Cennect with us

Opiniones

A rajatabla: Tongolele y el planeta USA

Publicado

en

Orion Mejia

Por Orión Mejía.-

Si antes o después de las elecciones de 2028, República Dominicana pierde su condición de referente en América Latina de una democracia política con estabilidad macroeconómica y crecimiento económico, la culpa sería de la Casa Blanca, pero el lastre histórico recaería sobre el actual liderazgo político, económico y social de la nación.

No creo que Washington aplique acetileno contra ninguno los candidatos que se avizora competirán en los próximos comicios, porque no representarían peligro evidente contra la estrategia geopolítica que promueve en el continente, pero también porque no conviene lastrar una de las democracias más sólidas de la región.

En más de 30 años, el liderazgo político nacional ha girado como leal satélite en torno al planeta USA, con alguna conveniente maniobra orbital, como restablecer nexos con Cuba, ingresar al Acuerdo Petrocaribe, establecer relaciones diplomáticas y comerciales con China o enviar tropas a combatir en Irán.

Desde 1996 la economía dominicana ha crecido en promedio alrededor de un 5%, tiempo durante el cual han desfilado por la Casa Blanca Bill Clinton (D), George Bush (R9), Barak Obama (D) Donald Trump (R) y Joe Biden (D), con el retorno hoy de Trump, y a pesar de las crisis bancaria de 2003, inmobiliaria en 2007 y la pandemia, en 2020.

Ninguno de los estadistas que han dirigido a la nación durante ese período podrían atribuirse por sí solo la consolidación democrática o del crecimiento del PIB, que el 2003 cayó a -1.28% y en el 2020 a -6.7%, pero cada cual tiene derecho a medir su grado de participación en la construcción de la democracia.

La embajadora de Estados Unidos, Leah Francis Campos, ha ejercido esas delicadas funciones de manera muy profesional, con acercamiento o contacto con la diversidad del liderazgo nacional, sin poses de procónsul, aunque, promueve la política exterior de su gobierno, por lo que se presume que sus informes al Departamento de Estado están tintado de objetividad.

Cuatro de los cinco partidos que han gobernado al país durante las últimas seis décadas brotaron de la semilla democrática que sembraron Juan Bosch y Cotubanama Dipp, en La Habana, Cuba, en 1937, cuyos troncos y ramas resistieron muchos huracanes políticos y sociales, incluidos una tiranía sin ejemplo, un golpe de Estado, y una intervención militar foránea. Durante ese período se forjó como el acero la democracia que hoy tenemos.

Los intereses de Estados Unidos en el continente se resumen en combate o control contra el narcotráfico, terrorismo, corrupción, lavado de dinero, freno a la migración y freno a la inversión o expansión de China, puntos coincidentes con la política exterior dominicana.

Incurren en penoso error algunos aspirantes presidenciales que bailan como tongolele (Yolanda Montes) en la creencia de que atraerían el interés de Trump ante sus exacerbadas lisonjas, sin darse cuenta que la Casa Blanca necesita usar aquí su dedo índice, porque la democracia dominicana de ganó el derecho de girar en tono al planeta USA con propia maniobra orbital.

(Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no reflejan necesariamente la postura de Últimas Noticias).