SI SOMOS TORTURADORES QUE SE LLEVEN A SUS NACIONALES

POR HUMBERTO SALAZAR.-

O las actuales autoridades haitianas son más estúpidas de la cuenta, o existe un plan de provocación con fines que solamente saben los que lo planificaron y ejecutaron, porque las declaraciones del primer ministro de ese país Evans Paul son una muestra de una de esas dos cosas.
Acusar en estos momentos a la República Dominicana de ser ¨un país de torturadores¨ es una infamia de tal magnitud que lo único que podemos pensar es que la persona que lo dijo estaba bajo el trance de alguna ceremonia de vudú o bajo la influencia de alguna hierba aromática de las muchas que pasan por ese país rumbo a las costas de los Estados Unidos.
Los adjetivos calificativos hirientes para los dominicanos sobran en la boca del señor Paul, ademas de torturadores nos llama explotadores y desprecia las decisiones de nuestros tribunales y de nuestro gobierno.

Ante el pedido del Ministro de Relaciones Exteriores dominicano Andrés Navarro, de que antes de sentarse al dialogo alguno, la República Dominicana merece una disculpa de parte de las autoridades haitianas por la campaña de difamación e injurias que han realizado en contra del país, la respuesta es que ¨las víctimas (es decir los haitianos) no tienen que disculparse ante sus torturadores¨ (es decir los dominicanos).
Un torturador es una persona que realiza torturas, provoca dolor, hace de verdugo ante una víctima indefensa, es un psicópata al que su enfermedad mental le impide tener piedad ante el sufrimiento de los demás seres humanos.
Nos imaginamos que Evans Paul y las organizaciones de la sociedad civil que lo aplaudieron en Puerto Principe, estaban haciendo memoria de como los dominicanos, según ellos, les dimos la espalda cuando su capital, Puerto Principe fue remecida por un terremoto que la destruyó hace apenas cuatro años.
Fuimos sus verdugos cuando les quitamos el pan de la boca a nuestros pobres, para enviar las unidades de cocina móvil de todos los comedores económicos del país para dar de comer a los muertos de hambre de Haití que deambulaban por las calles sin lugar donde ir ni bocado que echarse en el estomago.
También somos sus torturadores cuando sus mujeres dan a luz en nuestros hospitales, sus niños son atendidos en nuestras salas de pediatría, sus heridos son curados en nuestros hospitales traumatológicos y todo esto sin que el gobierno haitiano ni ninguna organización internacional nos entregue un solo centavo, todo pago por el bolsillo de nuestros contribuyentes.
Somos los malos de la película cuando tenemos que gastar cuantiosos recursos económicos para prevenir y curar los enfermos de cólera, que fue importada desde Haití y también tenemos que cargar con el peso de los enfermos de malaria que aparecen en casi todo el territorio nacional cuando esa enfermedad estaba erradicada hace muchos años en la República Dominicana.
Provocamos tanto dolor a los haitianos que somos el principal empleador de su mano de obra ociosa y sin ningún tipo de especialización, ya que es un país donde mas del 60% de la población es analfabeta subsistiendo en las mas penosas condiciones de todas las Américas.
También porque sus comerciantes y chiriperos se surten de los productos que produce el agro dominicano y las fabricas de nuestro país, si esto no fuera si, tendrían que importar por aire o por mar aumentando los costos por el precio de los fletes, es mas, podemos decir a boca llena que si no compran lo que producimos ese país literalmente se muere de hambre.
Los verdugos dominicanos también prestamos nuestros puertos a los haitianos, el de Puerto Principe fue destruido por el terremoto, los camiones con productos importados para Haiti cruzan por nuestras carreteras provocando su deterioro por el peso de los contenedores, y adivinen ustedes cuanto les cobramos, pues absolutamente nada.
Es decir, que si no aceptamos las reglas de juego de los haitianos somos unos torturadores y, claro, unos verdugos que nos imaginamos deben merecer, no solo el repudio de los pueblos civilizados del mundo, sino las sanciones correspondientes por lo malo que somos los dominicanos y dominicanas.
Al escuchar de labios de esos malagradecidos haitianos los epítetos hirientes en contra de nuestro país y de los que lo habitamos, solo pensamos que está muy bueno que nos pase por ser manos flojas y estar creyéndonos que de verdad en Haití existía un gobierno con el que se pudiera dialogar.
Si somos torturadores y lo peor que existe debajo del sol, pues lo que debería hacer Evans Paul es recoger a sus haitianos y haitianas y alejarlos de nuestro país, porque dejarlos aquí a nuestra merced podría llevarnos a cometer en algún momento la locura de empujárselos en manada y en forma violenta hacia su territorio, es decir, estamos hartos de tantas calumnias.