Opiniones
La soberanía no se juega en un estadio: La expresión del delantero del equipo haitiano Wilson Isidor es desafortunada y ofensiva

Por Héctor Rodríguez Pimentel.-
El fútbol debe servir para acercar a los pueblos, no para reabrir heridas que la historia nos obliga a conocer y superar.
Por eso resultan desafortunadas las expresiones atribuidas al futbolista haitiano Wilson Isidor, quien, tras la victoria de su selección frente a la República Dominicana en el Estadio Olímpico Félix Sánchez, proclamó: “La Hispaniola es Haití” y “Haití está aquí”. Diversos medios dominicanos han recogido esas expresiones y la controversia que han provocado.
No se trata de dramatizar una frase pronunciada en medio de la euforia deportiva. Pero tampoco debemos ignorar su carga histórica.
Los dominicanos conocemos demasiado bien nuestra historia para permanecer indiferentes ante expresiones que puedan interpretarse como un desconocimiento de nuestra soberanía. La experiencia de comienzos del siglo XIX, incluida la concepción territorial plasmada durante el gobierno de Toussaint Louverture, forma parte de una memoria histórica compleja que todavía conserva sensibilidad en las relaciones entre ambos pueblos.
Precisamente en mi libro Haití, el vecino desconocido sostengo que dominicanos y haitianos estamos llamados a construir una relación de cooperación, respeto y convivencia. No porque seamos iguales —no lo somos—, sino porque la geografía y la historia dispusieron que dos pueblos con idiomas, culturas, tradiciones, instituciones y procesos históricos diferentes compartieran una misma isla.
Pero esa convivencia solo puede edificarse sobre una premisa que no admite ambigüedades: en la isla de La Española existen dos Estados libres, soberanos e independientes: la República Dominicana y la República de Haití.
No es simplemente una afirmación dominicana. El propio Tratado Fronterizo de 1929, suscrito por ambos Estados, parte expresamente del reconocimiento de Haití y República Dominicana como Estados libres, soberanos e independientes que comparten el territorio de la isla y establece jurídicamente la frontera que separa sus respectivos territorios. Ese tratado y su Protocolo de Revisión de 1936 continúan formando parte del marco jurídico bilateral.
Por eso la expresión atribuida a Isidor fue mucho más allá de una celebración futbolística. En un escenario dominicano y ante miles de espectadores, tocó innecesariamente una fibra histórica particularmente sensible.
En ese contexto, entendemos que la Federación Dominicana de Fútbol debe elevar formalmente el caso ante los órganos disciplinarios de Concacaf, acompañándolo de los videos y demás evidencias disponibles, para que se determine si las expresiones atribuidas al jugador Wilson Isidor constituyen una violación de las normas disciplinarias y de conducta aplicables y, de comprobarse una infracción, se imponga la sanción correspondiente.
No se trata de reclamar represalias por una derrota deportiva ni de alimentar sentimientos antihaitianos. Se trata de establecer que un escenario deportivo internacional no debe utilizarse para formular expresiones de contenido político o territorial capaces de provocar, ofender o desconocer la sensibilidad nacional del país anfitrión.
La propia normativa disciplinaria internacional contempla actuaciones frente a conductas antideportivas y otras infracciones, y Concacaf dispone de mecanismos para investigar los hechos utilizando informes, declaraciones y grabaciones de audio y video.
La República Dominicana perdió un partido de fútbol; no perdió, ni está en discusión, un centímetro de su soberanía.
Como sostengo en en mi libro “Haití, el vecino desconocido”, dominicanos y haitianos debemos aprender a convivir, cooperar y respetarnos como vecinos. Pero esa convivencia comienza precisamente por reconocer una realidad fundamental: compartimos una isla, no una soberanía.
Compartimos una isla, no nuestra soberanía.
(Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no reflejan necesariamente la postura de Últimas Noticias).












