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Opiniones

El próximo desastre ya viene por la autopista

Publicado

en

Leonardo Gil

Por Leonardo Gil
(Politólogo y consultor en comunicación política,
gobernanza y comunicación de gobierno)


La semana pasada analizamos la tragedia nacional que representan las motocicletas en la República Dominicana. Las cifras son conocidas: miles de muertos, miles de heridos y miles de familias destruidas.

Pero sería un error pensar que el problema termina ahí.

Mientras la opinión pública observa con preocupación el caos generado por las motocicletas, otro peligro continúa desplazándose silenciosamente por nuestras carreteras: los vehículos pesados y una parte importante del transporte público.

Camiones, patanas, volteos, remolques, autobuses y voladoras recorren diariamente las vías del país transportando mercancías y pasajeros. Son esenciales para la economía y la movilidad nacional. Sin embargo, cuando operan en condiciones deficientes, pueden convertirse en una amenaza para todos.

Todos hemos visto escenas que deberían ser inaceptables: camiones circulando de noche sin luces traseras y a veces ni delanteras, neumáticos visiblemente deteriorados, vehículos de carga con sobrepeso, autobuses realizando maniobras temerarias y conductores sometidos a jornadas agotadoras.

La pregunta es inevitable: ¿cómo llegan estas unidades a las carreteras en esas condiciones?

En cualquier país que tome en serio la seguridad vial, los vehículos pesados están sometidos a controles rigurosos. La razón es simple: no estamos hablando de automóviles convencionales. Estamos hablando de máquinas capaces de transportar decenas de toneladas a velocidades que pueden convertir una falla mecánica en una tragedia colectiva.

Un neumático que explota. Un sistema de frenos que falla. Una carga mal asegurada. Un conductor agotado. Cualquiera de estos factores puede desencadenar un desastre.

Particularmente preocupante es el tema de la fatiga. Pocas veces se habla de las condiciones humanas de quienes pasan largas horas detrás del volante. La fatiga reduce la concentración, disminuye la capacidad de reacción y afecta la toma de decisiones. Ningún sistema de transporte puede ser seguro si los conductores trabajan jornadas incompatibles con la seguridad vial.

El transporte público tampoco puede quedar fuera de esta discusión. La inmensa mayoría de los choferes cumple su labor con responsabilidad, pero basta una minoría irresponsable para poner en peligro cientos de vidas. Exceso de velocidad, competencia por pasajeros, mantenimiento insuficiente e incumplimiento de normas básicas de seguridad siguen siendo problemas recurrentes.

La verdadera pregunta no es si conocemos el problema. Lo conocemos perfectamente. La verdadera pregunta es por qué seguimos tolerándolo.

La República Dominicana necesita una política permanente de fiscalización para vehículos pesados y transporte público. Inspecciones técnicas rigurosas, controles de peso obligatorios, supervisión efectiva de frenos, neumáticos y sistemas de iluminación, así como control de las horas de conducción y sanciones reales para los reincidentes.

La semana pasada hablamos de las motocicletas. Hoy hablamos de los vehículos pesados y del transporte público. Mañana podríamos hablar de cualquier otro componente del sistema vial.

Pero todas esas conversaciones terminan conduciendo al mismo lugar: no tenemos una crisis de motocicletas ni una crisis de camiones. Tenemos una crisis de cumplimiento de la ley.

Y mientras no tengamos el valor de reconocerlo y enfrentarlo, seguiremos contando muertos cuando deberíamos estar salvando vidas.

(Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no reflejan necesariamente la postura de Últimas Noticias).