Opiniones
Cuando un país le dice a sus envejecientes: “Ya ustedes no califican”

Por Elida Almonte.-
NUEVA YORK.- En República Dominicana, miles de hombres y mujeres han pasado toda una vida trabajando, criando hijos, sobreviviendo crisis económicas, emigrando, enviando remesas y sosteniendo familias enteras dentro y fuera del país.
Muchos envejecieron trabajando.
Y hoy, cuando finalmente intentan acceder a una vivienda digna, descubren que el propio Estado les responde, mediante el Formulario de Solicitud del Plan Nacional de Viviendas Familia Feliz: “El titular de la solicitud no debe tener más de 55 años de edad.”
La frase parece administrativa.
Pero el mensaje humano es mucho más duro:
“Si envejeciste sin casa, el sistema ya no piensa en ti.”
El fracaso no es de la gente. Es del modelo.
Porque la gran pregunta es:
¿Por qué miles de dominicanos llegan a los 56, 60 o 70 años sin vivienda propia?
¿Fue falta de trabajo?
¿Falta de sacrificio?
¿O fue el resultado de salarios insuficientes, desigualdad, inflación, exclusión financiera y un sistema donde sobrevivir consume toda la vida?
Hay personas que dedicaron décadas enteras a levantar este país y aun así nunca pudieron alcanzar estabilidad habitacional.
Y ahora, justamente cuando más necesitan seguridad, tranquilidad y dignidad, se encuentran con un límite de edad impuesto por un formulario.
La realidad es alarmante
- Personas de 56, 60 o 65 años aún trabajan
- Muchos nunca tuvieron acceso a financiamiento
- Otros regresan del exterior buscando retirarse dignamente en su tierra
Pero el sistema les responde que ya “no califican”.
La diáspora: útil para enviar remesas, invisible para retirarse
Durante años, la diáspora dominicana ha sido celebrada por su aporte económico.
Se le aplaude cuando manda dinero.
Se le reconoce cuando invierte.
Se le busca cuando hay campañas políticas.
Pero cuando muchos dominicanos del exterior desean regresar a su país para retirarse con dignidad, descubren que tampoco existen programas reales pensados para ellos.
Es como si el país hubiera aprendido a depender de sus sacrificios, pero no a proteger su vejez.
Un país que no piensa en sus envejecientes está hipotecando su humanidad
La vivienda no debería ser vista únicamente como cemento y financiamiento.
La vivienda es estabilidad emocional.
Es descanso.
Es pertenencia.
Es dignidad humana.
Negarle acceso a programas habitacionales a personas mayores no es solo una decisión administrativa.

Es una señal profunda de cómo una sociedad valora —o abandona— a quienes ya entregaron su juventud al trabajo y al país.
La República Dominicana necesita urgentemente:
- Programas especiales de vivienda para adultos mayores
- Un verdadero plan de retiro para la diáspora
- Modelos habitacionales accesibles para envejecientes
- Políticas públicas que entiendan que envejecer no puede convertirse en una condena social
Porque un país verdaderamente desarrollado no se mide solo por los edificios que construye, sino por cómo trata a las personas cuando ya no están en la edad “productiva”.
Y ningún dominicano debería llegar a viejo sintiendo que su propio país ya no tiene espacio para él.
(Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no reflejan necesariamente la postura de Últimas Noticias).












