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Respuesta a Tony Raful

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joaquin ricardo

POR JOAQUIN RICARDO

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En la edición del Listín Diario correspondiente al día 30 de abril próximo pasado, en la Sección Opinión, se publica un artículo del licenciado Tony Raful, con el epígrafe de “Balaguer y Caamaño”, en el que el autor hace referencia a sucesos políticos  que tuvieron como protagonistas a las dos figuras históricas con las que titula su escrito. La forma sesgada en que el amigo Raful narra los mismos, ameritan aclaraciones y precisiones que nos permitiremos realizar en los siguientes párrafos.

En el referido escrito el articulista afirma, y cito, que “el presidente Balaguer fue acusado de ser el responsable intelectual de la matanza del parque Independencia, por lo cual fue sometido ante los tribunales de la República, conjuntamente con otra acusación que lo implicaba en la malversación de fondos del extinto Partido Dominicano, organización que disolvió por decreto disponiendo que dichos fondos, alrededor de cinco millones de pesos de la época, fueran distribuidos entre gente necesitada, choferes e indigentes, sin tener la autorización legal para ello”. Fin de la cita.

 Acerca del lamentable caso del parque Independencia, de haber tenido fundamento la acusación, debió continuarse con el proceso judicial a su regreso al país, pero como era una acusación roñosamente elaborada sin base alguna que no fuera la intención de difamar, la misma se desvaneció junto con los intentos de la oligarquía de gobernar, no para democratizar al país, sino para suplantar al tirano abatido por la férula de sus intereses personales y comerciales.

En lo referente a la supuesta malversación, la misma solo revela las malquerencias propias de las almas mediocres que deseaban asumir el control de la cosa pública. Estoy seguro que el amigo Raful ha visto los recortes de prensa de los últimos tres meses del año 1961, en donde se explica en cada reseña cómo se repartieron entre dominicanos de escasos recursos esos dineros. Basta recordar que el Partido Dominicano fue disuelto por disposición del presidente Balaguer en su titánico esfuerzo en tan difíciles momentos por liquidar los remanentes del abatido régimen unipersonal. Si hay un tema en que todos coinciden, aún sus más encarnizados adversarios, es en el de la honestidad personal del doctor Balaguer, por lo que en ese aspecto no tenemos nada más que agregar; pero si nos sorprende que un intelectual a quien se le asigna un alto nivel de ecuanimidad, en esta oportunidad haya echado por la borda esta condición bien merecida.

En lo concerniente al regreso del doctor Balaguer al país después de un prolongado exilio ante el agravamiento del estado de salud de su madre, ciertamente el gobierno de Reconstrucción Nacional, por intermedio de una persona muy vinculada a su principal representante, le hizo saber al doctor Balaguer que se le otorgaban 48 horas para salir del país, a lo que el líder reformista respondió que no lo haría. Aunque no creemos que el impetrado comisionara a persona alguna para conversar con el jefe constitucionalista, es cierto que amigos comunes realizaron los contactos pertinentes  para  que, de haberlo requerido, se le acogiera en esa zona, algo que, por cierto, no se llegó a materializar. Al hacer referencia a este gesto por parte del jefe del sector constitucionalista, el autor menciona la fallida incursión armada de Playa Caracoles en 1973  y su conocido desenlace, para enrostrarle al doctor Balaguer el no haber tenido “la condescendencia, la magnanimidad y la nobleza de garantizar su vida”, en obvia referencia al líder guerrillero muerto en combate.

Ante esta última aseveración, deseamos iniciar nuestras precisiones resaltando las enormes diferencias y circunstancias existentes entre ambas situaciones. No debemos olvidar que  el líder guerrillero vino al frente de una incursión armada para derrocar a un gobierno constitucional legítimamente constituido, fuera o no de su agrado, en franca violación de más de una docena de artículos de nuestro Código Penal, específicamente los contenidos en el libro tercero,  capítulo 1, sección primera, que tipifica los delitos contra la seguridad del Estado. Como militar y guerrillero sabía que lucharía hasta vencer o ser vencido y, en efecto, murió en combate contra los miembros de las fuerzas armadas, estos últimos en cumplimiento del sagrado deber de mantener y defender al gobierno de la República y al pueblo dominicano ante este intento de alteración del orden y la paz públicas.

Si se desean asignar responsabilidades en la muerte del jefe guerrillero se deben buscar en aquellos que, a sabiendas de que no existían las más elementales condiciones objetivas ni subjetivas en el país para una aventura como esa, le incitaron y estimularon para que se produjese el desembarco guerrillero, a sabiendas de que a esa andanza solo le aguardaba el fracaso más rotundo.

En lo referente a las condiciones humanas del presidente Balaguer, el escritor y poeta Cándido Gerón, en su libro de reciente publicación acerca del polémico ciudadano rumano Sacha Volman, refiere que de acuerdo a sus apuntes biográficos, el referido personaje viajó a Londres en el año 1967, por iniciativa del presidente Balaguer, para convencer al coronel Caamaño de que regresara al país y se involucrara en la política doméstica. Realizado el encuentro y formulada la propuesta, la misma fue rechazada por Caamaño. Este hecho desconcertó al señor Volman, pues el presidente Balaguer le había expresado que tenía informes de que el coronel Caamaño se proponía regresar al país al frente de una guerrilla y el doctor Balaguer deseaba evitar un enfrentamiento con él, puesto que sabía de antemano que éste caería en combate. Añade, además, el señor Volman que el doctor Balaguer lamentó el rechazo y le dijo que su intención era sincera. Para mayor información, ver la obra ¿Fue Sacha Volman un agente de la CIA?, (Cándido Gerón,  primera edición, Marzo 2013, pags 140-142). Creemos que el testimonio resulta harto elocuente acerca de las buenas intenciones del doctor Joaquín Balaguer.

Finalmente,  ante los frecuentes ataques de que es objeto la figura política del doctor Balaguer, cada día es más evidente que nos encontramos frente a una sociedad que padece una seria inversión de valores.  Nuestras vidas parecen regidas por los consejos que el criminal Vautrin le dio a Rastignac en “Papá Goriot”, la célebre novela de Balzac, de vivir con un pragmatismo en el que no se necesita principios, sino cuentas bancarias; en el que no se persigue buscar la verdad, sino amigos influyentes; donde no se necesita musas inspiradoras, sino aburridas consortes de acaudalados señores a las que seducir para entrar al “gran mundo” a través de la alcoba. En el mundo de esa novela como en la actualidad, los principios no ennoblecen sino que son más bien un lastre en la carrera hacia el dinero y la posición elevada.

Vivimos, al parecer, al igual que Rastignac, en el reino de la mediocridad satisfecha, la de la mediocridad envidiosa, celosa del talento. De ahí las agresiones innecesarias al hombre superior. Gustave Flaubert, en su prefacio a las poesías de Louis Bouilhet, escribe: “¡Mirad cómo el desierto se extiende! Un aliento de estupidez, una tromba de vulgaridad, nos envuelven, prestos a recubrir cualquier elevación, cualquier delicadeza. Se sienten felices de no respetar a los grandes hombres….”
(Tomado de Listín Diario, 9 de mayo de 2013)

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