Opiniones
Estados Unidos apaga las luces del orden internacional

Por Elida Almonte.-
La decisión de Estados Unidos de retirarse de 66 organismos internacionales —incluidos espacios clave de derechos humanos, salud, educación y justicia— no es un acto de soberanía fortalecida. Es una huida de la rendición de cuentas y un repliegue que debilita el orden internacional que el propio EE. UU. ayudó a construir.
El multilateralismo no es un gesto simbólico ni una concesión ideológica; es un sistema de reglas diseñado para limitar abusos, coordinar respuestas a crisis y proteger a las personas cuando los Estados fallan. Abandonar estas mesas implica renunciar a los controles, a la cooperación y a la transparencia. Cuando una potencia decide operar sin árbitros, el riesgo se multiplica.
Salir de organismos como la ONU, la OMS, la OEA y la Corte Penal Internacional envía un mensaje inequívoco: los compromisos comunes estorban cuando incomodan. Ese precedente es peligroso. Legitima que otros países también se desentiendan de las reglas y normaliza un mundo donde la fuerza sustituye al derecho.

Las consecuencias no son abstractas. Menos coordinación en salud significa respuestas más tardías ante pandemias. Menos mecanismos regionales debilitan la defensa democrática. Menos justicia internacional amplía la impunidad. Y cuando la impunidad se normaliza, los ciudadanos —no los gobiernos— pagan el precio.
Esto no fortalece a Estados Unidos. Expone a su gente y debilita la seguridad colectiva. Menos mesas no significan más poder; significan más peligro.












