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Oriana Fallaci fue la periodista que convirtió la libertad en un deber

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Por Víctor Manuel Grimaldi Céspedes.-

El 29 de junio de 1929 nació en Florencia una de las figuras más extraordinarias y controvertidas del periodismo europeo del siglo XX: Oriana Fallaci.

Escritora, reportera de guerra, entrevistadora de jefes de Estado, novelista y polemista incansable, Fallaci hizo de la libertad el eje de toda su existencia.

Una frase atribuida a ella resume buena parte de su pensamiento: «La libertà è un dovere, prima che un diritto».

La libertad, sostenía, no es solamente un derecho que debe reclamarse; es, antes que nada, una responsabilidad que exige coraje, independencia y disposición para asumir sus consecuencias.

Su vida estuvo marcada desde la infancia por el compromiso con la libertad.

Nació en una familia profundamente antifascista.

Su padre, Edoardo Fallaci, participó activamente en la resistencia contra el régimen de Mussolini y la joven Oriana, siendo apenas una adolescente, sirvió como mensajera de la Resistencia italiana durante la ocupación nazi.

Aquellos años de guerra dejaron una huella indeleble en su carácter y explican, en gran medida, la fuerza moral con la que más tarde enfrentaría dictaduras, guerras y poderosos de todas las tendencias ideológicas.

Terminada la Segunda Guerra Mundial inició estudios universitarios, primero en Medicina y luego en Letras, pero muy pronto comprendió que su verdadera vocación era el periodismo.

Comenzó escribiendo crónicas paraIl Mattino dell’Italia Centraley, en 1951, ingresó en el prestigioso semanarioL’Europeo, donde desarrolló la carrera que la convertiría en una referencia mundial.

Desde allí comenzó a recorrer el planeta con una máquina de escribir, una cámara fotográfica y una voluntad inquebrantable de mirar la realidad sin intermediarios ni complacencias.

La imagen de Oriana Fallaci con casco militar en Vietnam se convirtió en uno de los grandes símbolos del periodismo del siglo XX.

En 1967 llegó por primera vez al frente vietnamita como corresponsal de guerra y regresó allí en doce ocasiones durante los siete años siguientes.

Mientras muchos cronistas describían únicamente las operaciones militares, ella se concentró en el sufrimiento de los soldados, de las mujeres y de los niños atrapados por una guerra que parecía no tener fin.

De aquella experiencia nació “Niente e così sia”, considerado uno de los testimonios más profundos jamás escritos sobre la guerra de Vietnam.

Su carrera internacional la llevó a cubrir algunos de los acontecimientos más importantes del siglo XX.

Fue testigo del asesinato de Martin Luther King Jr.; informó sobre la llegada del hombre a la Luna; recorrió el Medio Oriente, la India, Pakistán, América Latina y los principales escenarios de la Guerra Fría.

También estuvo presente durante la masacre de Tlatelolco en México en 1968, donde resultó herida por disparos mientras cubría la represión contra estudiantes.

En todos esos episodios su periodismo mantuvo una constante: narrar la historia desde el lugar de los hechos y desde la perspectiva de las personas que sufrían las consecuencias de las decisiones del poder.

Si sus reportajes la hicieron famosa, fueron sus entrevistas las que la convirtieron en una leyenda.

Ningún dirigente político podía sentirse cómodo frente a ella.

Entrevistó a Henry Kissinger, Yasser Arafat, Indira Gandhi, Muammar Gheddafi, Ayatollah Ruhollah Khomeini, Golda Meir, Haile Selassie y a muchos otros protagonistas de la política mundial.

Preparaba cada conversación durante meses, estudiando minuciosamente la biografía, las contradicciones y las decisiones de sus entrevistados.

Su objetivo no era obtener declaraciones fáciles, sino descubrir la personalidad y las motivaciones de quienes ejercían el poder.

Una de las relaciones que marcó profundamente su vida fue la que sostuvo con Alexandros Panagulis.

Conviene precisar que Panagulis no fue simplemente un periodista, como a veces se afirma, sino uno de los grandes símbolos de la resistencia contra la dictadura militar griega.

Ingeniero, poeta y militante democrático, fue arrestado después de intentar asesinar al dictador Georgios Papadopoulos, sufrió brutales torturas y fue condenado a muerte antes de que la presión internacional lograra salvarle la vida.

Tras la restauración democrática ingresó al Parlamento griego y murió en 1976 en un accidente automovilístico que Oriana Fallaci siempre sostuvo que había sido provocado.

Aquella historia de amor inspiró uno de sus libros más intensos, “Un uomo”, considerado por muchos críticos como su obra más lograda.

En torno a “Lettera a un bambino mai nato” se ha tejido durante décadas una intensa discusión.

Diversos biógrafos sostienen que la novela pudo inspirarse en una experiencia personal de la autora relacionada con un embarazo interrumpido durante su relación con Panagulis.

Sin embargo, la propia Fallaci nunca confirmó de manera definitiva esa interpretación.

Por ello, la prudencia histórica obliga a distinguir entre las hipótesis biográficas y los hechos plenamente documentados.

A lo largo de toda su carrera, Oriana Fallaci defendió con pasión la dignidad humana y la libertad de las mujeres.

Desde comienzos de la década de 1960 denunció la discriminación femenina en numerosos países y cuestionó las estructuras patriarcales mucho antes de que esos debates alcanzaran la amplitud que poseen hoy.

Nunca aceptó ser clasificada dentro de una corriente ideológica específica.

Prefería definirse como una mujer profundamente independiente, rebelde frente a cualquier imposición y dispuesta a enfrentarse tanto a los gobiernos como a los propios ambientes intelectuales cuando consideraba que la verdad estaba siendo sacrificada por conveniencias políticas.

Los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 marcaron un giro decisivo en su producción intelectual.

Después de años de silencio publicó “La rabbia e l’orgoglio” y posteriormente “La forza della ragione”.

En esas obras denunció el extremismo islamista y cuestionó, con un lenguaje deliberadamente provocador, lo que consideraba la pasividad cultural de Europa frente al fanatismo religioso.

Sus posiciones provocaron un intenso debate internacional.

Para muchos representaban una defensa apasionada de los valores democráticos occidentales; para otros contenían afirmaciones excesivas y generalizaciones que alimentaban prejuicios contra el islam.

Esa controversia continúa viva hasta nuestros días y forma parte inseparable de su legado intelectual.

No obstante, reducir a Oriana Fallaci únicamente a esa última etapa sería desconocer la amplitud de una trayectoria excepcional.

Antes de convertirse en una figura polémica ya había revolucionado el periodismo narrativo, abierto camino para generaciones de mujeres reporteras y demostrado que una entrevista podía convertirse en una verdadera investigación histórica.

Sus libros han vendido millones de ejemplares y siguen siendo objeto de estudio en escuelas de periodismo de numerosos países.

Falleció en Firenze el 15 de septiembre de 2006, víctima de un cáncer pulmonar tras décadas de tabaquismo.

Con su muerte desapareció una de las voces más singulares del periodismo europeo, pero no terminó el debate sobre su pensamiento.

Su legado continúa generando admiración, críticas y nuevas interpretaciones porque pocas figuras del siglo XX vivieron con tanta intensidad la búsqueda de la verdad y la defensa de la libertad.

La imagen de aquella mujer con casco militar en Vietnam, escribiendo entre explosiones y humo, permanece como una de las fotografías más emblemáticas del periodismo contemporáneo.

Simboliza una manera de ejercer la profesión en la que el reportero no observa la historia desde la comodidad de un despacho, sino desde el lugar mismo donde los acontecimientos cambian el destino de los pueblos.

Quizá por eso la frase que se le atribuye sigue conservando una fuerza extraordinaria: “la libertad es, antes que un derecho, un deber”.

Un deber que Oriana Fallaci procuró ejercer durante toda su vida con una coherencia, un coraje y una independencia que continúan inspirando, provocando y desafiando a periodistas, escritores y lectores de todo el mundo.

(Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no reflejan necesariamente la postura de Últimas Noticias).