Opiniones
Lluvias otra vez y cero inversiones en el drenaje pluvial del Gran Santo Domingo

Por Israel López.-
Uno de los males que caracteriza a los dominicanos y “a muchas de nuestras autoridades de turno” es la falta de memoria colectiva. Un tema borra al otro, dejamos todo para último o actuamos solo después de que el daño está hecho. El actual fenómeno tropical Melissa, que ha afectado gran parte del territorio nacional, vuelve a poner en evidencia esa triste realidad.
Melissa ha dejado a su paso inundaciones, suspensión de labores en los sectores público y privado, y paralización de la docencia. Gracias a Dios y a las medidas preventivas del gobierno hasta el momento no se registran pérdidas humanas, pero los daños materiales ya son significativos.
Este nuevo episodio nos recuerda que en noviembre de 2022 y 2023 el país fue golpeado por dos fenómenos atmosféricos catastróficos que dejaron dolor, pérdidas humanas y materiales, y miles de desplazados.
El 4 de noviembre de 2022, un fenómeno atmosférico sorprendió a los habitantes del Gran Santo Domingo, el Distrito Nacional y otras zonas del país. En apenas unas horas cayeron 266 milímetros de lluvia, según informó la directora del Instituto Dominicano de Meteorología (Indomet), Gloria Ceballos. Las inundaciones dejaron entre 4 y 6 personas fallecidas, miles desplazados y cuantiosos daños a la propiedad privada, incluyendo cientos de vehículos destruidos.
Un año después, entre el 17 y el 19 de noviembre de 2023, la situación fue aún peor. Cayeron 432 milímetros de lluvias, una cifra sin precedentes en la República Dominicana. Las consecuencias fueron devastadoras: más de 25 personas fallecidas, carreteras y puentes colapsados, 7,400 viviendas afectadas y pérdidas económicas millonarias.
En ese hecho, fallecieron 9 personas en un mismo lugar, al colapsar las paredes en el paso a desnivel del túnel de la avenida 27 de febrero. Por la gran cantidad de personas fallecidas en el acontecimiento de casi tres días, el presidente Luis Abinader decretó tres días de duelo nacional.
Ahora, con la tormenta Melissa, las imágenes que circulan en medios tradicionales y digitales muestran nuevamente una ciudad colapsada: calles y avenidas intransitables, viviendas afectadas y centros educativos dañados. Aunque las autoridades han actuado con mayor prevención esta vez, el problema de fondo persiste.
El Gran Santo Domingo, el Distrito Nacional, Santiago y otras zonas urbanas del país enfrentan un mismo enemigo: la falta de un sistema de drenaje pluvial eficiente. Esa carencia convierte cualquier lluvia prolongada en un desastre. Por eso surge la pregunta inevitable: ¿cuándo el gobierno central asumirá con firmeza la construcción de un drenaje pluvial moderno como una obra prioritaria y de interés nacional?
Una ciudad en crecimiento no puede seguir paralizándose cada año por las lluvias. Las pérdidas humanas, los daños en infraestructuras y el impacto económico son una vergüenza recurrente. Es hora de que la construcción del drenaje pluvial y la instalación de nuevos imbornales se asuman como una meta país, no como una promesa electoral.
La Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (CAASD) y el Ayuntamiento del Distrito Nacional ya cuentan con estudios técnicos para este proyecto, que requeriría una inversión de miles de millones de pesos. Es momento de que los principales líderes políticos incluyan este tema en sus programas de gobierno y se comprometan con su ejecución.
Por otro lado, los ayuntamientos deben asumir su rol con eficiencia: mejorar la recolección de desechos sólidos, mantener limpios los imbornales, aceras y contenes, capacitar mejor a su personal técnico y reducir el clientelismo que limita la productividad del presupuesto municipal.
Y la población también tiene su parte. Debemos crear conciencia y dejar de lanzar basura en calles, cañadas y ríos. Es fundamental promover campañas educativas permanentes, tanto en los medios como en las escuelas, para enseñar desde los primeros grados la importancia del cuidado del entorno.
Cada año la naturaleza nos recuerda lo mismo, pero pareciera que aún no aprendemos la lección. La prevención, la planificación y la educación deben ser las verdaderas prioridades si queremos dejar de lamentar tragedias que, con voluntad y acción, podemos mitigar los daños.












