Opiniones
Cuestionar una ocupación no es defender dictaduras

Por Elida Almonte.-
NUEVA YORK.- Cuestionar este modelo no es defender dictaduras, ni justificar a Nicolás Maduro ni a ningún gobierno responsable de violaciones a los derechos humanos. Eso no está en discusión.
Lo que se cuestiona es la pretensión de vender una ocupación extranjera como un acto humanitario, ignorando deliberadamente sus consecuencias humanas, sociales y regionales.
Bajo ese marco, resultan profundamente alarmantes las recientes declaraciones y acciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en las que afirma que Estados Unidos “gobernaría” Venezuela hasta lograr una supuesta “transición segura”.
Afirmar que una potencia extranjera asumirá el control de otro país no es democracia. Es intervención directa, tutela política y pérdida absoluta de soberanía nacional. La historia latinoamericana —y de manera particular la de la República Dominicana— demuestra con claridad que estas acciones no generan libertad ni estabilidad, sino dependencia, autoritarismo y profundas fracturas institucionales.
Intervención unilateral y grave incoherencia política
Resulta especialmente alarmante que esta intervención haya sido decidida de forma unilateral por el presidente de Estados Unidos, sin el consentimiento del Congreso, vulnerando principios básicos del derecho internacional y del propio orden constitucional estadounidense.
La acción fue justificada bajo el argumento de la “lucha contra el narcotráfico”. Sin embargo, esta narrativa se contradice abiertamente con los hechos: el mismo presidente ha indultado narcotraficantes que cumplían condenas en Estados Unidos.

Invadir un país en nombre del combate al crimen organizado mientras se perdona a criminales condenados dentro del propio sistema judicial no solo es incoherente, es moralmente insostenible.
¿Petróleo robado… por quién?
Durante la rueda de prensa posterior a la acción, el presidente celebró con orgullo que Estados Unidos había “recuperado el petróleo robado”.
La pregunta es inevitable y urgente: ¿robado por quién?
El petróleo venezolano no pertenece a ningún gobierno extranjero, ni a ninguna potencia, ni a ninguna administración de turno. Es patrimonio del pueblo venezolano, incluso cuando ese pueblo vive bajo un gobierno ilegítimo o autoritario.
Presentar la apropiación de recursos naturales como un acto de “recuperación” no es un error semántico: es una confesión. Revela el verdadero trasfondo de esta intervención —no la democracia ni los derechos humanos, sino el control de recursos estratégicos.
La experiencia dominicana: cuando la “estabilidad” llegó con botas extranjeras
Estados Unidos ocupó militarmente la República Dominicana entre 1916 y 1924, bajo el argumento de “restablecer el orden” y “garantizar la estabilidad”. Las consecuencias fueron devastadoras: suspensión de la soberanía, control extranjero de las instituciones y la creación de estructuras militares que facilitaron el ascenso de una de las dictaduras más sangrientas del continente.
En 1965, una nueva intervención interrumpió nuevamente un proceso constitucional bajo el pretexto de evitar una amenaza externa. Ninguna de estas ocupaciones trajo democracia plena. Trajeron dependencia, autoritarismo y heridas históricas que aún pesan sobre la región.
El mismo guion, otro país
Lo que hoy se plantea para Venezuela sigue un patrón conocido:
- Se habla de transición, pero se impone tutela.
- Se invoca la libertad, pero se anula la autodeterminación.
- Se promete orden, pero se siembra inestabilidad regional.
Advertencia final
Hoy es Venezuela.
Ayer fue República Dominicana.
Mañana puede ser cualquier país que tenga recursos estratégicos, que no se alinee o que resulte incómodo.
La democracia no se impone con misiles.
La libertad no llega de la mano de potencias extranjeras.
Y el sufrimiento siempre lo paga la gente común, no quienes toman las decisiones.
Cuestionar esto no es apoyar dictaduras.
Es tener memoria histórica.
Es defender la soberanía.
Es actuar con dignidad y humanidad.












