Opiniones
Democracia más allá del voto: la urgencia de reconstruir la confianza pública. Un homenaje a Jürgen Habermas

Por Ernesto Jorge Suncar Morales (*)
En años recientes últimas décadas, América Latina ha sido escenario de un esfuerzo sostenido por consolidar sus sistemas democráticos. Hemos tenido, elecciones periódicas, alternancia en el poder y marcos normativos cada vez más robustos, elementos que, en unos países más que en otros, han sido, sin duda, logros significativos.
Sin embargo, hoy enfrentamos un desafío distinto, más silencioso, pero también más profundo: la erosión de la confianza ciudadana.
Desde mi experiencia, e inspirado en el legado que nos deja el pensamiento de Jürgen Habermas, (1929-2026), se puede apreciar cómo este fenómeno no necesariamente responde a fallas estructurales en los procesos electorales, sino a transformaciones en la manera en que los ciudadanos perciben, interpretan y reaccionan frente a la información pública.
En este contexto, las ideas de Habermas resultan particularmente iluminadoras. Su planteamiento sobre la “esfera pública” y la importancia de la deliberación racional nos ofrece una clave fundamental: la democracia no se sostiene únicamente en instituciones formales, sino en la calidad del diálogo que las rodea.
Mas allá de lo técnico.
A lo largo de distintos procesos electorales recientes en diferentes países de nuestra región, hemos observado los altos estándares técnicos utilizados, y como estos sistemas han sido diseñados para garantizar transparencia y trazabilidad, lo que ha permitido valorarlos a través de diferentes mecanismos de verificación, tales como auditorías, observación nacional e internacional, y poder comprobar que, desde el punto de vista institucional, los procesos han sido sólidos y consistentes.
Sin embargo, en más de una ocasión hemos visto cómo surgen cuestionamientos en espacios públicos, generando dudas que no necesariamente se basan en evidencias, pero que se propagan con rapidez, especialmente en entornos digitales.
Recuerdo particularmente un proceso en el que, tras haber cumplido rigurosamente cada fase técnica, comenzaron a circular narrativas que ponían en duda la integridad del sistema. En cuestión de horas, percepciones aisladas se transformaron en conversaciones amplificadas.
Fue en ese momento cuando comprendimos algo esencial: no basta con tener la razón técnica; es necesario construir legitimidad social en tiempo real.
Esa experiencia nos llevó a replantearnos una pregunta central para cualquier democracia contemporánea, propicia para abrir el debate: ¿es suficiente organizar elecciones correctas, o debemos también asegurar que la ciudadanía las entienda, las valore y confíe en ellas?
Democracia deliberativa en tiempos de incertidumbre.
Habermas, sostiene que la legitimidad democrática no se produce únicamente a través del voto, sino mediante procesos de deliberación en los que los ciudadanos participan en condiciones de igualdad, intercambiando argumentos y construyendo consensos.
Este enfoque, conocido como “democracia deliberativa”. resulta especialmente relevante en una era marcada por la sobreabundancia de información y la aceleración del debate público. Nunca habíamos tenido tanto acceso a datos y opiniones, y, sin embargo, la desconfianza parece expandirse, creándose una contradicción evidente entre como crece la cantidad de información y como decrece la calidad del diálogo.
Desde esta perspectiva, el desafío no es solo institucional, sino profundamente comunicativo. No basta con garantizar elecciones libres y justas; es indispensable asegurar que exista una esfera pública capaz de sostenerlas.
El nuevo rol de las autoridades electorales.
Tradicionalmente, las autoridades electorales han sido concebidas como árbitros técnicos. Esa función sigue siendo esencial, pero hoy resulta insuficiente. La realidad indica que debemos evolucionar hacia un rol más amplio: generar confianza pública.
Esto implica, en primer lugar, repensar la comunicación institucional. No basta con informar; es necesario explicar. Traducir la complejidad técnica a un lenguaje accesible, anticipar dudas y generar espacios donde los ciudadanos puedan interactuar, preguntar y comprender.
En segundo lugar, supone abrir canales de participación más allá del momento electoral. La democracia no puede limitarse al acto de votar cada cierto número de años.
Por lo contrario, debe ser un proceso continuo, en el que la ciudadanía se sienta parte activa, lo que nos lleva a una tercera etapa: tener una actitud proactiva frente a la desinformación. No desde la confrontación, sino desde la transparencia, la consistencia y la presencia pública.
República Dominicana: entre avances y desafíos.
Nuestro continente enfrenta desafíos relacionados con la percepción ciudadana. La confianza ya no depende únicamente de la integridad del proceso, sino de la manera en que ese proceso es comprendido y vivido por la población.
Este fenómeno se manifiesta cuando los ciudadanos comienzan a dudar sistemáticamente de las instituciones, cuando el debate público se reduce a consignas o cuando la información se fragmenta hasta el punto de hacer imposible un terreno común de entendimiento, lo que podría denominarse una erosión silenciosa de la democracia. Habermas advertía sobre este riesgo al señalar cómo la esfera pública puede ser distorsionada por dinámicas que afectan la calidad del diálogo.
Hoy todos tenemos un medio de difusión al alcance de la mano, mediante el uso de las redes sociales, este fenómeno se amplifica muchas veces privilegiando la inmediatez sobre la reflexión.
En ese entorno, la República Dominicana ha logrado consolidar un sistema electoral funcional, con altos niveles de organización y capacidad técnica gracias al desempeño de la Junta Central Electoral, el órgano latinoamericano más longevo con sus 103 años de experiencia, convirtiéndose en un ejemplo de clase mundial.
Frente a este escenario, la respuesta no puede ser el silencio ni la distancia institucional. Debe ser, por el contrario, una mayor apertura y una comunicación más clara, impulsandoiniciativas orientadas a fortalecer la relación con la ciudadanía, realizando ejercicios de simulación electoral abiertos, promoviendo una mayor transparencia en cada fase del proceso.
Por igual, se crean espacios de diálogo con los partidos políticos, segmentos de la población, universidades, organizaciones sociales, comunicadores y se aplican, en la medida de lo posible, las importantes recomendaciones de los observadores electorales, nacionales e internacionales, que aportan, sus experiencias y conocimientos en pro de la utilización de las mejores prácticas.
Hacia una democracia comprendida.
El reto es no solo preservar la democracia, sino profundizarla. Pasar de sistemas que funcionan a sistemas que sean comprendidos, valorados y defendidos por sus ciudadanos. Esto implica reconocer que la legitimidad no es un estado permanente, sino un proceso en construcción. Un proceso que requiere coherencia institucional, pero también cercanía y empatía.
Desde la práctica, hemos aprendido que cada decisión cuenta, pero también cada explicación. Que cada proceso técnico debe ir acompañado de un esfuerzo comunicativo. Y que la confianza, una vez erosionada, es difícil de recuperar.
Conclusiones.
La democracia no enfrenta hoy su desaparición, sino una prueba más compleja: la de su credibilidad. En este contexto, el pensamiento de Jürgen Habermas nos recuerda que la democracia vive en el espacio entre los ciudadanos: en su capacidad de dialogar, de discrepar bajo las normas del respeto mutuo, y de valorar la construcción de acuerdos.
El futuro de la democracia dependerá no solo de la calidad de los procesos electorales, sino de la capacidad para fortalecer ese espacio. La democracia también se construye en el terreno de la comunicación, ya que la fortaleza de una democracia no se mide únicamente en la precisión con que se cuentan los votos, sino en la convicción con que los ciudadanos creen en ellos.
Y esa convicción no se impone: Se construye.
(*) Abogado Electoralista. Miembro Fundador de ADEPE.
Tomado de la revista ‘La Académica”.
(Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no reflejan necesariamente la postura de Últimas Noticias).












