Cennect with us

Opiniones

Las grandes potencias se manejan y coordinan en la crisis global

Publicado

en

Image0 83

Por Víctor Manuel Grimaldi Céspedes.-

Las grandes potencias comienzan a moverse y coordinarse ante una crisis internacional que ya no puede administrarse mediante conflictos separados.

Ucrania, Irán, el Estrecho de Ormuz, Taiwán, el petróleo, las tierras raras, los semiconductores y la inteligencia artificial forman progresivamente partes de un mismo tablero.

La señal más extraordinaria puede estar apareciendo ahora: Vladimir Putin, Donald Trump y Xi Jinping podrían reunirse conjuntamente en noviembre en China.

No existe todavía una cumbre trilateral confirmada. Conviene decirlo claramente. Pero Rusia ha reconocido oficialmente que la posibilidad está siendo considerada.

El viceministro ruso de Relaciones Exteriores, Serguéi Ryabkov, declaró este domingo que Moscú no descarta una reunión entre los presidentes de Rusia, Estados Unidos y China. Antes de prepararla formalmente, explicó, sería necesario determinar su agenda y los resultados que podrían esperarse.

El escenario sería particularmente significativo: la cumbre de la APEC prevista para los días 18 y 19 de noviembre en Shenzhen, China.

Una fotografía de Xi, Trump y Putin alrededor de una misma mesa sería por sí sola una representación extraordinaria del nuevo equilibrio mundial.

Pero antes ocurrirán movimientos igualmente importantes.

Xi Jinping tiene previsto visitar Washington el 24 de septiembre. Trump ha dicho que quiere discutir con él, entre otros asuntos, inteligencia artificial. Xi prepara además una importante delegación empresarial, algo poco habitual en sus viajes internacionales recientes.

La economía y la geopolítica estarán inevitablemente mezcladas.

Estados Unidos y China compiten por semiconductores, inteligencia artificial, tierras raras, mercados, inversiones y predominio en el Pacífico. Pero siguen dependiendo uno del otro.

China posee una especie de Ormuz mineral: controla segmentos fundamentales de las cadenas de suministro de tierras raras y materiales estratégicos que necesita la industria occidental.

Estados Unidos posee, por su parte, instrumentos formidables: el dólar, los mercados financieros, la tecnología avanzada, los semiconductores y el acceso a su gigantesco mercado.

Ambos pueden hacerse daño.

Precisamente por eso necesitan hablar.

Irán estará también, aunque indirectamente, sentado en la mesa Trump-Xi.

China continúa teniendo enorme importancia para el comercio petrolero iraní. Washington necesita evitar que Beijing proporcione a Teherán suficiente oxígeno económico para neutralizar la presión estadounidense.

Pero China necesita petróleo y estabilidad en Oriente Medio.

Ormuz conecta así directamente Washington, Beijing y Teherán.

Ucrania conecta, entretanto, a Washington, Moscú y Beijing.

Este domingo los enviados estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner se encuentran en Kyiv después de mantener durante más de tres horas conversaciones con Putin en Moscú. El presidente Volodímir Zelenski insiste en que cualquier paz debe acompañarse de garantías de seguridad suficientemente fuertes.

Estamos viendo diplomacia de grandes potencias en movimiento.

Washington habla con Moscú.

Después habla con Kyiv.

Xi viajará a Washington.

Putin mantiene comunicación estrecha con Xi.

Y aparece ahora la posibilidad de que Trump, Xi y Putin terminen encontrándose conjuntamente en China.

No significa que estemos regresando automáticamente al viejo sistema de conferencias donde tres potencias podían decidir el destino del planeta.

Europa existe.

India es una potencia creciente.

Japón posee enorme importancia.

Las potencias del Golfo han adquirido considerable autonomía.

Y los países medianos y pequeños poseen hoy instrumentos que no tenían hace ochenta años.

Pero sería ingenuo ignorar que Estados Unidos, China y Rusia conservan capacidades extraordinarias para alterar el sistema internacional.

Entre las tres poseen arsenales nucleares gigantescos, enormes territorios, recursos naturales, capacidad tecnológica, influencia diplomática y puestos permanentes con derecho de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Una conversación conjunta tendría, por tanto, dimensiones históricas.

Ucrania sería inevitable.

También Irán.

Probablemente el control de armamentos nucleares.

La seguridad del Pacífico.

Corea del Norte.

Taiwán, aunque las posiciones serían extraordinariamente difíciles de conciliar.

Inteligencia artificial.

Comercio.

Energía.

Y quizás una cuestión todavía mayor: cómo impedir que las guerras regionales terminen fusionándose en una confrontación mundial.

Ésa es precisamente la característica de la crisis actual.

Estados Unidos necesita interceptores Patriot para distintos teatros.

Europa necesita reconstruir sus arsenales.

Rusia depende cada vez más de relaciones económicas y tecnológicas con Asia.

China necesita que las guerras no destruyan las rutas comerciales de las cuales depende su economía.

Todos compiten.

Pero todos tienen también algo que perder si la competencia deja de poder administrarse.

Ahí aparece nuevamente la diplomacia.

No como expresión de amistad.

Como instrumento de supervivencia.

Las grandes potencias se coordinan muchas veces precisamente porque son adversarias.

Washington y Moscú negociaron durante la Guerra Fría no porque confiaran uno en otro, sino porque ambos comprendían las consecuencias de perder el control.

Estados Unidos y China comienzan a enfrentarse ahora a una realidad semejante.

Y Rusia busca conservar su lugar dentro de esa arquitectura.

Por eso debemos observar cuidadosamente noviembre.

La reunión Xi-Trump-Putin todavía es solamente una posibilidad. La Casa Blanca no ha confirmado siquiera la participación de Trump en la APEC.

Pero el hecho de que Moscú la plantee públicamente ya posee significado.

Primero podría producirse Trump-Xi en Washington el 24 de septiembre.

Después, posiblemente, Xi-Trump-Putin en Shenzhen en noviembre.

Dos fotografías podrían terminar definiendo el otoño geopolítico de 2026.

Porque las grandes potencias parecen comenzar a comprender una verdad elemental:

pueden competir por poder, territorios, mercados, tecnología y recursos.

Pero también necesitan mecanismos para impedir que todas esas competencias desemboquen simultáneamente en una crisis imposible de controlar.

Las grandes potencias vuelven a manejarse y coordinarse porque la crisis ya es global.

Y quizá la gran pregunta de los próximos meses sea si esa coordinación llegará a tiempo para administrar el desgaste o si será precisamente el desgaste el que termine obligándolas a sentarse juntas.

(Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no reflejan necesariamente la postura de Últimas Noticias).