Opiniones
JIMMY SIERRA: EL LEGADO DE UN “TEÓRICO MAYOR”

Por Sebastián del Pilar Sánchez.-
Mis primeros recuerdos de la figura de Jimmy Sierra se remontan a 1970, en un itinerario vital trazado entre las aulas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y el bullicio cotidiano del barrio Villa Juana. En aquella fase moldeadora, su presencia ya resonaba con fuerza en los pasillos universitarios y en la vida comunitaria como un referente de constante inquietud cultural y social.
Sin embargo, el destino no cruzó nuestros caminos con auténtico calado conceptual sino mucho tiempo después, reservando para más adelante el inicio de un intercambio de ideas verdaderamente entrañable. Sería con el paso de los años y el florecer de sus célebres espacios de debate cuando esa antigua cercanía germinaría en una profunda afinidad de pensamiento y fraternidad indisoluble.
Ese esperado encuentro ocurrió finalmente en una mañana de abril de 2016. Por invitación del politólogo y abogado Juan José Encarnación, me integré a las ya legendarias «Tertulias del Teórico», conducidas magistralmente por Jimmy. El punto de reunión era la terraza de Café Santo Domingo, ubicada en el centro comercial Ágora Mall, un espacio que pronto se transformaría en el escenario perfecto para el debate plural y la reflexión sin reservas.
En aquel entonces, la peña era un grupo selecto de unas siete almas. Entre los pioneros recordamos al doctor Julio Aníbal Suárez Duvernay, exjuez de la Suprema Corte de Justicia; al fenecido empresario Hugo Sánchez; y a los periodistas Domingo Batista, Carlos Nina Gómez, Alexis Almonte, Claudio Cabrera y Andrés Deveaux.
Esas primeras reuniones, celebradas en la terraza de Café Santo Domingo, poseían una mística especial, pero su crecimiento fue vertiginoso. La calidad del debate atrajo rápidamente a profesionales de diversas áreas, expandiendo el círculo de manera notable. Se sumaron figuras como Rafael Peralta Romero, Juan Manuel García, Valentín Pérez Terrero, Héctor Minaya, Carlos Márquez, Luis Collado, Nelson Gómez, Luis González Fabra y Andrés -Licho- Matos.

La lista continuó creciendo de forma exponencial con el paso de las semanas, convirtiendo la tertulia en un verdadero crisol del pensamiento dominicano y un punto de encuentro plural para diversas generaciones de intelectuales. En este espacio convergieron personalidades de la comunicación, la literatura, la política y la gestión social, enriqueciendo la dinámica de las sesiones con debates sobre los más diversos aspectos de la realidad nacional.
Diversidad de voces en el debate sabatino
Entre los concurrentes habituales destacaban figuras de amplia y reconocida trayectoria en el ámbito periodístico, político y social, como José Bujosa Mieses, Elsa Catalina Ramírez, Eulalio Almonte Rubiera, Rafael Menoscal y Santiago Moquete. A este nutrido núcleo se sumaban también Francis Javier, Dalia Féliz y Héctor Tineo, quienes aportaban una mirada crítica y plural a las deliberaciones semanales.
Asimismo, enriquecieron el dinamismo de las discusiones sabatinas gestores culturales y profesionales de diversas disciplinas como Juan Cruz Triffolio, Arturo Suero, Reynaldo Disla, Héctor Martínez, José Sánchez Reyna, Eli Helieger, Máximo Taveras y Fernando Ramírez. La nómina de participantes se completaba con las valiosas intervenciones de Eddy de los Santos, Elpidio Ramírez, Juan Heredia, Solangel Velásquez, Ramón Mercedes, Tomás –El Diablo- Montás, Juan Bautista Castillo Pujols, Augusto Álvarez, Tomás Romero, Jhaner Méndez, entre muchos otros.
Ante este crecimiento continuo, Jimmy Sierra, con la inestimable asistencia del doctor Suárez Duvernay, tomó la decisión logística de trasladar la actividad sabatina. Dejamos la terraza del café en Agora Mall para instalarnos en el edificio de Ikea, manteniéndonos en el área metropolitana. Posteriormente, durante el año 2019 y los primeros meses de 2020, las tertulias encontraron su hogar en el Club Universitario.
En cada uno de estos escenarios, el «Teórico Mayor» —como cariñosamente le apodábamos— hizo gala de un liderazgo innato. Poseía una maestría única para moderar debates encendidos sobre temas esencialmente filosóficos y políticos, elevando el nivel de la discusión sin perder la calidez humana. Bajo su batuta, desfiló una pléyade de reconocidos conferencistas que enriquecieron nuestros sábados.
Ponentes del ámbito científico, histórico y sociopolítico
Citar a todos los conferencistas es una tarea monumental; sin embargo, resulta imprescindible mencionar a personalidades de gran relieve en el ámbito científico, histórico y periodístico. Entre los ponentes más destacados figuraron el medioambientalista Luis Ovidio Carvajal Núñez, miembro de la Academia de Ciencias; el historiador y sociólogo José del Castillo Pichardo; el prestigioso médico y diplomático Rafael Antonio Lantigua Ciriaco; el escritor y embajador Tony Raful; el veterano comunicador Ercilio Veloz Burgos, y el reconocido sociólogo César Pérez.

Asimismo, enriquecieron el debate y el nivel analítico de las jornadas el abogado Almanzor González Canahuate, el politólogo Iván Gatón y el laureado novelista Andrés L. Mateo. La nómina de expositores se completó con la agudeza crítica de los maestros del periodismo Juan Bolívar Díaz y Bonaparte Gatreaux Piñeyro, junto a las valiosas contribuciones e impresiones del dirigente político José Ovalle Polanco.
La cultura y la expresión artística también tuvieron un lugar de gran relieve dentro del espacio sabatino. La peña se honró con la presencia de referentes populares como los integrantes del célebre Conjunto Quisqueya, así como con la participación especial del «Cantor de la Patria», Aníbal de Peña, quien asistió acompañado de su esposa, Iluminada Jiménez. Estas entregas matizaron las jornadas de debate con emotivos momentos dedicados a la música, la identidad nacional y la memoria cultural dominicana.
A lo largo de casi cuatro años de participación asidua en su tertulia, mi admiración por el «Teórico Mayor» no hizo más que crecer. Conducía cada encuentro con una pasión, abnegación y destreza admirables, manteniendo siempre encendida la llama del debate cultural.
Incluso ante el desafío de la pandemia de la COVID-19, adaptó el espacio al formato de videoconferencias sin perder un solo ápice de entusiasmo. En cada sesión, demostró un dominio enciclopédico de la historia, la poesía, la novela, el teatro, el cine y las más diversas manifestaciones del espíritu humano.
La repentina muerte de este creador polifacético dejó una marca imborrable en la cultura dominicana y en el corazón de quienes le conocieron. Sus compañeros de tertulia, en particular, guardan el testimonio perdurable de un maestro entrañable que dedicó su vida a enriquecer el pensamiento y las bellas artes.
Justa valoración y consagración narrativa deIdolatría
Ante el legado indiscutible de su obra, impera la necesidad de realizar una apreciación rigurosa de su producción literaria en toda su dimensión. Su trayectoria consolidó un pilar fundamental para el panorama cultural dominicano, sostenido por una vocación de servicio e intelectualidad excepcionales.
Durante su gestión como secretario general del Movimiento Cultural Universitario (MCU), se convirtió en una figura clave para la divulgación de la cinematografía nacional e impulsó las bases del cine independiente en el país. Esta pasión por el séptimo arte permitió abrir caminos creativos e institucionales indispensables para las nuevas generaciones de realizadores.
Destacó además como un gestor incansable de talleres literarios, grupos de teatro y espacios de debate que formaron a grandes referentes de las letras y la comunicación. De forma paralela, trascendió como autor de obras emblemáticas donde confluyen con maestría el rigor histórico, la fina literatura y la memoria colectiva de su pueblo.

Su vasta producción narrativa encuentra un hito cumbre en la novelaIdolatría, obra fundamental que consagra definitivamente su genio creador. Este texto insigne reclama, por la profundidad de su prosa, su riqueza estilística y su refinada estructura formal, un lugar de indiscutible honor dentro del patrimonio literario nacional.
La trascendencia de esta pieza ha sido ampliamente ponderada por la crítica especializada. Al respecto, el reputado periodista Juan Manuel García —exdirector deEl Siglo— afirma queIdolatríaconsagra de manera definitiva a Jimmy Sierra como una figura imprescindible de las letras nacionales, por lo que considera obligada su inclusión en cualquier antología sobre la evolución narrativa dominicana.
Más allá de sus páginas, su recuerdo perdura gracias a un talento analítico que le permitió abordar las más diversas manifestaciones humanas con maestría, dejando un legado indeleble de erudición, sensibilidad estética y compromiso con la cultura del país.












