Cennect with us

Opiniones

La diáspora dominicana: una deuda que el Estado sigue postergando

Publicado

en

9DE99153 CDE5 4702 86C8 ED1C4B6100BA

Por Elida Almonte.-

Cada inicio de año renueva los discursos sobre unidad nacional y compromiso con los dominicanos en el exterior. Sin embargo, para la diáspora dominicana, esas palabras siguen sin traducirse en hechos. A pesar de su aporte económico, cultural y electoral decisivo, la diáspora continúa excluida de los espacios reales de poder del Estado Dominicano.

La diáspora no es un actor marginal. Sostiene la economía a través de remesas que superan sectores estratégicos, incide en los resultados electorales y proyecta la identidad dominicana en el mundo. Aun así, su rol sigue siendo tratado como pasivo: aporta, pero no decide.

El problema no es la falta de reconocimiento simbólico, sino la ausencia de participación estructural. Se permite votar, pero no gobernar. Se convoca en campañas, pero se excluye de la toma de decisiones. La representación legislativa es limitada y carece de una agenda vinculante que responda a las realidades del dominicano en el exterior.

Esta exclusión se refleja con mayor crudeza en las instituciones del Estado fuera del país. Consulados y embajadas continúan siendo dirigidos desde Santo Domingo, mientras los dominicanos que viven y conocen esos territorios quedan sistemáticamente fuera de la dirección institucional. No se trata de falta de capacidad, sino de falta de voluntad política para compartir poder.

Las consecuencias ya son visibles: desafección política, menor interés en el empadronamiento electoral, desaprovechamiento de capital humano altamente calificado y una desconexión creciente entre la política exterior y la realidad migratoria. No incluir a la diáspora no es una omisión inocente; es una decisión que debilita al país.

La diáspora dominicana no pide privilegios. Exige coherencia. Aporta como Estado, pero es tratada como periferia. Este nuevo año debe marcar un punto de quiebre: o se integra a la diáspora como socio estratégico del proyecto nacional, o se seguirá acumulando una deuda política que tarde o temprano pasará factura.

Porque no hay nación fuerte sin los dominicanos que también la construyen desde fuera.