registrado: en Uganda en 2007 y en la República Democrática del Congo en 2012, con tasas de mortalidad del 32 % y 55 %, respectivamente, según datos de los CDC.

El desarrollo de nuevas herramientas médicas y la cooperación internacional han permitido ampliar la capacidad de atención y diagnóstico, que pasó de menos de diez camas a más de 500 en diecinueve centros de salud, y de treinta a más de dos mil pruebas diarias en los laboratorios de la región.

La evolución del brote dependerá de la rapidez y eficacia de la respuesta internacional, el desarrollo de una vacuna específica y la capacidad de las autoridades sanitarias para contener la transmisión en zonas de alta movilidad y densidad poblacional.