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PACIENCIA Y OBSERVACIÓN, ATRIBUTOS DE UN GRAN POLÍTICO

Publicado

en

hzPOR HUMBERTO SALAZAR.-

Si existe una actividad humana en la que la línea entre la vida y la muerte esta pendiente de un gesto, un movimiento, una señal, un mal cálculo y cualquier otro imprevisto, es cuando un hombre vestido de luces se enfrenta a un terrible toro de lidia ibérico.

La tauromarquia, o el arte del toreo, no es mas que el enfrentamiento entre la inteligencia de hombre y la fuerza bruta de un ser irracional representada por toda la fiereza que puede ocultarse en la naturaleza, un toro que embiste con instinto asesino a un torero solo armado con un pedazo de tela que lo espera pacientemente frente a el.

En este espectáculo, se encuentran los extremos que caracterizan las actividades de los seres humanos, es como si se conjugaran la vida y la muerte en cada uno de sus actos.

1253794523040_fPor un lado la fiesta bravía con sus trajes de luces que reflejan el sol, la música que acompaña las multitudes, el homenaje a la vida representada por la luz, pero por otro lado la sangre que tiñe la arena de rojo oscuro, y las sombras de la muerte que acompañan por lo general al toro, cuyo final probable es terminar tendido sobre la arena.

El toreo no es un deporte, ya que en este hay dos contrincantes mas o menos en igualdad de condiciones, unos dicen que es un arte y otros un abuso contra el animal, lo que si está claro es que es un enfrentamiento entre la astucia y la paciencia del torero, y el intento del toro por imponer la fuerza bruta que le ha dado la naturaleza.

Ernest Hemingway, el famoso escritor norteamericano, la describe como ¨una tragedia, la muerte del toro, representada mejor o peor por el toro y el hombre que participan en ella en la que hay peligro para el hombre y muerte cierta para el toro¨.

Como en la vida, el torero puede aumentar o disminuir el peligro toreando mas cerca o mas lejos de las puntas de los cuernos del toro, mas cerca significa que puede ser enganchado si actúa con lentitud o torpeza, incluso si sufre un descuido o el toro hace un movimiento no esperado.

El toro no corre y embiste la capa porque es estúpido o no tiene sentido de quien es su adversario, no y no, eso podría pensarlo alguien que no es un buen observador de lo que ocurre en la arena, lo hace porque el torero lo obliga, clavándole la tela en frente de los dos ojos y ocultando su cuerpo con este truco de desvío de atención hacia to que interesa al hombre.

La paciencia y la frialdad donde se impone la inteligencia sobre la fuerza animal está simbolizada por ese pedazo de tela roja, y consiste en mantenerla hasta la última fracción de segundo frente al toro, hasta cuando baja la cabeza y embiste como una locomotora, solo en ese momento se mueve el torero hacia atrás y la espera deja su fruto.

Los que no entienden este arte, no pueden aplicarlo a la vida real, porque el toro y el torero no son mas que una representación de lo que vivimos cada día.

Exigir que los que estamos en la arena rompamos la técnica moviendo los pies hacia delante o atrás mientras el toro estudia su embestida, sería un buen ejemplo de suicidio e inmolación, porque es seguro que la fuerza bruta se impondrá a la inteligencia humana.

Cuando el toro nos estudia, también nosotros estudiamos al toro, y la lucha consiste en mantener los ojos del animal pegados a la capa roja, lo que permitirá que calculemos cuan cerca es lo seguro para que pasen sus cuernos afilados sin que suframos las consecuencias de un mal cálculo.

El peligro lo escoge el matador, no el toro, quien racionaliza es el que tiene la capa, no quien embiste, hacer lo contrario es una estupidez ya que la corrida termina con el toro tendido muerto en el centro de la plaza, no con el torero tendido en la enfermería herido por el animal.

Nadie está loco para correr hacia el peligro, ponerse en frente de un toro furioso y todavía creerse que va a salir indemne ante su osadía.

En la arena de la vida y la política, como en el toreo, el peligro se calcula, si no lo haces, las probabilidades de que te ¨agarre el toro¨ son enormes, con lo que esto supone para la integridad física y la supervivencia de quienes por ignorancia no calculan cual es el límite de la seguridad.

Por eso escribimos hoy sobre los toros, políticamente guardar las formas, mantener la lealtad a ciertas técnicas y tener la habilidad de fijar los ojos del toro en la capa roja es lo correcto, romper con esos elementos podrían llevarnos a ser embestidos, pues el concepto peligro se intercambió, y escapándose del control del hombre se le pasa inadvertidamente a la bestia.

Al final la vida, y por lo tanto la política, no es mas que la suma de esfuerzos para evitar que nos embistan los que en un momento determinado poseen la fuerza bruta y con sus cuernos amenazan llevarnos por delante.

Solo que es de inteligentes mantenerle a los animales bípedos los ojos fijos en la tela, sin movernos ni un milímetro ni delante ni atrás, agitarla frente a sus ojos, saber esperar pacientemente la embestida, calcular fríamente le peligro que estamos dispuestos a correr, y permitir que toda la furia irracional se ejerza en contra de un objeto y cuando las condiciones estén dadas imponer las células grises del cerebro y con la espada tirarse a matar.

En casi todos los casos, haciendo todo correctamente, impera lo racional sobre el animal, solo que hay que tener la paciencia y sangre fría suficiente para saber esperar a que sea el toro que embista, mientras el torero mantiene firmes sus pies pegados al suelo y calcula el peligro, hacer lo contrario es una muerte o herida segura.

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