Opiniones
La asistencia escolar no es un cheque en blanco

Por Wendy Carrasco
(Periodista y educadora)
En días recientes, escuchando el análisis en el programa Matinal, me impactó la soltura y la firmeza categórica con la que una de las comunicadoras afirmaba que en nuestro país un estudiante simplemente «se desaparece» del sistema educativo sin que nadie en la escuela se percate ni haga nada al respecto.
Escuchar esa afirmación no solo me causó una profunda inquietud periodística, sino también una reacción desde mi convicción como docente y mi labor en la supervisión de la gestión escolar. Desconozco si esa postura nace de un desconocimiento involuntario o si forma parte de esa tendencia mediática que busca sobredimensionar casos aislados —esos que ciertamente se escapan de las manos del sistema y carecen de una respuesta inmediata— para convertirlos en una regla general. Sin embargo, generalizar de forma tan categórica sobre un punto tan neurálgico como el seguimiento a la asistencia escolar es, por decir lo menos, injusto e irresponsable.
En la cotidianidad de los centros educativos, el pase de lista no es un formalismo burocrático; es un ritual sagrado. Se realiza rigurosamente al iniciar cada jornada y se repite en cada período de clase desde el segundo ciclo de Primaria en adelante. El protocolo no se limita a poner un cotejo en una hoja: si un alumno falta el primer día, queda asentado el reporte. Al segundo día consecutivo de inasistencia, el maestro no se queda de brazos cruzados: acude al Equipo de Gestión del centro.
A partir de ese momento se activa un engranaje humano y profesional donde los orientadores y psicólogos escolares entran en contacto directo con la familia. Y cuando las llamadas no responden, el equipo sale del aula y realiza la visita domiciliaria para conocer la situación real del estudiante.
A nivel institucional, el Ministerio de Educación cuenta con plataformas digitales para el registro de la asistencia diaria. Paralelamente, en las regionales y distritos educativos mantenemos controles rigurosos —tanto internos como de reporte al MINERD—, apoyados en instrumentos como la Matriz de Cumplimiento del Calendario y Horario Escolar. Disponemos de datos cualitativos y cuantitativos que miden paso a paso la presencia del estudiantado en las aulas.
Pero más allá de los sistemas y los softwares, la pieza fundamental de este engranaje sigue siendo humana. Los maestros y maestras son los verdaderos garantes de que esa información se recoja con absoluta rigurosidad. Saben muy bien que el registro de grado es un documento legal e institucional sagrado, cuya alteración o descuido acarrea graves consecuencias.
Como periodista y educadora, hago un llamado fraterno pero firme a mis colegas comunicadores. La labor informativa sobre temas educativos exige ir más allá de la opinión ligera o el comentario de cabina. Los invito a dejar el confort de los estudios de televisión o radio y visitar un centro educativo; a acompañar al equipo de gestión durante una jornada completa y conocer de cerca la realidad antes de emitir juicios absolutos.
Los invito también a estudiar la Ley General de Educación 66-97, las ordenanzas y los reglamentos que rigen el sistema. En la educación dominicana no todo está mal. Lejos del ruido político y del sesgo partidista, en cada rincón de nuestro país hay miles de hombres y mujeres entregados en cuerpo y alma a su vocación, postergando en muchas ocasiones a sus propias familias, su tiempo y su salud para ofrecer lo mejor de sí a nuestros niños y jóvenes.
Criticar para construir siempre será bienvenido; pero desmantelar con palabras la entrega diaria de la comunidad educativa, sin conocer el trabajo que se realiza en el territorio, es un lujo que el periodismo responsable no se puede permitir.
Etiquetas: asistencia, Distritos Educativos, educación, ley de educación, Minerd, regional, Wendy Carrasco
(Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no reflejan necesariamente la postura de Últimas Noticias).












