Opiniones
Ambición y deshumanización: el espejo incómodo de una familia en crisis

La familia como escenario de disputa en tiempos de idolatría material.
Por J. Luis Rojas
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Netflix, compañía estadounidense de entretenimiento y tecnología fundada en 1997, inició sus operaciones como un servicio de alquiler de DVD por correo. Con el tiempo, evolucionó hasta convertirse en la plataforma de streaming más influyente del mundo, gracias a la amplitud y diversidad de su producción original, que compite directamente con los estudios tradicionales, las cadenas de televisión y otras plataformas digitales.
Esta expansión ha transformado de manera decisiva los hábitos de consumo y los criterios de elección de las audiencias globales. En este contexto, resulta especialmente relevante analizar la película Cómo ganar millones antes de que muera la abuela, una producción de la CNN Indonesia que, pese a su origen regional, forma parte del portafolio internacional de Netflix y evidencia la estrategia de la plataforma por integrar narrativas locales en su oferta global.
El mensaje central
Cómo ganar millones antes de que muera la abuela es una comedia negra que narra la historia de una familia disfuncional que, al enterarse de que la abuela posee una considerable fortuna, comienza a disputarse su herencia antes de que la anciana fallezca. La trama, construida a partir de situaciones absurdas y tensiones familiares, revela hasta qué punto los personajes están dispuestos a sacrificar principios éticos y afectivos con tal de obtener dinero fácil.
El mensaje central es inequívoco: la ambición desmedida destruye los vínculos familiares y corroe la esencia de la convivencia humana. La película expone cómo la búsqueda desesperada de riqueza puede convertir a las personas en agentes de su propia descomposición moral. Como advierte Erich Fromm, “la sociedad moderna ha sustituido el ser por el tener”, y esta producción lo ilustra con precisión.
Descomposición social y deterioro de los valores familiares
La película retrata con crudeza cómo la descomposición social se infiltra en el núcleo familiar. Los personajes muestran pérdida del respeto hacia los mayores, desaparición de la solidaridad, normalización del engaño y desvalorización del afecto. La familia deja de ser un espacio de protección y se convierte en un escenario de disputa donde cada uno lucha por sus propios intereses.
Este deterioro no surge de manera espontánea; es el resultado de presiones sociales que privilegian y reconocen el éxito material por encima de la ética, la empatía y la responsabilidad afectiva. Como señala Zygmunt Bauman, “la modernidad líquida disuelve los vínculos antes de que puedan consolidarse”, y la película lo confirma en cada escena.
Ambición juvenil y pérdida de solidaridad
Uno de los elementos más relevantes es cómo la película refleja la tendencia de muchos jóvenes a buscar riqueza sin esfuerzo, impulsados por la frustración ante sistemas económicos que no garantizan movilidad social y por modelos aspiracionales superficiales difundidos por redes sociales. Byung-Chul Han lo resume con claridad: “la sociedad del rendimiento empuja al individuo a la autoexplotación”.
La solidaridad, valor fundamental para la cohesión social, se debilita frente a la lógica individualista. El “sálvese quien pueda” se ha convertido en una norma cultural que afecta la convivencia y debilita los lazos comunitarios. La película muestra cómo, en ausencia de solidaridad, las personas se vuelven más vulnerables y propensas a actuar desde la desesperación.
Un espejo para la realidad dominicana
Aunque la película es indonesia, su mensaje es universal y perfectamente aplicable a la realidad dominicana. En el país, la descomposición social y familiar se manifiesta en conflictos por herencias, jóvenes atrapados entre la precariedad y la tentación del dinero fácil, y un debilitamiento progresivo de los valores comunitarios que históricamente caracterizaron nuestras comunidades.
La cultura del “tigreaje”, la búsqueda de beneficios sin esfuerzo y la obsesión por el estatus material han permeado amplios sectores sociales. La producción permite reflexionar sobre cómo la sociedad dominicana enfrenta desafíos similares: la presión económica, la desigualdad, la pérdida de referentes éticos y la creciente tendencia a valorar más lo material que los vínculos afectivos.
Oriente y Occidente frente a la erosión de los valores
La película también permite observar un fenómeno global que trasciende su contexto indonesio: la tensión entre tradición y modernidad que hoy atraviesa a muchas sociedades del Oriente. En estos países, los valores, costumbres y tradiciones han sido históricamente pilares de cohesión social. El respeto a los mayores, la centralidad de la familia, la disciplina comunitaria y la espiritualidad han moldeado culturas donde la identidad se transmite como un legado moral. Estos elementos han funcionado como mecanismos de estabilidad emocional y ética, capaces de sostener la vida colectiva incluso en tiempos de crisis.
Sin embargo, la expansión del capitalismo global ha comenzado a erosionar estos intangibles. La presión por la productividad, la competencia extrema y la obsesión por el éxito material introducen dinámicas que chocan con la tradición. La solidaridad se debilita, la vida familiar se fragmenta y el sentido comunitario se desplaza por el individualismo. En el Oriente, esta tensión es más visible porque el capitalismo no solo transforma la economía, sino también la forma en que las personas se relacionan entre sí, afectando prácticas culturales milenarias.
En el Occidente, el impacto ha sido aún más acelerado. Sociedades como Estados Unidos, Europa y gran parte de América Latina han experimentado una transformación donde el consumo, la competencia y la acumulación se han convertido en indicadores centrales de éxito personal. La vida comunitaria se ha debilitado, la familia se ha fragmentado y la solidaridad se ha vuelto un valor residual frente al avance del individualismo. El deterioro moral que hoy se observa en el Oriente es, en realidad, un reflejo de un proceso que en el Occidente lleva décadas consolidándose.
La diferencia es que, mientras en el Oriente el capitalismo destruye tradiciones milenarias, en el Occidente ha sustituido casi por completo los valores colectivos por una cultura centrada en el rendimiento, la velocidad y la competencia. El resultado es similar: sociedades más solitarias, más frágiles, más deshumanizadas y desconectadas de aquello que da sentido humano a la convivencia. Esta convergencia entre Oriente y Occidente confirma que la descomposición moral es un fenómeno global, y que la película —desde su humor negro— funciona como un espejo que revela la fragilidad ética de la humanidad contemporánea
Una advertencia moral para la humanidad
Cómo ganar millones antes de que muera la abuela no es solo una producción audiovisual; es un espejo incómodo que revela la fragilidad moral de las sociedades. Su vigencia radica en que denuncia la idolatría contemporánea hacia el dinero y expone la erosión de los valores familiares en un mundo cada vez más individualista.
La película nos recuerda que amar más lo material que a los seres queridos es una ruta segura hacia la deshumanización. En tiempos donde la ambición desmedida se celebra y la solidaridad se diluye, esta producción funciona como una advertencia moral que trasciende fronteras y culturas.
La utilidad de esta película es evidente: obliga a detenerse, observar y preguntarse qué tipo de sociedad se está construyendo. Si la República Dominicana —y el mundo— aspiran a recuperar la cohesión perdida, deberán comenzar por rescatar los valores que sostienen la vida en común: el respeto, la solidaridad, la empatía y el amor genuino por los seres queridos.
Cómo ganar millones antes de que muera la abuela es, sin duda, una obra cinematográfica extraordinaria que toca fibras sensibles y expone con crudeza las tensiones morales de nuestro tiempo. Por la profundidad de sus mensajes y la claridad con que retrata la fragilidad de los vínculos humanos, esta película merece ser vista, analizada y debatida desde una perspectiva social y familiar. Su valor no radica únicamente en la calidad de su narrativa, sino en la capacidad de interpelar a las sociedades contemporáneas y recordar que, cuando el dinero se convierte en el centro de la vida, todo lo demás —incluyendo la dignidad, la solidaridad, la compasión, el aprecio y el afecto— corre el riesgo de desmoronarse.












