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Aportes de los cerebros importados a la ciencia (1)

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Manuel  Vólquez.-

Rusia, China y Estados Unidos llevan varias décadas invirtiendo en programas de exploración espacial, incorporando a su nómina a genios científicos nativos y de otros países. El propósito es autoproclamarse dueños del espacio, donde pretenden instalar bases militares, proyectos turísticos, laboratorios, ciudades modernas y otras diabluras.

Una de las bases en las que se apoya la exploración espacial es el uso de cohetes que son lanzados para transportar personas y material científico. Desde que los alquimistas chinos descubriesen la pólvora, los cohetes siempre han estado presentes en la mente de los gobernantes de estas tres naciones.

Se atribuye al piloto militar soviético Yuri Gagarin ser el primer humano en viajar por el espacio, el 12 de abril de 1961, a bordo de la nave Vostok-1. Esa hazaña sorprendió a los Estados Unidos, que hasta ese momento habían subestimado a la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), hoy Rusia, en materia de ciencia.

A partir de ahí, los norteamericanos crearon mecanismos para competir con los rusos y los chinos en el espacio. Así nació el proyecto de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA), la agencia responsable del programa de la investigación aeronáutica,  fundada el 29 de julio de 1958 durante la presidencia de Dwight D. Eisenhower. Es la responsable de la llegada de los primeros humanos a la Luna (todavía hay dudas), el 20 de julio de 1969, el comandante Neil Armstrong y el piloto del módulo Edwin F. Aldrin, a través de la misión Apolo 11.

En esa misión, Estados Unidos empleó algunos científicos extranjeros. Uno de ellos sirvió a la Alemania nazi. Su nombre es Wernher von Braun, un ingeniero aeroespacial, luego nacionalizado estadounidense en 1955, que está considerado como una de las figuras más relevantes en el campo de la ciencia y la tecnología en el siglo XX.

Cuando tenía 12 años e inspirándose en el récord de velocidad de Max Valier y Fritz von Opel con coches propulsados por cohetes, Wernher von Braun decidió repetir la hazaña con uno de juguete al que ató unos fuegos artificiales que explotaron, acción que provocó su arresto por la policía de Berlín hasta que su padre fue a recogerlo a la comisaría.

Poco tiempo después llegó a sus manos una copia de un libro titulado “Al Espacio en Cohete”, del científico Hermann Oberth, texto que avivaría su interés por la exploración espacial y que le hizo centrarse en el estudio de la física y las matemáticas.

En 1930, ingresó a la Universidad Técnica de Berlín y allí pasó al proyecto “Sociedad para los viajes espaciales”, donde colaboró con Hermann Oberth en el desarrollo de combustible para cohetes. Cuando estaba preparando su Doctorado, el Partido Nazi asumió el poder en Alemania y dentro de la política de rearme de Alemania los cohetes ocuparon un lugar destacado para su utilización en la artillería.

El 27 de julio de 1934, Von Braun obtuvo su doctorado en física con una tesis titulada «Sobre las pruebas de combustión», que fue publicada parcialmente, puesto que gran parte de ésta se consideró material clasificado por el ejército y hasta 1960 no llegaría a ver la luz.

Laboró en el diseño de los primeros cohetes V2 que en septiembre de 1944 se lanzaron contra Londres y Bélgica. Estos dispositivos viajaban a grandes velocidades y eran difíciles de detectar, pues no se les oía llegar como para poder reaccionar y disparar una batería antiaérea.

En esas circunstancias, el futuro de este genio estaba predeterminado. Más adelante, les diremos cómo lo logró.

 

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