La ADP debe pasar de las protestas a las propuestas

Por Alfredo Cruz Polanco (alfredocruzpolanco@gmail.com).- 

“Educad a los niños y no habrá necesidad de castigar a los hombres”. Pitágoras

 

La corriente magisterial José Francisco Peña Gómez, de la Asociación Dominicana de Profesores, (ADP) dirigida por la profesora Xiomara Guante obtuvo un triunfo arrollador sobre la corriente Eugenio María de Hostos, que preside el profesor y diputado Eduardo Hidalgo, del Partido de la Liberación Dominicana.

Durante toda su existencia la ADP, el gremio que aglutina a todos los maestros activos y pensionados del sector público, se ha caracterizado por ser un ente de confrontación de todos los gobiernos de turno y solo se ha preocupado única y exclusivamente por lograr más y mejores reivindicaciones económicas para su clase, olvidándose que su rol principal es cumplir con el sagrado deber de contribuir con una correcta formación de los estudiantes pertenecientes a dicho sector.

Pero primero hay que formar y capacitar a nuestros maestros, pues el bajo nivel educativo que hoy exhiben nuestros estudiantes del sector público, se debe precisamente, salvo ligeras excepciones, a la baja calidad en la formación de nuestros maestros, pues si la semilla es de mala calidad, los frutos también lo serán.

Su mayor preocupación debe ser la de luchar por una educación integral para los niños y jóvenes de nuestro país, de acuerdo a los nuevos tiempos; de capacitar y actualizar a todos los docentes, con miras a que nuestro país obtenga mejores calificaciones en las evaluaciones que se nos hacen a través de los organismos internacionales, como el Sistema Pisa, los cuales nos colocan siempre en los últimos lugares. Si el país sale bien valorado a nivel internacional, la ADP también lo será.

Cada vez que este gremio suspende la docencia en nuestras escuelas públicas, contribuye al retroceso, a la mediocridad, a la ignorancia pues en vez de hacerle daños al gobierno de turno, se los hace a las presentes y futuras generaciones y también a sí misma, pues desaprovecha la oportunidad de adquirir nuevos conocimientos para aportarlos en cada una de sus áreas.

Parte del 4% del Presupuesto Nacional destinado para la educación, el cual era reclamado desde hacía muchos años, debe ser aprovechado para la realización de grandes jornadas de capacitación, investigación, actualización, tecnificación y adaptación al nuevo currículo escolar. Todavía no se conoce una jornada de capacitación de maestros que haya llevado a cabo la ADP, pues solo se ha limitado a las protestas, a la suspensión de la docencia y al reclamo de mejoras económicas. Ya es hora de que contribuya a proponer, a exigir y a discutir junto a las autoridades educativas las mejoras que requiere el sistema educativo, para así dejar un legado a las presentes y futuras generaciones.

La dirección saliente de la ADP destaca entre sus logros algunas reivindicaciones económicas (mejoras en los salarios, horarios, pensiones, tandas y atenciones médicas), pero en ningún momento se refiere a la realización de jornadas de capacitación, al aumento de los índices educativos, a ser más competitivos, al dominio de la tecnología, a la formación ética y moral.

La ADP tiene una gran oportunidad de casarse con la gloria si pasa de las protestas a las propuestas, de la confrontación a la concertación, si se preocupa por lograr la capacitación de sus miembros, de insertarse en la tecnología, de evitar, de que por cualquier hecho insignificante, se suspenda la docencia en nuestras escuelas. Debe descontinuar seguir haciendo más de lo mismo.

De continuar por ese derrotero, cada día su desprestigio, la baja valoración y desconfianza será aún mayor, pues la formación de nuestros niños y jóvenes continuará muy por debajo de la de países del área y así nunca serán competitivos. No hay que renunciar a las protestas, siempre que estas sean justas, válidas y que no afecten la docencia. Para poder exigir derechos, primero hay que cumplir con los deberes plasmados en nuestra constitución. Ojalá que se piense y actúe primero en lo pedagógico y luego en lo sindical.