¡¡¡Ay que viene el lobo, ay que viene el lobo!!!

POR HUMBERTO SALAZAR.-

“Erase una vez un pastorcillo que cuidaba las ovejas de todo el pueblo. Algunos días era agradable estar sentado en las colinas disfrutando del sol y el tiempo pasaba muy deprisa. Otros, el muchacho se aburría, no había nada que hacer salvo que ver como pastaban las ovejas el día y la noche.
Un día decidió divertirse y se subió en un risco desde donde se divisaba todo el pueblo.

-¡Socorro!- gritó tan fuerte como pudo- ¡Que viene el lobo y devora las ovejas!

En cuanto los del pueblo oyeron los gritos del pastorcillo, salieron corriendo de sus casas y subieron corriendo la colina para ayudarles a ahuyentar al lobo…y lo encontraron muerto de risa por las bromas que les había gastado.

Enfadados volvieron al pueblo y el chico. todavía riendo, se quedó pastoreando las ovejas.

Una semana mas tarde el muchacho se aburría, así que subió de nuevo al risco y gritó tan fuerte como pudo: ¡Socorro que viene el lobo y devora las ovejas!

Otra vez los del pueblo corrieron hasta la colina para ayudarle. De nuevo lo encontraron muerto de risa al verles tan colorados por el esfuerzo y se enfadaron mucho, pero lo único que podían hacer era darle un fuerte regaño.

Tres semanas después el pastorcillo les gastó la misma broma, y otra vez un mes después, y de nuevo al cabo de unas pocas semanas.

¡Socorro! -que viene el lobo gritaba- ¡Que viene el lobo y devora las ovejas!

Los buenos vecinos siempre se encontraban con el pastorcillo a carcajada limpia por la broma que les había gastado.

Pero…un día de invierno a la hora de la tarde, mientras el muchacho reunía las ovejas para regresar con ellas a casa, un lobo de verdad se acercó a donde apacentaba el rebaño.

El pastorcillo se quedó aterrado. El lobo parecía enorme a la hora del crepúsculo y el chico solo tenia una vara para defenderse. Corrió hasta el risco y gritó:

-¡Socorro!- Que viene el lobo y se come las ovejas.

Pero nadie salió para defender al muchacho porque nadie cree a un mentiroso aunque diga la verdad.

Nos ha gastado la misma broma demasiadas veces- dijeron todos- si esta vez hay un lobo tendrá que comerse al muchacho”.

¿Cuántos son y donde están los que se han reído por años de las advertencias hechas sobre lo que ocurría en Haití en relación a la República Dominicana?

Deberían dar la cara los que se plantaron a dictar discursos rimbombantes, torciendo la realidad histórica, señalando de la buena fe con que negociaban con sus pares haitianos soluciones a los problemas de los dos países.

Por años, hemos soportado acusaciones de nacionalistas, derechistas, xenofobos, racistas y cuantos epítetos se le endosan a los que se plantan a defender nuestra soberanía, porque eran exageraciones las advertencias de que el lobo haitiano se movía haciendo lobby en contra del derecho soberano de la República Dominicana de defender su territorio.

Donde están ahora los que se reían a mandíbula batiente con estas advertencias, cuando se desata todo un vendaval de acusaciones sin sentido, pero muy bien orquestadas en contra de nuestro país y nuestra nacionalidad.

A partir del vencimiento del plazo para la regularización, lo que se ha soltado es el lobo en contra de la República Dominicana, en el periódico Washington Post, la alcaldía de Nueva York, el inefable Ralph Gonzalves, el Primer Ministro de Dominica, el presidente de Haití Michel Martelly y ayer se produjo de nuevo la veda de los productos agrícolas dominicanos para ser vendidos en Haiti.

Lo único que piden estos lobos, es que se acepte dar la nacionalidad a los cientos de miles de haitianos que nos han invadido en los últimos años y que no apliquemos nuestra ley de migración que exige que cada extranjero que resida en nuestro territorio este sujeta su permanencia a la norma jurídica aprobada soberanamente por el Congreso de la nación para tales fines.

Casi nada, si cedemos desaparecemos como nación porque los once millones de haitianos se mudaría para el territorio nacional, es decir, en vez de terminar la obra de Duarte, lo que se produciría es la vuelta a 1844 en el gobierno de Boyer.

Ojala que no sea demasiado tarde y no nos coman los lobos internacionales.