Opiniones
República Dominicana está sangrando… y no podemos seguir mirando hacia otro lado

Por Elida Almonte.-
NUEVA YORK.- Hay un silencio que duele más que los titulares.
Es el silencio que queda en una casa después de un feminicidio.
La silla vacía.
Los hijos preguntando por su madre.
Una familia destruida para siempre.
República Dominicana no solo está perdiendo mujeres.
Está perdiendo parte de su alma.
Los recientes feminicidios ocurridos en el país han vuelto a estremecer la conciencia nacional. Mujeres jóvenes, madres, hijas, profesionales, seres humanos llenos de sueños, han sido asesinadas presuntamente por hombres que un día dijeron “amarles”.
Y mientras los números aumentan, también aumenta algo más peligroso: la costumbre.
Nos estamos acostumbrando al horror.
Nos estamos acostumbrando a abrir las redes y encontrar otra mujer asesinada como si fuera una noticia más.
Pero ninguna muerte debe normalizarse.
Detrás de cada feminicidio hay señales ignoradas, gritos silenciados, miedo, amenazas, control y una sociedad que muchas veces llega demasiado tarde.
Según estadísticas recientes, decenas de mujeres han sido asesinadas en República Dominicana en lo que va de año. Muchas habían denunciado violencia previamente. Otras vivían atrapadas en relaciones marcadas por el miedo y la dependencia emocional.
¿Cuántas más deben morir para reaccionar?
¿Cuántos niños más deben quedar huérfanos?
¿Cuántas madres más deben enterrar a sus hijas?
El feminicidio no empieza el día del crimen.
Empieza cuando se normaliza el maltrato.
Cuando se romantizan los celos.
Cuando el control se confunde con amor.
Cuando el silencio pesa más que la empatía.
Hoy el país necesita mucho más que indignación momentánea.
Necesita educación emocional.
Necesita justicia rápida.
Necesita protección real para las víctimas.
Necesita salud mental, prevención y responsabilidad colectiva.
Pero sobre todo, necesita volver a valorar la vida humana.
Porque ninguna mujer debería sentir miedo de volver a casa.
Porque amar jamás puede significar destruir.
Porque ninguna sociedad puede llamarse sana mientras sus mujeres siguen muriendo.
República Dominicana tiene que despertar.
No mañana. Ahora.
Que la sangre no siga corriendo.
Que el dolor no siga convirtiéndose en costumbre.
Que la próxima víctima no tenga que convertirse en tendencia para que reaccionemos.
Ni una menos.
Vivas las queremos.
(Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no reflejan necesariamente la postura de Últimas Noticias).












