La Biblia y la inmortalidad humana

Por Manuel Vólquez.-

¿Puede el hombre ser inmortal en términos físicos? No creo que sea posible, aunque sí podría serlo en términos históricos por méritos y trabajos acumulados en los años de su existencia en beneficio de la sociedad.

Se ha dicho siempre que el hombre en la antigüedad duraba cientos de años. Hay quienes buscan la explicación en la tesis de que los días eran más cortos y los años pasaban rápido. O sea, los humanos de aquella época calculaban el tiempo con fórmulas extrañas. Otros tratan de encontrar la respuesta en el famoso calendario gregoriano y el del Emperador Julio César.

¿Cuántos días tiene un año? ¿Quién decidió cómo se estructuraban los 365 días que tarda la Tierra en dan la vuelta alrededor del Sol? Actualmente utilizamos en casi todo el mundo el calendario gregoriano, sistema para medir el paso del tiempo y que tiene su origen en Europa. Fue impuesto por el papa Gregorio XIII en el 1582, sustituyendo al calendario juliano, que se utilizaba desde Julio César.

La Biblia dice que el patriarca Matusalén, hijo de Enoc, padre de Lamec y abuelo de Noé, vivió 969 años; Adán 930, Set 912; Moisés, Salomón, Elías, Jacob, Noé y otros personajes de esa generación pasaron de los 160 años, pero no fueron inmortales.

¿Vivieron realmente tanto tiempo? ¿Cómo es posible que las personas vivieran 900 años o más? ¿Fue la duración de aquellos años igual a la de los actuales o se trató de períodos de tiempo más breves, parecidos a meses, como algunos han propuesto?

El registro bíblico da pruebas de que fueron años literales de igual duración que los nuestros. Además, en la antigüedad se hacía la distinción entre días, meses y años (Génesis 1:14-16; 8:13).

La Biblia enseña que en principio Dios creó a los seres humanos para vivir eternamente, y que el pecado de Adán trajo la imperfección y la muerte a la familia humana (Génesis 2:17; 3:17-19; Romanos 5:12). Se cree que las personas que vivieron antes del Diluvio estaban mucho más cerca de la perfección que nosotros, y esto sin duda fue un factor importante que contribuyó a su longevidad. Matusalén nació tan solo siete generaciones después de Adán (Lucas 3:37, 38).

Sin embargo, han surgido discrepancias respecto a esas edades. Es posible que los redactores y copistas de la antigüedad cometieran algunos errores calculando las edades. Por ejemplo, Enoc tenía 65 años cuando engendró a Matusalén y sirvió 300 años con Dios, después que engendró a Matusalén. Y fueron todos los días de Enoc 365 años. Más aún, luego de cumplir 187 años Matusalén tuvo a Lamec y después de ese hijo vivió 969 años, pero murió (Génesis 5:21–27).

¿Por qué los científicos insisten en los experimentos para la inmortalidad humana, si el hombre es mortal? El hombre fue concebido, sea por un ser desconocido que por fe le llaman Dios o por un accidente natural conocido como “Big Bang”, para agotar cuatro ciclos en la vida: nacer, crecer, multiplicarse o reproducirse y morir. Muchos logran agotar completar esas cuatro etapas, otros mueren horas después de nacer. Lo cierto es que nadie nace con el sello de la inmortalidad.

Esos experimentos se fundamentan en crear una fórmula que elimine todas las enfermedades catastróficas, que son las causantes de las muertes humanas. La fórmula, que se pretende obtener de un análisis cuidadoso del ADN (podría tratarse de una vacuna) se administrará en el organismo a las mujeres embarazadas para garantizar que las criaturas humanas del futuro nazcan inmunes a las enfermedades y por tanto tengan una existencia infinita, según he visto en los documentales del Discovery H2.

El sistema conocido como Inteligencia Artificial es también otro recurso de la ciencia en busca de la inmortalidad del hombre, a través de la robótica. Es decir, la meta es crear un robot (ya se está trabajando en eso) con un cerebro similar al de los humanos capaces de desempeñar tareas realizadas por el ser humano. De ser así, entonces la generación actual desaparecerá y será sustituida por otra inmortal, la del futuro mediato.

Si eso tiene éxito, que dudo que suceda, ocurrirán las siguientes situaciones: no habrá necesidad de fabricar medicamentos y desaparecería la industria farmacéutica; cerrarían los hospitales públicos, los centros privados de salud y las escuelas de medicina y de enfermería no tendrían razón de ser debido a que ya no habrá enfermedades ni pacientes por curar. También se irá a la quiebra el negocio de las funerarias y tal vez no habría necesidad de construir más cementerios, naturalmente, luego que la presente generación deje de existir.

Lo que sigue a continuación es una deducción mía. La población mundial actual de 7, 600 millones de personas alcanzará los 8,600 millones para el año 2030. Se supone que los supuestos inmortales del futuro seguirán procreando, lo que implicaría un crecimiento poblacional desorbitante que pondría al planeta Tierra al borde de la desaparición.

¿Qué se hará con los futuros nacimientos respecto al aumento poblacional? ¿Habrá un control científico de la natalidad para impedir la procreación o aceptaría la futura humanidad inmortal vivir sin descendencia familiar? Son interrogantes que esperan respuestas mediatas.

De algo sí debemos estar seguros: la destrucción del globo terráqueo no será una tarea apocalíptica Divina, como presagia la Biblia. Será obra del hombre, una especie racional que vive inconforme con su propia creación ancestral.