Opiniones
A rajatabla: Son nuestros hermanos

Por Orión Mejía.-
Los dos terremotos de gran intensidad y los centenares de réplicas sísmicas que devastaron el centro-norte de Venezuela han despertado inusitada solidaridad global lo que reafirma el gran aprecio, respeto y admiración que la comunidad internacional profesa a la Patria de Bolívar y a su noble e intrépido pueblo.
La crisis económica, política e institucional que abate a Venezuela se agrava aún más con la ocurrencia de sendos sismos de magnitud 7.2 y 7.5, que con epicentros diferentes se produjeron con escaso intervalo de 39 segundos, lo que produjo solo en la ciudad costera de La Guaira el derrumbe de 120 torres.
Aunque al viernes se contaron 920 y 3,360 heridos, el Servicio Geológico de Estados Unidos, por la magnitud de los sismos y por la superficialidad de sus epicentros, proyecta que el número de víctimas podría sobrepasar los diez mil y mucho más.
Se estima también que las pérdidas económicas que sufriría Venezuela a causa de este evento sísmico estarían en un rango del 1% al 7% del Producto Interno Bruto (PIB) y que el proceso de reconstrucción tardaría años, aun con desembolsos rápidos de donaciones o créditos por parte de organismos internacionales.
Porque los dos terremotos han sido muy superficiales, el segundo liberó tres veces más energía que el primero y porque las construcciones en las zonas afectadas son de estructura y materiales débiles, se pronostica una cantidad mayor de muertos y heridos, pese a los esfuerzos por rescatar sobrevivientes.
Se resalta la rápida presencia en el teatro de la tragedia de personal y equipos de rescate, procedentes de España, República Dominicana, Francia, Alemania, Reino Unido, Colombia, El Salvador, Estados Unidos y de muchas otras naciones, que a pesar de desapegos ideológicos asumen su compromiso de solidaridad.
Estados Unidos movilizó hacia Venezuela buques anfibio y de combate, aviones de transporte, de reconocimiento y helicóptero, pero esta vez no en términos bélicos, sino para evaluar danos, localizar heridos y entregar ayuda, además de liberar US$150 millones en asistencia directa.
Los dominicanos tenemos deudas históricas de gratitud con Venezuela, por lo que la tragedia que abate hoy a ese pueblo, representa una oportunidad para que el gentilicio nacional extienda su mano solidaria hacia los hermanos venezolanos.
No olvidemos que Venezuela acogió a Juan Pablo Duarte en un nostálgico exilio que se prolongó hasta su muerte, que alentó la lucha contra la tiranía de Trujillo, por lo cual el presidente Rómulo Betancourt sufrió un atentado ordenado por el sátrapa y que el programa Petrocaribe nos ayudó a sobrellevar la crisis petrolera. Son nuestros hermanos.
(Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no reflejan necesariamente la postura de Últimas Noticias).












