Opiniones
La generación que vio el costo del éxito y decidió no repetirlo

Entre crisis económicas, IA y cambios culturales, la Gen Z impulsa un nuevo paradigma laboral, político y educativo.
Por J. Luis Rojas
([email protected])
Desde la perspectiva de la realidad virtual y los entornos inmersivos, la Generación Z —cohorte de personas nacidas aproximadamente entre 1997 y 2012— se reconoce como la primera generación plenamente nativa digital. Su identidad, aprendizaje y socialización se desarrollan en un ecosistema donde lo físico, lo digital y lo virtual se entrelazan de manera continua. Esta generación crece en un entorno híbrido, en el que las experiencias presenciales conviven con plataformas digitales, mundos virtuales y espacios inmersivos que moldean su forma de comprender el mundo, interactuar con otros y proyectar su futuro.
Durante décadas, el éxito profesional se entendió como una ecuación rígida: ascender, mantenerse y acumular logros visibles. Sin embargo, la Generación Z ha decidido romper esa fórmula. Los hallazgos de la Encuesta Global 2025 revelan una generación que no solo cuestiona el modelo tradicional, sino que exige uno nuevo, más humano, flexible y honesto. En esa misma línea, la estratega en ventas Tannia Padilla sintetiza el espíritu de esta época con una frase que se ha vuelto emblemática: la Gen Z no quiere “llegar arriba”, quiere llegar a sí misma.
Esta afirmación, lejos de ser un eslogan, se confirma con datos contundentes. Apenas el 6% de los jóvenes encuestados aspira a ocupar un puesto de liderazgo tradicional. No es falta de ambición; es una redefinición del concepto. Para ellos, el éxito no se mide por la altura del cargo, sino por la coherencia entre lo que hacen, lo que sienten y lo que desean construir.
Dinero, propósito y bienestar: la nueva ecuación del trabajo
La encuesta identifica tres pilares que guían sus decisiones profesionales: dinero, propósito y bienestar. No se trata de una contradicción, sino de una ecuación integral. La Gen Z exige salarios competitivos porque ha crecido en medio de crisis económicas, inflación y precariedad. Pero también demanda trabajos que tengan sentido y que no sacrifiquen su salud mental.
Padilla lo resume con precisión: esta generación no busca “el trabajo de su vida”, sino un trabajo que no les quite la vida. Esa frase, tan simple como contundente, marca el giro cultural más importante de los últimos años.
La Gen Z no está dispuesta a repetir el modelo de sacrificio que caracterizó a generaciones anteriores. Su visión del trabajo es más equilibrada, consciente y orientada a la calidad de vida. Y esto, lejos de ser un capricho, es una respuesta racional a un mundo laboral que ha demostrado sus límites.
La reflexión de Tannia Padilla en Instagram
Como señala Padilla en una reflexión publicada en su cuenta de Instagram, “la Generación Z no está renunciando al éxito; está renunciando a la versión del éxito que destruyó a sus padres”. Su planteamiento parte de una observación contundente: durante décadas se enseñó que el éxito seguía una fórmula lineal —estudiar, conseguir un buen empleo, trabajar más que todos, ascender, comprar una casa y, eventualmente, tener tiempo para vivir—. Sin embargo, esta generación creció viendo las consecuencias reales de ese modelo.
Padilla explica que la Gen Z fue testigo de padres que entregaron treinta años de su vida a una empresa para ser despedidos en una videollamada de diez minutos; personas que sacrificaron su salud por un ascenso y descubrieron que el dinero nunca devuelve el tiempo perdido; matrimonios fracturados por la presión laboral; padres que llegaban demasiado cansados para jugar con sus hijos; y adultos que esperaron la jubilación para empezar a vivir, solo para descubrir que ya no tenían energía para hacerlo. No escucharon que el éxito tenía un precio: vieron quién lo pagó. Y ahí, afirma Padilla, “cambió todo”.
Por eso, cuando muchos aseguran que la Generación Z “perdió la ambición”, ella sostiene que lo que realmente perdió fue la fe en una promesa: la idea de que sacrificar la vida hoy garantiza una vida mejor mañana. Durante más de cien años, el éxito se midió por tres indicadores —más dinero, más cargos y más horas de trabajo—. Hoy, para millones de jóvenes, el éxito comienza a medirse de otra forma: más libertad, más tiempo y más control sobre su propia vida.
Este cambio explica por qué tantos jóvenes prefieren emprender, trabajar de manera independiente o incluso rechazar ascensos que comprometan su bienestar. No están rechazando el esfuerzo; están rechazando un modelo de éxito que ya no consideran una buena inversión.
Padilla advierte que esta transformación no solo cambia a las personas, sino también al mercado. Las empresas que continúan vendiendo el éxito como sinónimo de sacrificio empiezan a parecer organizaciones del pasado. Cuando una sociedad redefine lo que entiende por éxito, también redefine a quién admira, a quién sigue y a quién le compra. El error de muchos negocios, señala, es seguir intentando venderle a una sociedad que ya no piensa como hace veinte años.
El éxito no desapareció; desapareció la antigua definición de éxito. Y las marcas —y también las instituciones— que comprendan este cambio serán las que construyan el posicionamiento más sólido en la próxima década.
La inteligencia artificial como catalizador del cambio
La inteligencia artificial generativa ocupa un lugar central en las expectativas de la Generación X. El 74% anticipa que transformará su forma de trabajar en el próximo año. Lejos de temerle, la ven como una herramienta que puede liberar tiempo, automatizar tareas y permitirles enfocarse en lo que realmente importa: aprender, crear, conectar.
Pero también reconocen que la IA exige una nueva combinación de habilidades. Quieren formación técnica, sí, pero valoran aún más las habilidades blandas: empatía, comunicación, liderazgo humano. La tecnología, paradójicamente, ha reforzado la necesidad de humanidad.
La crisis del liderazgo tradicional
Otro hallazgo revelador es la percepción de que muchos gerentes fallan en áreas clave del desarrollo profesional. La Gen Z no quiere jefes; quiere mentores. No busca supervisión; busca acompañamiento. No espera órdenes; espera orientación.
Este cambio obliga a las empresas e instituciones a replantear sus modelos de liderazgo. La autoridad vertical ya no funciona. La influencia horizontal, basada en confianza, escucha y colaboración, es la nueva moneda de valor. La Gen Z no rechaza la estructura; rechaza la rigidez. No rechaza la autoridad; rechaza la imposición.
Una ambición distinta, pero no menor
La narrativa de que la Gen Z es “poco comprometida” o “poco ambiciosa” se derrumba frente a los datos. Son ambiciosos, pero su ambición es multidimensional. No quieren subir una escalera; quieren construir un camino. No buscan un título; buscan una vida equilibrada. No desean un puesto; desean un proyecto.
Como señala Padilla, esta generación aspira a vivir bien, no solo trabajar bien. Y esa aspiración, lejos de ser ingenua, es profundamente estratégica: una persona equilibrada produce más, innova más y permanece más tiempo en una organización que respeta su bienestar.
Una generación que reconfigura los ecosistemas sociales
La Generación Z no solo transforma el mundo laboral; está reconfigurando los ecosistemas laboral, político y educativo con igual intensidad.
En el ámbito laboral, su insistencia en la flexibilidad, la salud mental y el propósito obliga a las organizaciones a modernizar sus estructuras, revisar sus modelos de liderazgo y replantear la experiencia del empleado. Su rechazo al trabajo como sacrificio redefine la cultura corporativa y acelera la transición hacia entornos más humanos y sostenibles.
En el ecosistema político, la Gen Z introduce una lógica distinta: menos lealtad partidaria y más exigencia de resultados tangibles. Valoran la transparencia, la coherencia y la acción concreta. No se movilizan por discursos, sino por causas. Su participación es más digital, más crítica y orientada a la vigilancia ciudadana que a la militancia tradicional. Esto presiona a los gobiernos a ser más ágiles, comunicativos y responsables.
En el ámbito educativo, su visión del aprendizaje como proceso continuo y flexible desafía los modelos rígidos de enseñanza. Exigen metodologías activas, integración tecnológica, formación en habilidades blandas y rutas de aprendizaje personalizadas. La educación ya no es un evento, sino un ecosistema vivo que debe adaptarse a un mundo en constante cambio.
Dicho en otras palabras, la Generación Z no está rechazando el trabajo, la política ni la educación; está rechazando los modelos que ya no funcionan. Su visión del éxito no es una amenaza para las instituciones, sino una oportunidad para modernizarlas. En un mundo acelerado por la IA, la incertidumbre económica y la transformación cultural, esta generación recuerda algo esencial: el trabajo debe ser un medio para vivir, la política un instrumento para mejorar la vida colectiva y la educación un puente hacia la reinvención permanente.
Par la Gen Z el éxito no es un sacrificio
La Generación Z ha entendido algo que sus padres no pudieron cuestionar: que el éxito no puede construirse sobre la renuncia permanente a la vida. Mientras las generaciones anteriores crecieron bajo la lógica del sacrificio —trabajar más, dormir menos, resistir siempre—, esta generación decidió que la vida no se posterga. Para ellos, el éxito no es un destino al final de una carrera agotadora, sino una práctica cotidiana que se mide en bienestar, libertad y autenticidad. No buscan demostrar que pueden soportarlo todo; buscan demostrar que pueden vivir mejor.
Y en esa búsqueda, la Gen Z está reescribiendo la historia laboral de sus familias. Si sus padres trabajaron para sobrevivir, ellos trabajan para vivir. Si sus padres aceptaron el cansancio como parte del progreso, ellos lo ven como una señal de alerta. Si sus padres soñaron con descansar al final, ellos quieren descansar durante el camino. Esta generación no está rompiendo la tradición del trabajo: está honrando el esfuerzo de sus padres al negarse a repetir el dolor que ellos cargaron. Su visión del éxito es, en esencia, un acto de reparación histórica.
(Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no reflejan necesariamente la postura de Últimas Noticias).












