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Opiniones

Presupuesto para la Luna, deuda con la Tierra

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Por Elida Almonte
(Activista social)

NUEVA YORK.- En política no existen las casualidades.

Existen las prioridades.

Y hoy, la realidad es brutalmente clara: mientras el Artemis program de la NASA avanza con miles de millones de dólares para conquistar la Luna, millones de seres humanos siguen atrapados en una lucha diaria por sobrevivir aquí, en la Tierra.

No estamos hablando de teoría.

Estamos hablando de gente.

Gente que no puede pagar un techo.

Gente que no puede acceder a un sistema de salud digno.

Gente que vive con hambre, con miedo, con incertidumbre.

Niños con condiciones como el autismo sin los recursos necesarios para desarrollarse plenamente.

Adultos mayores olvidados por un sistema que los usó… y luego los descartó.

Y aun así, se nos pide aplaudir el despegue de un cohete.

¿De verdad ese es el progreso que queremos celebrar?

La narrativa oficial insiste en que la exploración espacial es inversión en el futuro. Que traerá innovación, avances científicos, liderazgo global.

Pero hay una verdad que incomoda, que no cabe en los discursos ni en las transmisiones en vivo:

No hay futuro posible cuando el presente está roto.

Invertimos miles de millones buscando vida fuera del planeta, mientras aquí la vida pierde valor.

Hablamos de colonizar otros mundos, mientras comunidades enteras en este mundo no tienen agua potable.

Celebramos tecnología de punta, mientras la salud mental colapsa en silencio y sin atención real.

Esto no es visión.

Esto es evasión.

Porque es más fácil mirar al cielo que enfrentar el fracaso en la Tierra.

Es más cómodo hablar de Marte que resolver el hambre.

Es más rentable políticamente vender esperanza futura que asumir responsabilidades presentes.

No se trata de estar en contra de la ciencia.

Se trata de tener el valor de decir lo que muchos prefieren callar:

Una nación que puede financiar la conquista del espacio, pero no puede garantizar dignidad básica a su gente, no está avanzando… está fallando.

El verdadero liderazgo no se mide en kilómetros recorridos fuera del planeta.

Se mide en la capacidad de cuidar a su gente, de proteger la vida, de garantizar oportunidades reales.

Antes de hablar de nuevas fronteras, resolvamos las que ya existen.

Antes de conquistar la Luna, aprendamos a no abandonar la Tierra.

Antes de invertir en lo desconocido, respondamos por lo urgente.

Porque cada dólar tiene un destino.

Y cada decisión, una consecuencia.

Y hoy, la consecuencia es evidente:

miramos hacia las estrellas… mientras dejamos a demasiados en la oscuridad.

(Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no reflejan necesariamente la postura de Últimas Noticias).