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Indignación en Nueva York: Mamdani entrega a exabogado de miembro de Al-Qaeda el bolígrafo con que honró a víctimas del 11-S

Por Rafael L. Jerez.-
Nueva York.– El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, firmó una orden ejecutiva en honor a las víctimas de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 y posteriormente, entregó el bolígrafo utilizado en la ceremonia a su principal asesor jurídico, Ramzi Kassem, un gesto considerado por sectores críticos como una falta de respeto hacia los fallecidos y sus familiares.
Se recuerda que Kassem representó en el pasado a Ahmed al-Darbi, miembro de Al-Qaeda que se declaró culpable de cargos relacionados con terrorismo.
El hecho ha causado mayor controversia debido a que al-Darbi era cuñado de Khalid al-Mihdhar, uno de los secuestradores del vuelo 77 de American Airlines, estrellado contra el Pentágono durante los ataques del 11-S.
La acción ocurre precisamente cuando Nueva York se prepara para conmemorar el 25.º aniversario de los atentados, una fecha que permanece profundamente arraigada en la memoria de las familias de las víctimas, sobrevivientes, policías, bomberos, rescatistas y millones de neoyorquinos.
Aunque haber representado legalmente a una persona acusada de terrorismo no implica compartir sus actos ni su ideología, la ofensa no gira alrededor del derecho de Kassem a haber ejercido como abogado defensor, sino alrededor de la decisión del alcalde y del enorme simbolismo del objeto que decidió entregarle.
El bolígrafo con el que se honra oficialmente la memoria de las víctimas del 11-S no es simplemente un instrumento de escritura. En ese contexto se convierte en una pieza ceremonial vinculada a uno de los acontecimientos más dolorosos de la historia de Nueva York.
Por ello, el gesto ha sido interpretado por los Newyorkinos como una muestra de profunda insensibilidad hacia quienes perdieron familiares aquel día y hacia la memoria de las casi 3,000 personas que murieron como consecuencia de los ataques.
La pregunta que queda sobre la mesa es inevitable:
¿Cómo pudo la Alcaldía de Nueva York no anticipar el impacto que tendría entregar precisamente ese símbolo a una persona cuyo pasado profesional está vinculado a la defensa de un miembro de Al-Qaeda?
No se trata de cuestionar el derecho constitucional a la defensa ni la profesión de un abogado. Se trata de criterio, sensibilidad y responsabilidad institucional.
Nueva York puede tener profundas diferencias políticas, religiosas e ideológicas, pero la memoria del 11 de septiembre debería permanecer por encima de todas ellas.
A 25 años de aquella tragedia, las víctimas y sus familias merecen que cada acto oficial relacionado con el 11-S sea tratado con la solemnidad y el respeto que exige su memoria.
Nueva York no olvida. El 11 de septiembre no admite frivolidades.












